abraham valdelomar
breve historia veraz de un pericote (es)
QUE concreta en la siguiente carta al protagonista. Muy estimado amigo: Anoche, tres de abril de mil novecientos dieciocho, a las nueve y diez —supongo que
chaymanta huayñuy (es)
Donde se explica cómo el amor puede conducir al pecado; cómo la mujer incita al amor; cuánta tragedia existe en dos cuencas vacías y cuán noble es el Dolor
el alfarero (es)
SU frente ancha, su cabellera crecida, sus ojos hondos, su mirada dulce. Una vincha de plata ataba sobre las sienes la rebelde cabellera. Sencillo era su tr
el alma de la quena (es)
EL Inca, en la terraza, vio caer el Sol, en la paz de la tarde, oyendo la misma melodía que escuchara en el camino la víspera. Había hecho detener su comiti
el beso de evans (es)
I 8 de agosto - 12 m. —ALICE… A… li… ce… Los médicos acercan un espejo a sus labios. La soeur coloca en su pecho un pálido Cristo de marfil. El doctor Barce
el buque negro (es)
I NUESTRA casa, en Pisco, era un rincón delicioso: a una cuadra del mar, con una valla de toñuces por oriente, en una plazuela destartalada y salitrosa, des
el caballero carmelo (es)
I UN día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caball
el camino hacia el sol (es)
Se ve al final de esta leyenda señorear sobre las momias sepultas la serenidad; e intervienen en su desarrollo cosas inefables e infinitas: la Fe, el Amor,
el cantor errante (es)
CHASCA avanzaba silenciosamente por el borde de los sembríos. El cielo principiaba a obscurecer. El Sol habíase dormido sobre el mar lejano, y él debía esta
el círculo de la muerte (es)
I HARRY Black es riquísimo. Su cuñado es millonario y le dispensa una gran protección. Harry gasta el dinero de una manera alarmante. Una tarde en Harford C
el hipocampo de oro (es)
I COMO la cabellera de una bruja tenía su copa la palmera que, con las hojas despeinadas por el viento, semejaba un bersaglieri vigilando la casa de la viud
el palacio de hielo (es)
I —¿QUIERES un cuento oriental en el que pasen caravanas de fetiches sedientos, caballeros en arqueados dromedarios hacia espejismos de plata líquida, o pre
el pastor y el rebaño de nieve (es)
I ERA el reinado de Túpac Inca Yupanqui. Ritti-Kimiy, hermano del Inca, era uno de sus favoritos. Usaba flechas y armas iguales a las suyas y departía por l
el vuelo de los cóndores (es)
I AQUEL día demoré en la calle y no sabía qué decir al volver a casa. A las cuatro salí de la Escuela, deteniéndome en el muelle, donde un grupo de curiosos
finis desolatrix veritae (es)
CUANDO me incorporé tuve la sensación de haber sido animado por una corriente eléctrica. Mi esqueleto estaba intacto y podía mover los miembros sin dificult
hebaristo, el sauce que murió de amor (es)
I INCLINADO al borde de la parcela colindante con el estéril yermo, rodeado de yerbas santas y llantenes, viendo correr entre sus raíces que vibraban en la
la paraca (es)
I LA Muerte, que tiene llave de todas las casas, y sede en todos los pueblos, no gustaba, al parecer, de San Andrés, la aldea que está al sur de Pisco. Cuan
la tragedia en una redoma (es)
BAJO la luz roja del quinqué, hablaba yo con «Aquel» que vive dentro de mí, de esta manera: —Necesito un cuento —le dije. —Mi querido Valdelomar —repuso «Aq
la virgen de cera (es)
I —EL rey… —¡Siempre cuentos reales!… —Los reyes son los espléndidos y los generosos. En sus cabezas triunfa el oro cincelado y en sus tronos ríen piedras d
los hermanos ayar (es)
EL gran aposento incaico era de piedra, finamente labrado, y sus grises paredes de sillería estaban decoradas por chapas de oro y nichos en forma de alacena
los ojos de judas (es)
I EL puerto de Pisco aparece en mis recuerdos como una mansísima aldea, cuya belleza serena y extraña acrecentaba el mar. Tenía tres plazas. Una, la princip
los ojos de los reyes (es)
Donde se ve cómo la mujer induce al Amor y cómo éste puede nublar la clara razón de los más esforzados capitanes. Y que no se debe luchar contra el designio
tres senas, dos ases (es)
I DOS amigos me fueron presentados esa noche bajo la luz violeta del Manhattan, en Nueva York: Archibald Scheefer e Irving Winder. Desde el primer instante,
yerba santa (es)
Novela corta pastoril, escrita a los diez y seis años, en mi triste y dolorosa niñez inquieta y pensativa, que exhumo en homenaje a mi hermano José EL autor