carlos maría gutiérrez
el ascensor (es)
Es sábado, anochece y el doctor Federico Elordi está solo en la casa. Por la mañana su socio en el bufete, un contador, le ha dicho que el póker habitual se
el espíritu santo sobre el retiro (es)
Oía la voz de su madre al otro lado del patio, discutiendo con el panadero o alguien. Los canarios esparcían su contrapunto y el sol entraba por las celosía
el viaje al origen (es)
¿Qué sostengo en la mano? ¿Una flor, un fruto? La mirada me sigue en la penumbra: infinita rendición, traspaso de poderes. ¿No soy acaso el primogénito? La
exilio (es)
La única luz en la habitación es el resplandor de la nieve, que entra por la ventana de dobles cristales. Sobre el gran lecho nórdico una mujer y un hombre
hermanos argentinos (es)
A medianoche, en su hotel, el exiliado se cepilla los dientes vestido con el viejo piyama de Montevideo, los dos automóviles contornean el Obelisco y el Ang
la noche de la cocina (es)
Poné que el mejor tango que hicimos juntos no lo escribí yo, ni él tampoco. La última madrugada me llamó a las tres, desde el sanatorio. Le habían colocado
los ejércitos inciertos (es)
La muchacha rubia puso el importe en el teléfono londinense, esperó el sonido y marcó un número internacional que había aprendido de memoria. Cuando le cont
snapshots (es)
El auto reduce la marcha y se detiene junto a la acera de una callejuela de baldíos. Desde la Universidad nos llegan la música tropical y los ecos de las co
un puesto de comidas cerca del hotel (es)
El hombre ocupa el cuarto de enfrente, con un muchachito de siete u ocho años, que debe ser su hijo. El niño viste, como él, ropas comunes en Cuba: pantalón