el matón (es)
Matt Anders llegó al espaciopuerto de Nueva Alburquerque en Venus a primera hora de la tarde. Sus papeles de identificación decían que era un tal Harvey Giles: comerciante, de Filadelfia, la Tierra. El propósito de su visita a Venus: comprar piedras preciosas. Era alto, pero estaba encorvado por la edad; su cabello gris y rostro arrugado encajaba con las fotografías de sus papeles de identificación. Cualquier parecido con el auténtico Matt Anders era imposible de detectar.
Dejó que los mecánicos se llevaran el Espaciocéfiro monoplaza, mientras los dos guardias que habían venido a su encuentro le escoltaban hasta el edificio de administración donde sus papeles de identificación fueron comprobados y aprobados. Después de eso, era libre de irse, llevando su portafolios que contenía, aparte de un compartimento secreto, únicamente papeles relacionados con la identidad que había asumido.
Un taxi giró hacia él para recogerlo. Dudó un momento y después hizo un gesto al conductor para que se marchara. La residencia del embajador de la Tierra estaba a menos de media milla de distancia, y la oportunidad de hacer un poco de ejercicio sería más que bienvenida después de treinta y cinco horas metido en una diminuta nave espacial. Respiró hondo en el aire venusiano y comenzó a bajar la calle.
No tuvo ninguna sensación de peligro. Era pleno día y Nueva Alburquerque era una ciudad segura y con una buena policía. Sólo unas pocas personas en la Tierra, y eran personas con posiciones de la máxima confianza, sabían de su presencia aquí o la forma de su disfraz. Los diversos chalados desorganizados e insatisfechos que le odiaban no podían saberlo. Y una agresión por parte de los Duplies marcianos, aquí en Venus, era algo que Anders ni siquiera tomaba en consideración. Marte intentaba por todos los medios evitar que Venus tomara partido en la extraña guerra fría que estaba manteniendo con la Tierra, una guerra en la que ningún bando había hecho ningún movimiento directo contra el planeta natal del otro, aunque millones de hombres habían muerto en el espacio y en ataques de avanzadillas. Desde luego Marte no podía arriesgarse a poner a Venus en su contra por un acto manifiesto sobre el planeta neutral.
Así que era precisamente lo inesperado de un ataque contra él, lo que le haría tener éxito. Por un momento la calle estuvo vacía, excepto por él. Excepto por él y el taxi que se había ofrecido a llevarle en el espaciopuerto. Debía haberle seguido discretamente durante un rato, y ahora había tres hombres además del conductor. Giró en la curva ante él y sus ocupantes descendieron; dos hombres intentaron cogerle por los brazos; el otro sacó una anticuada porra.
Matt Anders dejó caer su portafolios para golpear con su derecha al Duplie que le sujetaba el otro brazo. El golpe no tuvo efecto, pero su movimiento hizo que las manos del tercer hombre tuvieran menos energía a la hora de alcanzar su objetivo. Se sintió aturdido por el golpe, sus rodillas se doblaron y cayó, pero no perdió por completo la conciencia.
Los Duplies que le habían sujetado por los brazos le levantaron y le llevaron hasta el taxi. El que había usado la porra echó una mirada arriba y abajo en la calle, recogió el portafolios y les siguió al taxi.
Todo ocurrió en unos pocos segundos. Ahora él estaba entre dos de ellos en el asiento trasero y, junto al de su derecha, el tercer hombre se inclinó hacia él. Ahora su mano sujetaba una aguja hipodérmica en vez de la porra. Anders captó una visión borrosa por el rabillo del ojo mientras el Duplie ajustaba la aguja para pincharle en el brazo. No sabía qué significaba. Muerte no, seguramente, porque si simplemente quisieran matarle podrían haberlo hecho en la calle sin correr el riesgo de llevarle al taxi.
El taxi giró bruscamente en la esquina, y durante el viraje Anders se las apañó para apretarse contra el hombre de su derecha. Giró su cuerpo de manera que apretase el émbolo de la pequeña jeringuilla. La mitad del contenido cayó en su abrigo antes de que sintiese el pinchazo de la aguja. Dio un respingo involuntario y el salvaje de la jeringuilla rió.
- ¿Saliendo de la niebla, no? Bueno, esto te devolverá a ella.
El conductor habló por encima de su hombro.
- No se ha despertado, ¿no? No queremos que recuerde nada después de la porra.
- No se ha despertado; sólo dio un respingo cuando le clavé la aguja.
Pero sí estaba despierto, y seguiría despierto. Estaba confuso, mareado, con la cabeza embotada, pero todavía consciente y dispuesto a seguir así. Luchando antes de caer de nuevo en la oscuridad en la que su mente quería sucumbir según el contenido de la jeringuilla navegaba por su corriente sanguínea. Permaneció inerte y sin moverse, respirando deliberadamente despacio y regularmente, ocultando cualquier evidencia externa de la lucha de su mente contra la inconsciencia.
De repente todo se volvió negro y supo que habían entrado en un garaje. La presa en sus brazos se hizo más fuerte y le medio arrastraron, medio llevaron, fuera del taxi. Se permitió a sí mismo abrir los ojos apenas una mínima rendija, lo suficiente para hacerse una idea de lo que le rodeaba. Estaba bastante seguro de que estaban en un garaje y que le arrastraban hacia la escalera que descendía al fondo del mismo.
- Sacúdele, - dijo uno de sus captores. - Ya llevamos diez segundos de retraso respecto al plan. Y no te preocupes de revolver al tipo, se supone que está completamente noqueado.
Le bajaron deprisa por las escaleras del sótano a una habitación iluminada, el típico cuarto bajo una vivienda que contenía la caldera y la lavadora en el siglo veinte... y la típica basura, trastos y cacharros que atestan un sótano en cualquier siglo. Pero en el fondo del sótano, oculto de la vista hasta que rodearon un montón de cajas, había un objeto que sorprendió a Anders tanto que casi descubre su conciencia.
Era un Duplicador Kingston. Uno ilegal, mal construido, aquí en Nueva Alburquerque.
Conocía demasiado bien el carácter de los Duplies, productos del Duplicador. Su completo egoísmo, su profunda falta de cualquier sentido moral en absoluto, su frialdad viciosa y su inhumanidad. Pero aun le asombraba que tuvieran tanto descaro como para construir una máquina ilegal por sí mismos aquí en Venus.
Detrás del mismo Duplicador había un enorme condensador de un tipo que no había visto nunca antes, algo que los Duplies debían haber desarrollado con este fin. Podían cargar un condensador de este tamaño con bastante jugo para poner en marcha el Duplicador una vez recargándolo habitualmente un poco cada vez durante una semana, para que no hubiera ningún gran desgaste de energía que pudiera descubrir a las autoridades la presencia y el uso de un Duplicador. Era una idea muy astuta, Anders tenía que admitirlo ante sí mismo. Por lo que él sabía, nadie la había usado antes. Porque, con el uso de un equipo como ese, podría haber Duplicadores en todas las ciudades de la Tierra, no detectados e indetectables.
Ahora sabía demasiado bien lo que le iban a hacer. Si tuviera la más mínima fuerza, habría intentado escaparse en algún momento. Pero los efectos combinados de la porra y la droga le habían dejado tan solo al filo de la conciencia. No podría haberse puesto en pie y salido caminando, incluso si le hubieran dejado ir. Tendría que esperar a una oportunidad posterior, aunque en realidad no esperaba tener ninguna.
La máquina, se había dado cuenta a primera vista, estaba ajustada para una duplicación-transmisión humana. Le ataron a un silla, que parecía una vieja silla eléctrica, excepto porque no tenía electrodos, que estaba atornillada a la plataforma del campo.
Cuando se diera al interruptor, habría un duplicado suyo en Marte... excepto que el duplicado sería un Duplie en vez de un ser humano. Sería exacto a él en todo, excepto que carecería del intangible ingrediente del «alma», ese ingrediente que los hombres nunca han estado muy seguros de poseer hasta que el Duplicador Kingston lo probó... y creó el caos en el proceso.
LOS PROBLEMAS VIENEN DE DOS EN DOS
Venus había sido el primer planeta en ser colonizado. Los primeros exploradores en atravesar su eterna cubierta de nubes habían encontrado, para sorpresa de todo el mundo, una atmósfera respirable. Esto había estado oculto a los espectroscopios de los astrónomos de la Tierra por la constitución peculiar de la cubierta de nubes que ocultaba la superficie de Venus a la observación desde la Tierra.
La colonización de Marte no había sido posible hasta casi un siglo después. Solo había habido incursiones experimentales, bajo cúpulas, hasta que la tecnología de la última mitad del siglo veintiuno había proporcionado los medios para crear una atmósfera artificial. Esto se hizo concentrando el oxígeno que había en una delgada banda cercana a la superficie en vez de dejarlo difuso por todo el ancho de la atmósfera. Mantenido cerca del suelo, hizo Marte habitable, excepto en zonas montañosas o de meseta.
Por aquel entonces, los viajes constantes entre la Tierra y Venus hicieron que el viaje interplanetario se desarrollara hasta el punto de que fueran fáciles y baratos, y la colonización de Marte muy rápida. Había sido una emigración espontánea de gente corriente la que había hecho que Marte, durante un tiempo, sufriera de falta de científicos y de hombres de estado... de falta de líderes cualificados. A los hombres que habían obtenido el éxito y la eminencia en la Tierra no les interesaba emigrar.
