KorimbaDonate

Robots  ROMs  Stories  Books

AuthorsStories

pío baroja

ángelus (es)
Eran trece los hombres, trece valientes curtidos en el peligro y avezados a las luchas del mar. Con ellos iba una mujer, la del patrón. Los trece hombres de
bondad oculta (es)
El monte estaba lleno de altas escombreras negruzcas, agujereado en todas partes por bocas de galerías obstruidas y cortado en muchos sitios por profundas t
conciencias cansadas (es)
Salí del teatro, disgustado, triste, con el cerebro lleno de ideas negras. Tanta grosería, tanta bestialidad, me molestaban. Me encontré en la calle. Era un
el reloj (es)
Hay en los dominios de la fantasía bellas comarcas en donde los árboles suspiran y los arroyos cristalinos se deslizan cantando por entre orillas esmaltadas
el trasgo (es)
El comedor de la venta de Aristondo, sitio en donde nos reuníamos después de cenar, tenía en el pueblo los honores de casino. Era una habitación grande, muy
el vago (es)
Apoyado en una farola de la Puerta del Sol, mira entretenido pasar la gente. Es un hombre ni alto ni bajo, ni delgado ni grueso, ni rubio ni moreno; puede t
elizabide el vagabundo (es)
Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín. Elizabide el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volvía de la iglesia: «¿Qué pensar
la caja de música (es)
I. El pintor anticuario Hacia finales del siglo XIX conocí en París a uno de tantos españoles que pululan por allí. Era un riojano, a quien llamábamos Luis
la enamorada del talento (es)
Era Matilde una muchacha rubia, de veinte años, de estatura mediana y de elegante aspecto. Sin ser bonita, tenía el raro don de agradar con su presencia a t
la sima (es)
El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los últimos rayos del sol, se
la sombra (es)
Había salido del hospital el día de Corpus Christi, y volvía, envejecida y macilenta, pero ya curada, a casa de su ama, a seguir nuevamente su vida miserabl
las vocales de colores (es)
Perdonad que os hable de mí mismo. Hace días me sucedió una cosa extraña. Estaba después de comer en mi cuarto, cuando me llamaron desde el gabinete en dond
los panaderos (es)
El coche del muerto se dirigía por la ronda hacia el Prado. Era un coche de tercera, ramplón, enclenque, encanijado; estaba pintado de negro, y en las cuatr
mari belcha (es)
Cuando te quedas sola a la puerta del negro caserío con tu hermanillo en brazos, ¿en que piensas, Mari Belcha, al mirar los montes lejanos y el cielo pálido
marichu (es)
La noticia corrió de boca en boca. Marichu, la mujer del caserío Aitola, tenía una enfermedad rarísima, que se le había presentado dos o tres semanas despué
médium (es)
Soy un hombre tranquilo, nervioso; pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. He analizado todo, he profundizado todo, y vivo intranq
olaberri el macabro (es)
Olaberri era un pesimista jovial. No encontraba en el mundo más que vanidad y aflicción de espíritu. No tenía fe más que en la cal hidráulica y en el cement
playa de otoño (es)
Era una excursión que María Luisa hacía todos los años a principios de otoño. Cuando su marido marchaba con algún amigote a Biarritz o a San Juan de Luz, el