elena garro
andamos huyendo, lola (es)
Aube y Karin se sintieron dichosas. Habían abandonado el establo de Connecticut en el que vivieron los dos últimos años y ahora terminaban de instalarse en
antes de la guerra de troya (es)
Antes de la Guerra de Troya los días se tocaban con la punta de los dedos y yo los caminaba con facilidad. El cielo era tangible. Nada escapaba de mi mano y
debo olvidar… (es)
Debo olvidar que encontré estas páginas escondidas entre las tablas sueltas del armario… después de todo la habitación es enorme y en los días que corren es
el anillo (es)
Siempre fuimos pobres, señor, y siempre fuimos desgraciados, pero no tanto como ahora en que la congoja campea por mis cuartos y corrales. Ya sé que el mal
el árbol (es)
El sábado a las tres de la tarde salió Gabina. Era su día libre y no volvería sino hasta el domingo por la mañana. Marta la vio irse y, sola, se recogió en
el día que fuimos perros (es)
El día que fuimos perros no fue un día cualquiera, aunque empezó como todos los días. Despertamos a las seis de la mañana y supimos que era un día con dos d
el duende (es)
A las tres de la tarde el sol se detenía en limitad del ciclo. El silencio podía estallar en cualquier instante y el jardín podía caer roto en mil pedazos.
el mentiroso (es)
El camión Flecha Roja iba muy aprisa cruzando campos verdes. Cuando se detuvo junto a unos árboles le dije a mi mamá: «Voy a hacer de las aguas», y ella dij
el niño perdido (es)
Ya tardeaba y yo iba caminando bien asustado. «¡Caray!, mi casa está muy lejos», me dije y me acordé de mi santo papá dándome una de esas chicotizas en las
el robo de tiztla (es)
Tiztla es una pequeña ciudad situada al sur de la República de México. Sus habitantes son silenciosos y pequeños. Sus noches son profundas y cuando el sol s
el zapaterito de guanajuato (es)
Iba yo bajando la avenida, llevaba a Faustino de la mano, mi nietecito no decía nada, aunque yo bien veía que los tres días de girar por la ciudad, sin alim
era mercurio (es)
Ahora estoy seguro de la primera vez que la vi. Es curioso, fue como verla y no verla. Ese día estaba preocupado, no en balde se toman decisiones para toda
invitación al campo (es)
Desde que el ministro entró a su salón a las siete de la mañana, a recogerla para la jira campestre, Inés supo que no era un hombre común y que el paseo ten
la corona de fredegunda (es)
Lola andaba de puntillas, callaba, se limpiaba con esmero y esperaba… Tenía más miedo que en Nueva York y también más que cuando escapó de la cámara de gas.
la culpa es de los tlaxcaltecas (es)
Nacha oyó que llamaban en la puerta a la puerta de la cocina y se quedó quieta. Cuando volvieron a insistir abrió con sigilo y miró la noche. La señora Laur
la dama y la turquesa (es)
Dionisia tenía miedo. Era difícil decírselo a Vallecas, su amistad con aquel hombre de mirada astuta era reciente. Se preguntó si Vallecas era real o un err
la semana de colores (es)
Don Flor le pegó al Domingo hasta sacarle sangre y el Viernes también salió morado en la golpiza. Después de su confidencia, Candelaria se mordió los labios
las cabezas bien pensantes (es)
Nadie ha sufrido en este mundo como ha sufrido Lola. Quizás solo la reina María Antonieta, a la que nunca conocí, pero a la que nunca olvido. La comparación
las cuatro moscas (es)
Las persianas de hierro estaban rotas y un desconocido las espiaba por las noches desde la terraza. Temían desvestirse en el cuarto destartalado del hostal
luna de miel (es)
Subieron en el mismo avión. Durante el viaje ocuparon lugares muy lejanos uno del otro, e ignoraron a la joven pareja de recién casados que atraía las mirad
nuestras vidas son los ríos (es)
Allí estaba el general, mucho más alto que los demás, con la camisola militar abierta mostrando la garganta y una mecha de pelo cayéndole entre los ojos cla
perfecto luna (es)
Tal vez serían las once y media de la noche, cuando Perfecto Luna pasó las últimas casas del pueblo. A esas horas ya todos dormían y nadie notó su paso. Tod
teología (es)
Como ustedes no lo ignoran, yo he viajado mucho. Esto me ha permitido corroborar la afirmación de que siempre el viaje es más o menos ilusorio, de que nada
una mujer sin cocina (es)
Era un veintiocho de junio y la tarde aplastaba a la ciudad con su aire sofocante; la inminencia del calor terrible como un incendio seco y sin llamas, amen
¿qué hora es? (es)
–¿Qué hora es, señor Brunier? Los ojos castaños de Lucía recobraron en ese instante el asombro perdido de la infancia. El señor Brunier esperaba la pregunta