Y aquí había surgido el Duplicador Kingston; aparentemente era una respuesta perfecta al problema de Marte. Había permitido a hombres como Duclos, el mismo Kingston, Barry, Wade y cientos de otros, los hombres que habían contribuido más al liderazgo científico y político de la Tierra, permanecer en casa en la Tierra, y tener duplicados de sí mismos en Marte. Los Duplies iban a contribuir al avance de Marte del mismo modo que sus originales habían contribuido y contribuían al avance de la Tierra.
Pero había un fallo, aunque nadie se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.
El Duplicador de Kingston había sido inventando al principio del siglo veintidós. Un Duplicador, ajustable tanto como transmisor como receptor, podía enviar a otro lugar, tanto a corta distancia como a distancias interplanetarias, un duplicado de cualquier objeto situado en el campo de la máquina de transmisión. No implicaba, por supuesto, ninguna creación de materia. La máquina receptora apuntaba a una tolva de cualquier cosa, normalmente arena, que se transmutaba electrónicamente en cualquier elemento necesario para la creación del duplicado.
En lo que respecta a objetos inanimados, el Duplicador Kingston sólo tenía una limitación teórica; una que se aprendió por las malas. El material fisionable, incluso en cantidades inferiores de las críticas, no podía ser transmitido y duplicado sin explotar en la máquina de envío.
El Duplicador, por supuesto, ha cambiado la economía de la Tierra (y de Venus y Marte), si no completamente, en gran medida. La enorme cantidad de energía que requería evitaba su uso práctico para la reproducción de nada que no fuera muy caro y valioso. ¿De qué servía reproducir una fanega de trigo o una silla con un coste de los mil dólares que valía la energía, cuando podías cultivar el trigo o hacer una silla de manera mucho más barata? Por otro lado, un abrigo de visón de cinco mil dólares deja de ser un artículo de tanto lujo cuando se puede reproducir por la quinta parte; los pequeños instrumentos de precisión, muy valiosos por su peso, se volvían más baratos; los elementos y metales raros (excepto los fisionables) resultaban menos prohibitivamente caros y por tanto abrían nuevos campos a la tecnología.
El gobierno había hecho una restricción para proteger a aquellos que tenían dinero invertido en piedras preciosas: los diamantes, excepto aquellos necesarios para uso industrial, quedaban restringidos.
Y también los seres humanos. Los primeros experimentos con animales inferiores habían demostrado que su duplicación era posible, sin daño aparente para los animales, y también sin posibilidades comerciales, dado que seguía siendo más barato criar a un cerdo que duplicarlo. Pero antes de que un ser humano hubiera sido duplicado con un Duplicador Kingston, los gobiernos crearon reglas contra el intento.
Y si no por otra razón, porque habría demasiadas dificultades legales implicadas en la duplicación de un ser humano. Una esposa podría encontrarse con maridos duplicados idénticos; un puesto de trabajo o una cuenta bancaria o una póliza de seguros con solicitantes duplicados idénticos. ¿Y cuál era el original y cuáles serían los derechos del duplicado? Y, además, no había ninguna razón lógica para permitir la duplicación de un ser humano.
Hasta que la falta de técnicos y líderes en las nuevas colonias humanos sugirieron una ventaja de la duplicación humana que parecía, si se respetaban las restricciones apropiadas, la respuesta perfecta al problema. Supongamos que Duclos, el mejor ingeniero electrónico en la Tierra, (y los ingenieros electrónicos eran terriblemente necesarios en Marte) estaba de acuerdo con tener un duplicado creado en y para Marte. Duclos no tenía nada que perder, excepto que tuvo que firmar un papel aceptando no dejar nunca la Tierra, lo que de todos modos no tenía ganas de hacer. A su duplicado se le pediría igualmente que no dejara nunca Marte. El gobierno marciano daría al Duplie una cantidad de dinero igual a lo que poseyera el original. Sólo se elegiría a hombres sin lazos familiares. Mientras que se mantuvieran separados en la Tierra y Marte, no habría ningún conflicto de intereses personales entre ellos.
Parecía infalible, y el experimento se permitió. Duclos fue duplicado. Su Duplie se encargó del desarrollo de la electrónica en Marte, y no manifestó ninguna objeción por su parte. Wade, el mejor en economía interplanetaria, Kingston inventor del Duplicador, tuvieron un duplicado en Marte. Cientos de otros, los mejores en los demás campos importantes.
Y luego, la trampa. El insospechado ingrediente perdido.
El primero de los Duplies había ocultado, muy inteligentemente, su esencial falta de humanidad, sus planes, hasta completar una cuota. Después, todos ellos, se iniciaron en esas posiciones de poder en la cúpula, y tomaron el control de Marte. Y pocos humanos de Marte supieron e incluso sospecharon que estaban bajo su control. Había grandes hombres de estado, grandes propagandistas, entre los Duplies.
Y ahora Marte estaba en guerra con la Tierra. Una guerra peculiar...
Atado en la silla, Matt Anders se dio cuenta de repente que debería haber luchado con sus captores, incluso sin ninguna posibilidad de ganar, por si acaso le hubieran asesinado en la lucha. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de cuanto mejor hubiera sido morir antes que ser duplicado en Marte. Ya que su duplicado podría, al menos tras ser adoctrinado, estar de su lado. Y su duplicado sabría cada secreto político y militar de la Tierra que él sabía, Matt Anders, mano derecha, extraordinario matón, de Dwight Morphy, Presidente del Consejo de Naciones de la Tierra. Los altos secretos, casi todos de política y planificación de la Tierra. No era sólo su habilidad, tan valiosa por sí sola para ellos, lo que estaban duplicando; era su conocimiento.
En el instante en que se dio cuenta de esto, se hubiera lanzado a cometer suicidio, si hubiera habido algún modo de hacerlo antes de que pulsaran el interruptor.
Durante un segundo, una luz cegadora jugueteó a su alrededor, pero no sintió nada. Excepto un leve dolor temporal en sus ojos por la luz, y eso podía haberse evitado con una venda en los ojos, ya que la duplicación era indolora y no producía ninguna sensación.
Después, el repentino efecto resultante que había notado cualquier ser viviente, animal o humano, que había sido duplicado, una inconsciencia temporal que duraba unos minutos. Se dejó deslizar en ella y supo, aunque fue una preocupación pasajera, que en su caso nunca se despertaría. Ahora que le habían duplicado, le matarían rápidamente antes de que saliera de la inconsciencia, incluso antes de desatarle de la silla. La última cosa que supo fue que alguien le decía a otra persona que se diera prisa con la maldita historia, y después llegó la oscuridad y oscuridad...
Alguien le agitaba el hombro con cuidado. Alguien estaba diciendo,
- ¿Está herido grave? ¿Le ha atropellado un coche que se ha dado a la fuga? ¿Llamo a un ambulancia?
Matt Anders se sentó grogui. Estaba en el punto de la calle donde había sido atacado. Se miró; su sombrero estaba tirado en la cuneta y su portafolios estaba allí donde lo había dejado caer durante la breve lucha. El taxi no se veía por ninguna parte.
No había ninguna evidencia en absoluto de que lo hubieran secuestrado y devuelto al mismo sitio donde había tenido lugar el asalto. Y pensaban que había estado inconsciente desde el primer golpe con la porra; se suponía que no sabía nada de lo ocurrido después del asalto; se suponía que no sabía que había sido duplicado.
Y no tenía ninguna prueba, excepto su palabra, de que lo había sido. Las autoridades venusinas le dirían que su historia era pura fantasía, y realmente sonaría así. Era una fantasía que pudiera haber un Duplicador privado ilegal, manejado por Duplies, aquí en la ordenada y pacífica Nueva Alburquerque. Él mismo apenas podía creer lo que había pasado. Las autoridades venusinas le acusarían de mentir con la intención de crear un altercado interplanetario.
- ¿Está usted bien? - dijo alguien. - ¿Llamo a una ambulancia?
Se llevó la mano a la parte posterior de su cabeza mientras miraba hacia arriba. El hombre que estaba frente a él era pequeño, afable, inofensivo. El típico oficinista o archivero de una oficina gubernamental.
- Estoy bien, - dijo Anders. - Estaré bien en un minuto. Es sólo una herida en el coco causada por una porra.
- ¿Una porra? Oh, quiere decir, ¿un instrumento contundente? ¿Le han atacado y robado?
¿Habían sido tan concienzudos? Metió su mano en el bolsillo en el que llevaba el dinero. Ya no estaba. Habían sido lo bastante concienzudos como para hacerlo parecer un asalto y un robo. No es que importara el dinero; una vez fuera de su disfraz, su firma era buena para cualquier cantidad razonable en cualquier banco venusiano. Pero la valiosa información de su portafolios... no, no se habían molestado en tocarlos. Los papeles del compartimento secreto eran de valor solo por la información que contenían, y que estaba también en su cabeza. Y que estaría en la cabeza de su Duplie en Marte también.
Se puso de pie tambaleándose un poco y vio que se encontraba bien, excepto por el dolor en la parte posterior de la cabeza y el polvo en sus ropas.
- Estoy bien, gracias. - dijo.
- ¿Está seguro? ¿Está seguro que no quiere...?
- Estoy seguro, - dijo Anders. - Muchas gracias, pero estoy seguro. Estoy a una manzana del sitio al que voy, e informaré de esto a la policía desde allí.
Sabía que al pequeño oficinista le parecería raro si no informaba.
Cogió su sombrero y su portafolios y echó a andar, un poco vacilante al principio, pero más firmemente tras dar algunos pasos. Después de un intento de volver a ponerse el sombrero en la cabeza, decidió llevarlo en la mano. Su cabeza estaría demasiado herida durante días para permitirle llevar sombrero. Sonrió irónicamente mientras le venía a la cabeza que su duplicado en Marte tendría el mismo dolor de cabeza; el golpe de la porra se lo habían dado antes de la duplicación.
Llegaba menos de quince minutos tarde cuando llegó a la residencia del embajador Pearson. Se detuvo ante la puerta exterior lo bastante como para sacudirse el polvo de la ropa antes de llamar al timbre.
El propio Pearson salió a abrir la puerta. Le miró inexpresivo hasta que Anders dijo:
- Matt Anders, señor embajador. Por favor, no tenga en cuenta mi disfraz... al menos hasta que tenga oportunidad de quitármelo.
- ¡Anders! Pero... - Pearson contempló la ropa de Anders - ¿Qué demonios ha pasado? ¿Ha tenido un accidente? - Sus ojos se agrandaron por la sorpresa - ¿O es usted Matt Anders? Ese disfraz...
Anders sonrió.
- Es bueno. Pero si contiene su incredulidad lo bastante para permitirme ir al baño unos minutos, creo que me reconocerá. Y después le contaré lo que ha pasado.
- Desde luego. Y mientras está ahí, ¿le preparo una copa? Por su aspecto creo que le vendría bien. ¿Algo venusiano o...?
- Whisky - dijo Anders. - Un buen trago, solo, no me haría daño.
Pearson le señaló una puerta.
- En aquella habitación. Y su bebida le estará esperando, Matt.
Una vez en el baño sólo le llevo unos minutos quitarse la gruesa máscara de goma, apoyada en algunos sitios sobre esponjas de goma, para cambiar la forma de sus rasgos, y quitarse la peluca gris que había amortiguado el golpe de la porra. Había un cepillo para la ropa con el que quitó el resto del polvo de la calle de su abrigo y pantalones.
Se contempló en el espejo, y la cara que le devolvió la mirada era una familiar. Una cara delgada y angular, vagamente mefistofélica. Muy mefistofélica en las muchas caricaturas de él que habían aparecido en los periódicos de los tres planetas.
No era una cara popular, entre la mayoría de la gente de su propio planeta. La cara de un hombre con reputación de ejercer demasiado poder y ejercerlo de forma demasiado ruda... y un hombre cuya cara, particularmente en caricatura, encajaba bien en el papel. Pero era una cara atractiva, interesante. Una cara muy fácil de recordar, que era por lo que usaba disfraces tan cuidados cuando viajaba solo. ¿Cómo habían descubierto los Duplies ese disfraz? Su mejor amigo, que era probablemente el presidente Morphy, no podría haberlo hecho.
Su bebida y un sillón confortable le estaban esperando cuando se reunió con Pearson. Se hundió en el sillón y tomó un trago largo y apreciativo. Después dejó el vaso y dijo:
- Señor embajador, creo que sé el secreto de los desastres acaecidos recientemente. Creo que sé cómo han conseguido los Duplies la información.
Frunció el ceño.
- Y es la hora, si no es demasiado tarde. No debería ser ningún secreto que nuestra moral está por los suelos desde hace meses. En este punto, en vez del hecho de que controlamos el espacio y tenemos a los Duplies sólidamente bloqueados, perderemos la guerra debido a la apatía de la Tierra. Corrupción, sobornos, incapacidad, afrontémoslo, entre los principales líderes militares. Nuestra industria de municiones arruinándose, desde lo alto. Nuestros diplomáticos perdiendo puntos en las negociaciones para que Venus se ponga de nuestro lado.
El embajador puso una mueca de dolor ante la última frase.
- Eso es un golpe bajo, ¿no, Matt? He hecho lo que he podido.
- Seguro. Está animando el espionaje más allá de lo que nunca ha soñado. Eso es lo que he descubierto hoy. Marte sabe ya cada detalle de la información e instrucciones que le he traído... y aun no se las he entregado a usted.
- Por Dios, Matt. ¿Está seguro? ¿Cómo?
Anders le contó, brevemente, la experiencia por la que acababa de pasar, y que se suponía que no recordaba.
La cara de Pearson era un modelo de consternación cuando acabó. Pensó un momento y después preguntó,
- ¿Pero por qué no le mataron? No lo entiendo. Duplicado en Marte o no, aun es un hombre valioso en la Tierra.
- Dos razones, señor. Primero, la información que conseguirán de mi duplicado será más valiosa para ellos si, como piensan, no sabemos que lo tienen. Si yo desaparezco, o me encuentran muerto en cualquier circunstancia, habría al menos cierta sospecha de que tienen la información que yo llevaba, una copia de ella, aunque el original haya permanecido en mi portafolios. Segundo, ¿y si planean, más tarde, traer a mi Duplie a la Tierra a través del bloqueo, y cruzan con sus naves a través de él, de todos modos, y me matan de modo que él pueda sustituirme. - Se inclinó hacia delante ansioso - Y si eso ha ocurrido ya entre nuestros principales hombre, eso explicaría muchas cosas. Muchísimas cosas.
- Pero si eso es verdad...
Hubo un golpe en la puerta, un suave toque.
Pearson frunció el ceño.
- Debe ser mi hija. Bueno... no le dejaré interrumpirnos mucho tiempo. - Alzó la voz. - Entra.
Se abrió la puerta y la chica que entró por ella era, pensó Matt Anders, posiblemente la más atractiva que había visto nunca. Había algo en el modo en que se movía, en el modo en que andaba... Recordó entonces haber oído que el embajador Pearson había tenido un bisabuelo Sioux de pura cepa; era obviamente su hija. Sus pómulos eran altos, su complexión oscura, pelo negro como ala de cuervo y sujeto en trenzas sobre la cabeza. Alta, ágil, de pecho generoso, ojos tranquilos, se movía con el orgullo y la dignidad de los indios de las praderas. Y aunque era joven, probablemente diez años más joven que él, tenía la pose y seguridad de una mujer que ha sido consciente de su belleza desde siempre.
Matt Anders se levantó antes de que Pearson murmurara una presentación. Él tragó saliva e inmediatamente se sintió ridículo ante su reacción. Pero casi todas las mujeres que había conocido hasta entonces le parecían débiles e insípidas. Marta Pearson era algo más. Era casi un atavismo; era tan diferente de las mujeres modernas del siglo veintidós como un tigre de su descendiente, un gato atigrado. Y quizás eso explicaba, pensó Anders, su reacción. Siempre había sospechado que él mismo, emocionalmente, pertenecía a un siglo diferente y anterior.
Ella le sonrió distante en reconocimiento a la presentación, pero su sonrisa no llegó más allá de sus labios mientras le extendía una mano fría. Y sus palabras se dirigieron a su padre.
- He reconocido a Matt Anders inmediatamente, Padre. Después de todo, uno no puede mirar ninguna publicación o sintonizar un visor sin ver los rasgos del famoso alter ego del Presidente Morphy. Su matón, creo, es como le suelen llamar.
Su padre dijo secamente,
- ¡Marta!
Matt Anders sintió que se ruborizaba, la primera vez que lo hacía, según recordaba, desde la adolescencia. Pero hizo que su voz sonara tranquila.
- No es siempre fácil servir a tu planeta del modo en que tus superiores quieren, señorita Pearson. Especialmente cuando tu posición no está sujeta a una elección que pueda hacer que la pierdas por impopularidad. - Dudó un momento, y después decidió continuar - ¿No se le ha ocurrido que, mientras que yo no le gusto a nadie, el presidente Morphy es la persona más respetada y querida de la Tierra? Pero si no hubiera un Matt Anders, un matón, para hacer ciertas cosas por él, quizás no podría ni siquiera ser reelegido. Ahora mismo, está apunto de unificar la Tierra y evitar que la facción anti - guerra deje a los Duplies dominar Marte.
Él se preguntó, incluso mientras hablaba, porque se molestaba en justificarse a sí mismo. Estaba acostumbrado a que le odiaran millones. ¿Por qué preocuparse por una más, excepto porque esa una más es de repente tan importante para él?
Marta Pearson siguió sonriendo con frialdad.
- Un pequeño discurso muy convincente, señor Anders. Desafortunadamente, me parece difícil olvidar que fue usted quien dio la orden a la Tercera Flota de tomar la base marciana de Calypso a toda costa. Y «a toda costa» se convirtió en la pérdida de tres cuartas partes de la flota. Oh, sí, tomaron Calypso. Pero, ¿dónde estaba usted entonces, señor Anders?
Ella había tocado una herida abierta. Él se puso pálido, enfadado con ella, y aun más enfadado consigo mismo por permitirla ponerle a la defensiva de esa manera.
- Yo estaba en la Luna, señorita Pearson, cuando la Tercera Flota partió en su misión. No la acompañé, por orden estricta y específica del presidente Morphy. Él, y no yo, pensó que era demasiado valioso para arriesgarme, especialmente dado que no tengo entrenamiento en combate espacial y no habría sido de especial utilidad para la flota.
La sonrisa de ella era ahora abiertamente sardónica.
- Aun así les ordenó, y no niegue que fue orden suya, tomar Calypso a toda costa. Y se vieron obligados a obedecer esa orden incluso cuando se dieron cuenta que las defensas del satélite eran mucho más fuertes de lo que se había supuesto.
- ¡Marta! - dijo el padre de nuevo.
- Y lo tomaron, - siguió ella. - Con la pérdida de tres naves de cuatro. Mi hermano estaba en una de las naves que no lo consiguieron; mi prometido en otra.
Ella se dio la vuelta y salió de la habitación.
- Lo siento, Matt, - dijo Pearson. - No sé qué puedo decir o hacer....
Anders sonrió irónicamente.
- Podría ponerme otra copa, señor Embajador. Si hubiera esperado, le podría haber dicho que mi propio hermano también estaba en aquella flota... y no volvió.
- Se lo puedo contar... lo haré, Matt. Y desearía que la confidencialidad no me impidiera explicar a mi propia hija la razón por la que esa orden fue necesaria, y que hubiera estado justificada, incluso si hubiera significado la completa pérdida de varias flotas.
Matt Anders cogió el vaso que Pearson le acercó.
- ¿Sabe eso?
- Sí. Uranio en Calypso. Ninguno en Marte. Que es la razón por la que aquella base era de vital importancia para los Duplies... y por eso era igualmente vital para nosotros mantenerles alejados de ella. Si alguna vez consiguen una gran cantidad de uranio...
Anders asintió tristemente.
- Si lo hacen, entonces la guerra no será únicamente en el espacio. Tendremos que destruir sus ciudades para evitar que destruyan las nuestras... y todo terminará con ambos mundos destruidos. Mientras que haya incluso una oportunidad de evitar que el empate continúe, cualquier cosa es mejor que eso.
Agitó su mano en un gesto característico, dejando el tema a un lado. Terminó su segunda copa antes de coger su portafolios, sacar los papeles del compartimento secreto y dárselos al embajador.
- Bueno, aquí está lo que tenía que traerle, señor, y ya se lo he traído. Lo único, y mantenga esto entre nosotros, trabaje con la certidumbre de que los Duplies tienen esta información también. Al menos las líneas generales. Si hubiera sido capaz de memorizar todos los detalles menores y cifras, por supuesto, no hubiera traído conmigo los papeles. Pero mi Duplie sabe lo mismo que yo... y eso es suficiente como para hacerlo prácticamente inservible.
Pearson se mostró sorprendido.
- Pero ha dicho «entre nosotros». ¿Quiere decir que no va a informar de lo que le ha pasado?
- No mientras esté en Venus. No me quedaré aquí mucho tiempo de todos modos. De hecho, lo justo, para dormir aquí esta noche. Me iré por la mañana. Y lo que he aprendido de mi secuestro y duplicación es tan importante, que quiero informar en persona directamente a Morphy. No confiaría ni siquiera en el rayo estanco; no estamos seguros de que los Duplies no lo hayan pinchado.
- Ya veo, Matt. Probablemente tiene razón. Y siento muchísimo lo de Marta.
- Podría haber sido peor. Al menos no intentó dispararme. Y eso ha pasado tres veces en los últimos tres meses en la Tierra. Gente desorientada... y no todos fueron Duplies,... parecieron pensar que matarme resolvería todos los problemas del sistema solar.
- Bueno... hablaré con ella antes de la cena. Por cierto, Matt, algo que me he estado preguntando. No es que importe. ¿Dio la orden a la Tercera Flota? ¿O sólo estaba transmitiendo la orden del presidente?
- Oh, sí que la di. Surgió una emergencia repentina cuando supimos de la búsqueda de uranio en Calypso, y no pude localizar a Morphy inmediatamente, así que di la orden. Después, por supuesto, él la confirmó. Pero se dio publicidad al hecho de que yo di la orden, no a su confirmación de la misma. - Se encogió de hombros. - Bueno, es parte de mi trabajo, aceptar la culpa de las cosas desagradables en su nombre. Y aquella fue una especialmente desagradable vista desde fuera... porque tuvimos que ocultar, por razones de seguridad, porqué Calypso era tan importante de repente.
Pearson asintió lentamente.
- Empiezo a ver lo duro que es su trabajo. Desearía poder decírselo a Marta. Supongamos que pudiera decirle que era de vital importancia, aunque no la diga por qué. Y que usted perdió allí a un hermano también.
Anders dijo:
- No lo haga, por favor. Es parte de mi trabajo que la gente sienta eso por mí.
Pero sabía, incluso mientras lo decía, que no quería que Marta Pearson se sintiera así. La chica le atraía como no lo había hecho ninguna mujer antes.
El embajador se aclaró la garganta.
- De todos modos, voy a hablar con ella. Por cierto, en Venus cenamos pronto. Si lo desea, antes de cenar, le mostrarán su habitación para que tome un baño y... no ha traído equipaje, así que supongo que no tendrá que cambiarse...
- El baño me suena bien, pero ¿no ha oído hablar del washtex? Puedo lavar esta ropa conmigo en la ducha y se secará, y planchará en tres minutos. El equipaje será algo del pasado cuando esto sea algo común, a menos que alguien haga un viaje lo bastante largo como para querer una variedad de vestuario.
- Bien. Entonces le enseñare...
- Espere, señor embajador. Si tiene un minuto, he tenido una idea. Déjeme pensarla un momento, primero.
Anders se había puesto en pie. Luego, se sentó de nuevo en su sillón, y el embajador también se sentó. Tras unos segundos Anders dijo:
- Creo que es una buen idea. Escuche, sé como podemos truncar cualquier plan que los Duplies pudieran tener de sustituirme por mi Duplie en algún momento. No pueden saber hasta qué punto me hirió la porra; no tuvieron tiempo de someterme a un examen médico. Supongamos que propaga una historia, désela a los servicios de noticias, que al poco de llegar aquí, morí de conmoción cerebral. Los Duplies lo creerán.
- Pero... Dios mío, Matt...
- Déjeme terminar. También enviará un mensaje mediante rayo estanco a Morphy diciéndole que la noticia propagada es un bulo; después le informaré tan pronto como pueda y se lo explicaré. Para que lo arregle para que pueda aterrizar sano y salvo... con el mismo disfraz y bajo el mismo nombre que he usado para venir aquí... sin ser disparado por ser un Duplie de mí mismo. Los Duplies conocen este disfraz, pero si piensan que estoy muerto no me estarán vigilando.
- Pero usted mismo ha dicho que no estamos absolutamente seguros de que no intercepten el rayo estanco. ¿Y si lo hacen?
La mano de Anders apartó de un gesto esa posibilidad.
- No estamos seguros de nada. Si lo interceptan, no perdemos nada. Si no, nos adelantaremos a ellos. - Sonrió. - Y siempre podemos anunciar que la noticia de mi muerte era una exageración, aunque eso decepcione a mucha gente. ¿Lo hará?
- Por supuesto, Matt.
- Veamos, hora de la Tierra, Morphy no se levantará hasta dentro de un par de horas. Consiga que la historia aparezca en las telenoticias ahora mismo, si quiere, pero espere a después de la cena para enviar la corrección a través del rayo estanco; no hace falta despertarle. Su salud no ha sido buena últimamente, y ha estado trabajando mucho durante largas horas.
Además, pensó para sí mismo, no le haría daño a Morphy creer durante unas horas, si le llegaba la historia de las telenoticias primero, que había perdido a su chico de los recados. Podría darle algo que pensar, antes de que llegara la corrección secreta.
- Si lo quiere así, Matt...
- Sí. Y ahora si pudiera ir a mi habitación...
MUERTE PARA UN DUPLIE
Se desnudó y lavó sus ropas primero, para que estuvieran secas cuando se hubiera bañado. El baño le sentó estupendamente, como lo hicieron los pocos minutos que pasó bajo el masajista automático. Para cuando estuvo listo, su ropa estaba seca, sin arrugas, y con el aspecto de haber acabado de salir de la fábrica. El washtex, esta era la primera vez que lo probaba, iba a volverse realmente popular. Miró la confortable cama de sábanas limpias con deseo, y le hubiera gustado pasar unas horas en ella.
Sabía perfectamente bien que Pearson le disculparía en la cena si le explicaba lo cansado que estaba después del viaje desde la Tierra. Pero, bueno, admítelo, se dijo a sí mismo, quieres volver a ver a Marta independientemente de lo cansado que estés e independientemente de la actitud hacia ti que tenga esta vez.
Volvió a llenarse los bolsillos con las cosas que había sacado de ellos antes de lavar el traje, dudó si coger la electropistola que siempre llevaba en un bolsillo interior. Era un arma pequeña, simple y mortal, que pesaba sólo seis onzas, pero con la potencia de un rifle para elefantes y completamente silenciosa. Se encogió de hombros, comprobó el mecanismo y lo puso en su bolsillo.
Salió de la habitación y bajó las escaleras, las suelas de neoplast de sus zapatos no hacían ningún ruido en absoluto. Según se acercaba a la puerta de la biblioteca donde había mantenido su charla anterior con el embajador, y su embarazoso encuentro con Marta, oyó las voces de ambos elevarse un poco, pensó, sobre el nivel normal de conversación. Indudablemente estaban discutiendo sobre él; probablemente Marta estaba siendo reñida por las cosas que había dicho... y estaba replicando a su vez.
Le atrapó la curiosidad. Fisgoneando o no, tenía demasiadas ganas de oír lo que Marta tenía que decir de él para preocuparse, por el momento, de sus instintos de caballero. Dio unos pasos más hacia la puerta; ahora podía oír claramente lo que estaban diciendo. Si había una pausa en la conversación o si alguna de las voces se aproximaba a la puerta, podría echar a andar rápidamente y evitar que pareciera que estaba allí parado.
Marta parecía estar disculpándose por la escena que había montado. Matt Anders permaneció aun más callado; entrar ahora sería incluso más embarazoso que si hubiera entrado en mitad de la discusión.
Y de repente la voz de Marta cambió; se volvió fría de nuevo.
- Pero, Padre, eso no es lo que quería decirte. Es esto: la información que Matt Anders te ha traído... no debes presentarla en la conferencia de mañana.
- No sé de qué estás hablando, Marta. Puedo ver, por supuesto, cómo has podido suponer fácilmente la razón del viaje de Matt aquí. Pero ¿por qué dices...?
- Los Duplies tienen esa información, sí. Pero, ¿no se te ha ocurrido que no tendrán tiempo, para mañana, de preparar una refutación? ¿Qué no podemos dejarte presentarla?
- Yo no... ¿qué estás diciendo, Marta?
- Es muy simple, Padre. Quiero decir... esto.
Matt Anders había sido más lento de lo habitual. Debería haberlo captado cuatro frases atrás. Se movió rápidamente hacia el umbral, y su electropistola estaba en su mano cuando llegó allí. Demasiado tarde... a tiempo de ver el arco púrpura de la electropistola en la mano del Duplie de Marta Pearson saltar de su cañón al pecho del embajador. Su electropistola hizo fuego casi en el mismo instante.
Entró rápidamente en al habitación, cerrando de un portazo la puerta tras él. Había habido dos golpes sordos de cuerpos cayendo, pero dudaba de que el sonido hubiera sido oído en las habitaciones en las que los sirvientes estuvieran preparando la cena. Las casas de Venus están hechas de grueso hormigón, y el ruido de un golpe no llega fácilmente ni siquiera a la habitación contigua.
Ambos estaban muertos, por supuesto; no tenía que verificarlo. Una descarga de una electropistola no deja señal en un cuerpo, pero, no importa dónde dé, incluso en el dedo de un pie o de una mano, es tan mortal como un disparo directo de un enorme cañón espacial.
Sus labios se hicieron más delgados sobre sus dientes mientras contemplaba el bello cuerpo que había sido un Duplie de Marta Pearson. ¿Había sido un Duplie aquella tarde cuando la conoció por primera vez? Bueno, ya no tenía importancia.
Pero una cosa sí tenía importancia... y una importancia vital. ¿Había Pearson, antes de comenzar la conversación con la que creía que era su hija, dado a conocer la noticia de la muerte de Anders por conmoción cerebral? Si era así, Anders estaba en un lío del demonio. Pearson era la única persona que podía mandar un mensaje convincente por rayo estanco a la Tierra para contradecir el informe, y Pearson estaba muerto. Ni siquiera sabía donde estaba el transmisor de rayo estanco de Pearson; estaría escondido cuidadosamente en alguna parte y probablemente le llevaría horas encontrarlo. Y no tenía horas; los sirvientes que estaban preparando la cena la anunciarían pronto.
Y aquí estaba con dos cadáveres en sus manos... y nada en el cuerpo de Marta probaría que era un Duplie de ella en vez del original. Y su propia muerte había sido ya anunciada, él era el que iba a ser tomado por un Duplie, y disparado en cuanto le vieran por la policía venusiana. A pesar del hecho de que Venus se mantenía neutral en la guerra entre la Tierra y Marte, conocían el carácter de los Duplies y los odiaban casi tanto como los terrícolas. No se toleraban Duplies en Venus; los miembros del consulado marciano tenía que probar su origen y nacimiento, tenían que ser originales de los Duplies, no los mismos Duplies.
Y maldita sea Venus por vacilar, por negarse a tomar parte activa en una guerra contra cosas inhumanas que reconocen que son completamente malvadas.
Pero no había tiempo de pensar en eso ahora. Tendría que actuar, y rápidamente. Su ojos buscaron a su alrededor y encontraron el aparato de telenoticias sobre un pedestal en un rincón. La encendió de golpe, manipuló el dial hasta que encontró una emisora en la que empezaba un programa de noticias.
Uno o dos reportajes de la guerra, noticias que él ya sabía y que escuchó impaciente. Después:
- Hace media hora el embajador terrestre Pearson anunció que Matt Anders, ayudante personal del presidente Morphy de la Tierra, murió esta tarde como resultado de...
La apagó bruscamente; no necesitaba oír el resto. Y Pearson no habría mandado aun el mensaje de contradicción por rayo estanco. Había prometido esperar hasta después de la cena, y Pearson era un hombre de palabra incluso en las pequeñas cosas.
Se fue hacia la puerta y la cerró con el pestillo; eso le daría unos segundos de tiempo extra si un sirviente venía a anunciar la cena. Rápidamente, arrastró los dos cuerpos fuera de la vista detrás del sofá; eso le daría unos segundos más y una oportunidad de escapar si tenía que abrir la puerta.
Se sentó en una silla a pensar.
Era fatal permanecer en Venus. Sería fatal ir a la Tierra.
De repente se echó a reír. Todavía le quedaba Marte.
¿Y por qué no? Si pudiera atravesar el bloqueo... y otros lo han logrado...
Tengo un Duplie en Marte, pensó salvajemente. Intentaba reemplazarme si podía. Ahora los Duplies creen que esto muerto. ¿Y si le reemplazo yo a él?
Parecía una oportunidad entre un millar. Quizás entre un millón. O quizás sólo entre un centenar, dado que la ventaja de la sorpresa estaría completamente a su favor, con los Duplies sin siquiera sospechar lo que intentaría, dado que pensarían, tanto en la Tierra como en Venus, que Matt Anders era un fiambre.
De repente casi se alegraba de que no se hubiera enviado la contradicción por rayo estanco.
De repente era libre.
Morphy, pensó, has perdido a tu chico de los recados.
¿Cuántos minutos tenía? ¿Los suficientes para volver a disfrazarse como un anciano comerciante de piedras preciosas? Tenían que ser suficientes; de otro modo no podría llegar a su Espaciocéfiro en el espaciopuerto.
Ahora se movió deprisa. Teléfono. El espaciopuerto. Su voz sonó como la de un anciano.
- Soy Harvey Giles. Dueño del Espaciocéfiro SZ-1470. Me he enterado que debo volver rápidamente a la Tierra, mi hijo está muy enfermo. ¿Pueden tener mi nave lista en diez minutos? Gracias. Muchas gracias.
Los cadáveres. Un mejor trabajo para ocultarlos, tan oculto que no les verían a menos que alguien mirara deliberadamente debajo del sofá o sobre su espalda. El cuerpo de Marta era precioso. Malditos Duplies. ¿Estaba Marta viva en alguna parte? Era improbable, casi imposible. ¿Por qué iban a mantenerla viva una vez duplicada? Y una vez que el Duplie hubiera ocupado su lugar. Le habían mantenido vivo, pero sólo porque tenían que esperar hasta que su Duplie tuviera la oportunidad de sustituirle. Así que olvida a Marta; está muerta. Y afortunadamente, su Duplie también estaba muerta.
Dejó la puerta de la biblioteca abierta tras él.
En su habitación, abrió su portafolio con brusquedad, sacó su disfraz, la máscara de goma y la peluca. Se las puso, aunque no hizo un buen trabajo, pero pasaría una inspección superficial. Habían pasado cinco minutos desde que había salido de la biblioteca. ¿Cuánto faltaría para la cena? Y, ¿cuántos minutos a partir de entonces buscarían los sirvientes por la casa antes de llamar a la policía, o encontrarían los cuerpos y después llamarían a la policía?
Bajó las escaleras y su suerte siguió. Fuera, en la temprana noche. Un taxi pasaba y lo llamó. Se arriesgó a que fuera lo que parecía; pero su mano permaneció sobre su electropistola mientras montaba; y la dejó allí hasta que le dejó en el espaciopuerto.
Las habituales breves formalidades, la mirada superficial a su identificación y a él mismo. En la Tierra hubieran sido más estrictos. Pero la Tierra estaba en guerra y Venus no.
Su nave estaba lista, esperándole.
Despegue.
Por supuesto, subiendo en línea recta al principio; y cuando movió la manecilla de giro, volvió la pequeña nave hacia la Tierra. Probablemente tenían un radar rutinario que comprobaba que tomaba el rumbo que había dicho que iba a tomar; los interceptores tenían orden de desafiarle si no lo hacía. Además un viaje de ocho o diez horas hacia la Tierra le haría perder una o dos horas. Afortunadamente Marte estaba en la misma dirección en general a través de la eclíptica.
Afortunadamente también, tenía tabletas de benefrina para mantenerse despierto durante el viaje de cincuenta y cuatro horas a Marte. Uno no puede permitirse quedarse dormido en una nave monoplaza en el espacio, que resulta estar mucho más abarrotado con meteoritos y planetoides de lo que los viajeros con destino a la Tierra hubieran supuesto. Cuando llegara a Marte, tendría que dormir al menos veinticuatro horas bajo otra droga para contrarrestar los efectos de atiborrarse de benefrina, pero se preocuparía de eso cuando llegara allí.
Cuarenta y cinco horas después y a un millón de millas de Marte, llegó a la patrulla del bloqueo. El que le recibió ladró,
- ¡Identifíquese inmediatamente o abrimos fuego!
La guerra entre la Tierra y Marte era una guerra peculiar. La Tierra podría haber destruido Marte en cualquier momento, pero no lo hizo. La Tierra tenía bombas atómicas; los cientos de ciudades de Marte que albergaban a un billón de personas podrían ser barridas en una semana. Pero ese billón de personas eran colonos de la Tierra, amigos y parientes de casi cada familia de la Tierra.
Los Duplies, por supuesto, conocían esa afinidad emocional y contaban con ella. También apuntaban, con sabia propaganda, el hecho de que ellos no habían atacado a las ciudades de la Tierra ni tenían intención de hacerlo. Por supuesto no tenían intención de hacerlo... sin uranio para hacer bombas. Marte no tiene uranio, ninguna materia fisionable de ningún tipo. Y era una suerte para la Tierra que el Duplicador de Kingston hubiera explotado en cualquier intento de duplicar una sustancia fisionable, todo lo más los Duplies hubieran necesitado una pequeña porción de uranio que podrían haber duplicado infinitamente hasta que hubieran tenido suficiente para volar la Tierra del sistema solar. Y ningún sentido de la moralidad para evitar que lo hicieran.
Así que la guerra había tenido lugar en el espacio, en el que la Tierra tenía un sitio y un bloqueo alrededor de Marte, aunque los contrabandistas lo atravesaban a menudo. Y la guerra, desconocida para los ciudadanos, era también una guerra en la Tierra, una guerra de espionaje, propaganda, sabotaje de la moral, conducida por unos cuantos Duplies bien situados.
Y la propaganda marciana sonaba razonable, porque reclamaba que sólo querían que les dejaran en paz. Hubiera sido de lo más razonable, excepto que el billón de personas de Marte eran las víctimas del engaño de los Duplies, bajo su absoluto control.
Hacer propaganda entre los verdaderos colonos de Marte sobre la verdadera naturaleza de los Duplies hubiera sido la respuesta, pero los Duplies controlaban los canales de comunicación. Todas las radios y televisiones marcianas estaban sintonizadas con la gran estación emisora de Marsport; no podían recibir ningún mensaje de la Tierra o de las naves del espacio. Los marcianos estaban completamente aislados del resto del sistema, y no tenían más opción que creer la propaganda que los líderes les proporcionaban. Y sus líderes eran los Duplies. Los marcianos pensaban que estaban luchando una Guerra de Independencia contra la Tierra; ellos ni siquiera sabían que su independencia ya estaba garantizada y que ya eran un planeta libre y no una colonia.
Matt Anders continuó su camino. El siguiente aviso vino sólo unos segundos después:
- Identifíquese inmediatamente o abrimos fuego.
No era seguro ignorarlo. Apretó el botón del visiplato de dos vías para que el buque insignia que había lanzado el aviso tuviera comunicación tanto visual como auditiva. La cara de matón del capitán de corbeta Gresham apareció en la pantalla del pequeño Espaciocéfiro. Anders sabía que, en la corbeta, Gresham estaba viendo la cara de Anders con el disfraz quitado desde hacía tiempo.
Anders dijo secamente:
- Gresham, usted me conoce. Misión confidencial, de la máxima importancia.
Si conseguía entretenerle unos segundos más, pasaría. En ese momento probablemente no podían dispararle porque estaba entre ellos; treinta segundos más y estaría fuera de su alcance... si funcionaba su farol. Si tan solo pudiera hacer dudar a Gresham. Si tan solo Gresham no hubiera oído las noticias...
Gresham dudó. Su boca se abrió un poco, se cerró de repente, y después la volvió a abrir y dijo:
- Pero usted está...
No terminó, pero Matt Anders supo que Gresham había oído las noticias que el embajador Pearson había dado por las emisoras de noticias.
Pasaron dos segundos más, y entonces Anders supo que estaba a salvo, porque Gresham aun seguía mirándole. Entonces Gresham dijo:
- Pero, Anders, no hemos recibido ninguna noticia sobre esto. Debo pedirte que me informes en la corbeta para que te franquee el paso.
Y eso mató otros doce segundos. Gresham le estaba entreteniendo, dejándole pasar. Gresham era un Duplie. Lo que explicaba la relativa tranquilidad con la que los contrabandistas habían estado atravesando el bloqueo. Ahora Gresham, habiendo oído de su «muerte» en Venus, pensó que era él.
Con el rostro inexpresivo, Anders continuó entreteniéndole.
- Me temo, capitán, que eso es imposible. Son órdenes directas del presidente Morphy. Sugiero que lo chequee con él.
Gresham lo chequearía, para cubrirse las espaldas, pero aunque consiguiera ponerse en contacto con Morphy inmediatamente, habrían pasado bastantes minutos.
Ahora ya estaba fuera de su alcance, y con un suspiro de alivio apago la pantalla. Nunca hubiera pensado antes que se alegraría al darse cuenta de que algún oficial terrícola de alta graduación era un Duplie. Si Gresham no hubiera sido uno, aun podría haberse tirado un farol y pasar, pero hubiera sido mucho más difícil.
Aterrizó el Espaciocéfiro en un gran valle entre montañas marcianas, a unas ochenta millas de la principal ciudad de Masport. Era un lugar relativamente seguro para aterrizar la nave y dejarla; el valle estaba por encima del nivel de la atmósfera respirable, así que ningún marciano llegaría allí por una razón normal. Anders tendría que ponerse una mascarilla de oxígeno para bajar hasta el aire respirable, pero el Espaciocéfiro llevaba una. Su único peligro de ser avistado era desde arriba, y tendría que arriesgarse.
Necesitaba dormir; casi cien horas sin dormir, aun con la benefrina para mantenerle despierto, habían minado su estamina de tal manera que sus reacciones físicas y mentales eran lentas y no hubiera podido caminar ni media milla, incluso bajo la gravedad marciana, sin desplomarse. Necesitaba al menos veinticuatro horas de sueño bajo la droga que contrarrestaba la benefrina. Aquí, antes de dejar su pequeña nave espacial, en un punto al que ningún marciano iría, era el mejor sitio para hacerlo. Se tomó la contra - droga, se tumbó tan confortablemente como pudo, y se durmió en menos de un minuto.
Durmió durante más tiempo del que pensaba, casi treinta horas. Y cuando se despertó era de noche. Deimos y Fobos, las dos lunas de Marte, estaban en el cielo, pero daban muy poca luz. Tenía que usar una linterna y, una vez que estuviera a la vista en la carretera en lo alto de la montaña, sería sospechoso. Decidió esperar a la luz del día para cerrar su nave y bajar por la montaña a la carretera más cercana.
Esperó hasta el amanecer antes de dejar el Espaciocéfiro. La distancia que tenía que escalar, hacia arriba por un lado y hacia abajo por el otro, le habría llevado un día en la Tierra; en Marte, con una gravedad terrícola de.38, pesaba menos de sesenta libras, así que era fácil, aunque a veces también arriesgado, trepar. Había subido y vuelto a bajar antes del mediodía marciano. Tan pronto como estuvo lo bastante abajo para que hubiese bastante aire para ser respirable, escondió su máscara de oxígeno cuidadosamente en un lugar en el que pudiera encontrarla si vivía lo suficiente como para querer volver a la nave espacial. Después caminó hacia la carretera más cercana. Se quedó en el borde, esperando.
Afortunadamente, era una carretera poco frecuentada. Los coches pasaban a toda velocidad a intervalos de cinco o diez minutos, justo lo que él necesitaba. Esperó hasta que pasó un vehículo militar gris, sin que hubiera ningún otro coche a la vista. Se quedó quieto hasta que acabó de pasar ante él, y después sacó su electropistola y le disparó. Un flash púrpura salió del cañón de la pistola al coche que se alejaba a toda velocidad. Posiblemente a esa distancia, y dispersada por el cuerpo de coche, el shock del rayo podría no haber sido letal. Pero era un shock suficiente para hacer al conductor perder el control. El coche dio un viraje brusco, y los neumáticos chirriaron. El coche se ladeó y después se dio la vuelta. Anders corrió hacia él. Cuando llegó, su ocupante estaba muerto, su cabeza era un amasijo de sangre contra la columna de dirección rota. Llevaba puesto un uniforme de capitán... o lo que quedaba de él.
Anders esperó junto a los restos de coche, sabiendo que el siguiente coche militar no pasaría sin investigar. Los civiles lo harían; mantener las manos alejadas de cualquier cosa remotamente relacionada con lo militar formaba parte de sus estrictas órdenes en Marte.
Muchos coches civiles pasaron en los siguientes veinte minutos, reduciendo la velocidad por curiosidad, (pero fingiendo no estar reduciéndola), y con sus ocupantes mirando curiosos a los restos del coche y a Matt Anders, esperando allí tan tranquilamente. Pero ninguno paró.
Y después el premio que había estado esperando. Un coche gris que paraba, frenos chirriando, justo delante del coche y que después daba marcha atrás. Y el hombre dentro de él llevaba una insignia de teniente general; incluso podría ser un Duplie. El capitán había sido probablemente sólo un primo, y Anders lo había sentido. ¿Pero qué era una vida cuando billones estaban en juego?
El teniente general salió del coche gris y caminó hacia él con el ceño fruncido.
- ¿Qué es esto? ¿Y qué está usted haciendo aquí? ¿Quién es...?
El disparo de la electropistola de Matt Anders le alcanzó. No se iba a ganar nada con la conversación. Abrió la puerta de lo que quedaba del coche y empujó el cuerpo del Teniente General dentro de él. Eso alargaría la investigación un poco; quien quiera que encontrara a continuación el coche asumiría que los dos iban en él, con el capitán haciendo de chofer. No se buscaría inmediatamente un coche militar desaparecido.
Igualmente se metió en el otro coche tan rápidamente como pudo y se largó de allí a toda velocidad. Condujo veinte millas antes de encontrar una carretera lateral; se metió por ella, y tan pronto como estuvo fuera de la vista de la carretera principal, paró y miró en el compartimento de la documentación del coche. Encontró lo que más deseaba, un mapa de carreteras del área y un plano de la ciudad de Marsport. También encontró documentación suficiente para saber que estaba en el coche del Teniente General MacWheeler. El nombre de MacWheeler le era familiar, porque iba en el grupo original de Duplies enviados a Marte. El original MacWheeler en la Tierra, recordaba, había sido un experto en tecnología de cohetes.
Un Duplie menos ahora.
Estudió los mapas con atención, memorizando, para no tener que pararse en una carretera principal o entre el tráfico, la ruta a Marsport; la ruta más simple que le llevara a las cúpulas, los cuarteles generales de los Duplies. Aquí, más que en ninguna otra parte, encontraría a su propio Duplie. Más allá de eso, no podía hacer planes.
Según se acercaba al cuartel general de los Duplies, la insignia del coche que conducía, (que afortunadamente para él indicaba el rango de su propietario, no su identidad), probó su eficacia. Los centinelas se cuadraron, las puertas se abrieron. Aparcó el coche y se bajó, tratando de parecer natural mientras caminaba hacia las cúpulas.
El espionaje de la Tierra en Marte no tenía comparación con el espionaje de Marte (de los Duplies) a la Tierra. Conocía las cúpulas, pero no más allá del hecho de que eran los cuarteles de los Duplies, y que tenían un grosor de varias docenas de yardas y eran a prueba de bombas atómicas. Lo que significaba que si la Tierra se veía obligado a bombardear Marsport matarían a todo el mundo menos a los Duplies, los únicos que querrían matar.
Había media docena de cúpulas y no tenía ni la más mínima idea de a cuál dirigirse. ¿En cuál de ellas estarían los nuevos Duplies recibiendo orientación y adoctrinamiento?
No estaba solo; había otras personas en camino hacia y alrededor de varias cúpulas, y comenzó a observarlos, esperando encontrar una pista. Tendría que seguir observando hasta encontrar una. Podría ser un error fatal intentar entrar en la cúpula equivocada, y vio que todas estaban guardadas por centinelas en la única puerta de cada una.
Observó a la gente a su alrededor, estudiándolos tan cuidadosamente como pudo sin que lo pareciera. Algunos de ellos, particularmente aquellos que llevaban uniforme de alto rango, eran indudablemente Duplies. Los demás eran indudablemente marcianos normales, pero suficientemente adoctrinados por la propaganda Duplie para poder confiar en ellos más allá de toda duda. Muchos de ellos vestían ropas civiles. Unos pocos tenían trajes de washtex como el suyo, un hecho que le infundió valor.
La cantidad de mujeres, con uniforme o no, le sorprendió. Y algunas de ellos, vio, iban vestidas muy seductoramente. ¿Eran mujeres Duplie... y por tanto serían, igual que los hombres Duplies, completamente amorales? Había habido menos de un centenar de mujeres entre los primeros trescientos veinte duplicados para Marte. Pero quizás los Duplies habían estado deseosos de extender su cuota como para hacerse con mujeres para sí mismos, mujeres tan amorales como ellos. Jugó con el pensamiento, y un momento después estaba seguro de ello. Reconoció a una de las mujeres, una de las ligeras de ropa, como Mona Wayne, la más bella teleestrella de la Tierra. El Duplie de Mona Wayne, más bien; y ciertamente no había sido duplicada en Marte por su valor para el espionaje.
Era valiosa en otro sentido, indudablemente, aunque él personalmente prefería... Apartó su mente del pensamiento de Marta Pearson. Había pensado mucho en ella en aquellas cincuenta extrañas horas en el espacio de camino a Marte. Pero había habido bastante tiempo para pensar entonces. Ahora se tenía que concentrar en encontrar a su propio Duplie.
Trató de apartar su mente de ella... y justo entonces la vio.
O a su Duplie. ¿Otro Duplie de ella? Debía serlo, porque era inconcebible que el original, la Marta Pearson real hubiera sido traída a Marte. No había ninguna razón para ello, más bien todo lo contrario. Además, iba vestida, (uno podría decir desvestida), según el estilo de las mujeres Duplies. Y el estilo era suyo; tenía el cuerpo para eso. ¿Había sido duplicada por la misma razón por la que Mona Wayne, la teleestrella, había sido indudablemente duplicada? Él casi rechinó los dientes ante este pensamiento, pero después recordó que ésta era un Duplie. Había matado un Duplie de ella justo después de que éste hubiera matado a su padre; podría matar a éste con la misma facilidad.
Luego se encontraron de frente y ella le vio.
- Hola, Matt - le dijo tan casualmente que le sorprendió, hasta que recordó que había un Duplie de Matt Anders allí, y ella indudablemente le conocía y pensaba que estaba hablando con él. Y que tomara su presencia allí con tanta naturalidad probaba que su Duplie realmente estaba allí, y que estaba cerca de su objetivo.
Se las arregló para saludar y responder con la misma naturalidad, y se obligó a sí mismo a ir al siguiente paso de peatones sin mirar alrededor. Sólo entonces se volvió y miró atrás, encendiendo un cigarrillo para disimular que se quedara allí parado, y dejó que sus ojos la siguieran hasta que ella entró en una de las cúpulas.
Esperó unos minutos más y después caminó hacia la cúpula en la que ella había entrado.
DOS SON MULTITUD
Dos guardias de mirada fría estaban de pie uno a cada lado. En el momento en que se les acercó, uno de ellos, el que llevaba la insignia de sargento, se adelantó y le cortó el paso.
- La contraseña, señor - le dijo con cortesía pero firmemente.
Anders frunció el ceño y continuó avanzando hasta el punto en el que otro paso hubiera significado un contacto físico con el hombre que se interponía en su camino. Dijo irritado,
- ¡Maldita sea la contraseña! La he olvidado. Usted me conoce.
El guardia retrocedió rápidamente y una electropistola apareció de repente en su mano; también apareció otra en la mano del otro guardia. El primero dijo:
- Nuestras ordenes son pedirla tres veces. Si no nos dan la contraseña disparamos.
El otro dijo:
- Así es, señor Anders. Lo siente, pero ésta es nuestra segunda advertencia. La contraseña, por favor.
Matt Anders sabía que no podía sacar su arma a tiempo; justo estaba decidiendo el único rumbo posible que había y marcharse simulando enfado, esperando que no le dispararían por la espalda si no esperaba a la tercera advertencia.
Una mano cayó sobre su hombro. Una voz dijo:
- ¿Qué pasa, Matt?
Volvió su cabeza, decidiendo en una fracción de segundo que no mostraría sorpresa independientemente de quien estuviera a su lado: la voz le había resultado familiar aunque no podía ubicarla. Sean Charlton, cabeza del W.B.I., la Oficina Mundial de Investigación, el puesto más alto en el contraespionaje.
A pesar de su decisión, por un segundo su mente se tambaleó. Si Charlton, entre todos los terrícolas, era un Duplie... Y después se dio cuenta de que Charlton no era Charlton, el verdadero Charlton había sido duplicado de algún modo y este era su Duplie. Pero la sustitución todavía no había tenido lugar o el Duplie no estaría aquí; el Duplie Charlton debía estar aun en el periodo de adoctrinamiento, igual que el suyo.
- He olvidado la maldita contraseña, Sean. - dijo él.
Charlton se rió. Se adelantó y murmuró en el oído de Anders. Anders dijo:
- Gracias, Sean.
A los guardias les dijo:
- Hiroshima.
El guardia más cercano frunció el entrecejo.
- Esto es muy irregular. Él se lo ha dicho.
Anders sonrió.
- Chorradas, sargento. Usted no le ha oído decírmelo; sólo lo supone. Además, está bien... sólo que no podía recordar si era Hiroshima o Nagasaki, y temía que si decía la incorrecta me dispararían, así que lo estaba alargando. Justo ahora he recordado cuál de las dos era.
Debió sonar razonable; el sargento se encogió de hombros. Retrocedió y guardó su arma; el otro guardia guardó la suya.
El Duplie de Charlton y Anders entraron en la cúpula juntos. El Duplie dijo:
- Eres un tipo afortunado, afortunado porque he llegado justo a tiempo. Lo bastante afortunado como para ser el último de los Duplies.
¡El último de los Duplies! ¿Qué demonios quería decir Charlton con eso?
No se atrevió a preguntar, pero tendría que averiguarlo. Estaban pasando delante de un directorio del edificio de la cúpula; Anders lo miró por el rabillo del ojo y trató de encontrar su propio nombre en la A. Lo vio, pero iban demasiado deprisa para ver el número de habitación que le seguía. De todos modos, tenía una habitación allí; ya sabía eso. Y probablemente su
Duplie estaba allí ahora mismo. ¿Posiblemente con el Duplie de Marta Pearson? ¿Por casualidad había venido ella allí para verle? Era posible, pero sólo eso; como un relativamente nuevo Duplie probablemente ella tenía una habitación aquí también.
De todas maneras, no quería ir a su habitación en ese momento; primero quería descubrir, si podía, qué había querido decir Charlton con lo de «el último de los Duplies».
- Vamos a tu habitación, Sean. Me apetece charlar un rato. - dijo.
- Muy bien, tomaremos una copa.
Cuando entraron en el ascensor Anders vio que había botones para ocho pisos; los superiores serían pequeños en área por la forma de cúpula del edificio. Charlton apretó el botón del cuarto piso.
Charlton preparó las bebidas en la habitación.
- Me encontré a tu amiga Marta fuera de la cúpula de Comunicaciones, - dijo - ¿Has tenido problemas con ella? Actúa de manera diferente desde que volvió esta mañana.
Anders quería preguntar de dónde había vuelto, pero no podía arriesgarse a hacer preguntas de las que probablemente se suponía que sabía las respuestas... especialmente después de que Charlton le hubiera tenido que decir la contraseña que había «olvidado». El Duplie podía sumar dos y dos y descubrir la verdad. Dijo como si tal cosa,
- Sí, parece un poco diferente. No sé por qué.
- Supongo que el viaje en las naves que rompen el bloqueo es duro. No te preocupes; estará bien en cuanto descanse. Al parecer las cosas se liaron allá arriba.
- No conozco los detalles, - dijo Anders. - ¿Y tú?
- No, excepto que se salió una rueda en alguna parte; tuvo que matar a su original junto con el viejo, así que no puede sustituirla. No tuvo oportunidad de deshacerse del cadáver a tiempo. Así que la volvieron a traer.
Un latido empezó a golpear las sienes de Matt Anders. Supo que la Marta Pearson que había matado era un Duplie. Y esta Marta, la que había visto entrar en la cúpula, acababa de llegar esta mañana en una nave de contrabandista, no por medio de la duplicación. Sería posible...
Charlton estaba diciendo,
- Bebe, prepararé más.
Cogió la copa de Anders.
- Sí, eres un tipo afortunado, Matt. El último Duplie.
¿Cómo podría conseguir información sobre eso sin preguntar? Si los Duplies habían parado la duplicación, parado por completo, eso significaba algo importante, condenadamente importante. ¿Un cambio de planes? ¿Un ataque final?
- Menudo plan, ¿eh? - dijo.
Charlton volvió con un vaso.
- No puede fallar. Ni siquiera podrán devolver el golpe desde la Tierra. Oh, la flota del bloqueo probablemente lleva unas cuantas bombas atómicas, pero Gresham está a cargo de la flota... y por si nadie te lo ha mencionado, es uno de los nuestros. Si no puede robarlas, se rendirá sin lanzarlas una vez que la Tierra sea derrotada. Si no puede... bueno, la flota no tiene tripulación suficiente para hacernos más de un 10% del daño, contra el 90% que nos haría la Tierra. - Se rió. - ¡No hay una ciudad con menos de cinco mil habitantes que no tenga un Duplicador! Y hay docenas de ellos en cada gran ciudad. Imagina una bomba atómica saliendo simultáneamente de cada Duplicador de la Tierra. Habrá un enorme «bang». Y bastante radioactividad en el aire para matar todo lo que quede. Ese es el único fallo del plan: que pasarán muchos años antes de poder ocupar la Tierra. Esa radioactividad durará mucho tiempo.
Anders estrechó sus labios sobre sus dientes en lo que esperaba que fuera un sonrisa. A los Duplies, probablemente al propio Duplie de Kingston, se les había ocurrido algún cambio en el final del transmisor del Duplicador Kingston que permitía a la bomba atómica ser enviada desde un transmisor sin que explotara. Y si explotaba en el receptor... bueno, eso era lo que querían de todos modos.
Y ese sería el fin de la Tierra. ¿Y qué podía hacer él aquí solo? ¿Habría algún modo de conseguir más detalles sin descubrirse? Al diablo con eso, pensó de repente. ¿Qué importaba si despertaba las suspicacias de Charlton, aquí a solas con él en su habitación? ¿Por qué no tomar un atajo? Significaría que tendría que matar a Charlton, pero eso sería un placer... parecido sólo a matar a su propio Duplie. Los Duplies no eran personas.
Terminó su copa y posó el vaso con cuidado. Luego, de repente, la electropistola estaba en su mano, apuntando al Duplie. Anders dijo con tranquilidad,
- No te muevas.
Charlton no se movió, sólo sus ojos se agrandaron.
- ¿Qué...? - Y luego, con una voz diferente. - Ya lo entiendo. Y te di la contraseña.
- Y ahora me vas a dar información. No tengo tiempo de andar investigando. Dame el resto de detalles del plan.
- Si te lo digo, me matarás de todos modos.
- Quizás no. Quizás te deje inconsciente y te ate. Lo decidiré después. Pero si no hablas te mataré ahora mismo. ¿Quieres hablar?
Charlton se humedeció los labios.
- Está bien, de todas maneras no podrás hacer nada. ¿Qué quieres saber? - preguntó.
- ¿Cuándo?
- Esta noche, compañero. Esta noche. Está a punto de pasar. No podrás hacer nada de nada.
- ¿Cómo consiguió Kingston, o quien quiera que fuera, ajustar los transmisores para enviar bombas atómicas?
- No soy un técnico. No lo sé. Pero sé que pueden hacerlo, lo han hecho. ¿De dónde crees que sacamos el uranio? Lo único que conseguimos en Calypso fue una libra antes de que conquistarais nuestra base allí. Pero Kingston y su equipo encontraron el fallo del aparato. Hay un añadido que pusieron en una máquina que permite transmitir y recibir elementos radiactivos. Difícil de manejar, pero funciona. Duplicaron la libra de uranio hasta conseguir bastante para hacer tres jugosas bombas. Y tienen tres transmisores, cada uno ajustado para duplicar simultáneamente en todos los Duplicadores Kingston de la Tierra. Están estableciendo las pautas ahora. ¿Puedo tomar una copa?
Anders asintió; quería ganar tiempo para pensar que más preguntar. Buscó un fallo en lo que el Duplie le había contado... y observó cuidadosamente mientras Charlton se servía una copa bien seca y se la tomó de un trago.
Anders dijo:
- Esto no ocurre de repente. Algo así requiere tiempo. Y elimina la necesidad de espionaje. Así que, ¿por qué hace sólo unos días vosotros los Duplies me atrapasteis en Venus? Con un reto como ese a la vista, ¿qué significaba Matt Anders para vosotros?
- Hay tres respuestas para ello. La primera, que, aunque hemos trabajado en esto durante meses, los tests finales no dieron resultado positivo hasta ayer. La segunda, que hemos continuado con las actividades de espionaje por la simple razón de que si las deteníamos entonces de repente, algo podría escapársenos; seguimos con todos nuestros planes previos. Tres, y esto es en tu caso particular sólo, el Jefe quería un Duplie tuyo... para servirle en Marte como has servido a Morphy en la Tierra. Se suponía que ibas a ser, quiero decir, tu Duplie iba a ser su matón. No iba a sustituirte; iba a quedarse aquí y ayudar a mantener Marte a raya.
Anders soltó una palabrota. Tenía sentido, las tres razones tenían sentido. Y explicaban un montón de cosas.
- ¿Dónde están los tres Duplicadores que van a enviar las bombas a la Tierra?
- No lo sé.
Anders alzó el cañón de su arma levemente. Charlton dijo rápidamente,
- Te digo que no lo sé. Nadie lo sabe, excepto unos pocos de nosotros asignados para hacerlos funcionar. Y ya sabes que yo no sería uno de ellos, porque no distingo un extremo del Duplicador del otro. Ya sabes que no soy un técnico.
Tenía razón en eso, aunque quizás mentía. Charlton dijo:
- Escucha, usa tu cabeza. Esa información sería alto secreto... por si acaso ocurriera algo como esto. ¿Por qué le dirían a nadie dónde están las máquinas? Dudo que nadie, del Jefe para abajo, sepa dónde están todas las máquinas. Están en lugares diferentes, a cientos de millas de distancia. Por si acaso hay un espía entre nosotros... y los hay maldita sea, como acabo de descubrir... y no pueda enviar un mensaje a la flota del bloqueo y que sean bombardeadas antes de que estén listas.
Tenía sentido. Sentido al estilo Duplie. Con tres máquinas muy separadas unas de las otras, cualquiera de ellas sería suficiente, con una bomba atómica cada una, para duplicarla sin fin. Y eso era por lo que Charlton había hablado enseguida, sabiendo que no podría dar la información final más vital incluso bajo presión.
Anders se puso en pie. ¿Debía tomarse el tiempo de dejar al Duplie inconsciente y atarlo? O simplemente...
Charlton se puso de pie también; estaba un poco borracho. Debía haber estado bebiendo mucho antes de encontrarse con Matt, o no le habrían afectado tanto las pocas copas que había tomado ahora, aunque la última había sido una doble y sin hielo ni agua.
- Muy bien, Matt. Ha sido una buena broma; me has devuelto la que yo te hice ayer. Y la he seguido por ti. Ahora estrechémonos las manos, ¿eh? - dijo.
Dio un paso adelante con la mano extendida, y después el paso se convirtió en un gesto rápido para coger la pistola... demasiado tarde. La pistola se iluminó, y le dio en lo alto de la cabeza a un pie de distancia. Le había ahorrado a Matt Anders tener que decidir qué hacerle, y de un modo que Anders aprobaba totalmente.
Anders salió rápidamente y volvió al ascensor. En el primer piso, esta vez solo, se paró a mirar el directorio. Vio su propio nombre de nuevo y esta vez también el número de habitación, 518. Marta Pearson, 310.
Pulsó el botón para ir al tercer piso de la cúpula. Llamó a la puerta del 310.
Entró rápidamente en cuanto Marta abrió la puerta, haciendo que ella tuviera que dar un paso atrás para evitar que la arrollara.
Tenía que averiguar cosas rápidamente, y había un atajo, a pesar de que iba a ser rudo. Mientras cerraba la puerta tras él, la sonrió y la hizo una pregunta dicha de manera tan grosera que sólo una prostituta o una mujer Duplie podría dejar de sentir. El rubor apareció en la cara de Marta y su mano se lanzó hacia él.
Atrapó su mano.
- Lo siento, tenía que hacerlo. Mis disculpas. Pero no eres un Duplie. Una mujer Duplie no se hubiera ruborizado, incluso ante eso. - dijo.
Ella liberó su muñeca y retrocedió.
- Marta, yo tampoco soy un Duplie. Tenemos que trabajar juntos, y deprisa. Va a pasar algo en la Tierra esta noche. Si hacemos público lo que sabemos sobre este sitio, tendremos una oportunidad de detenerlo. - dijo él.
Ella respiraba con fuerza, con los ojos muy abiertos.
- Muy bien, me has cogido. No soy un Duplie, pero tú sí. Y...
No había estado mirando sus manos, y no había supuesto que un traje tan escaso como el que llevaba ella pudiera tener un bolsillo que contuviera una electropistola, aunque fuera una tan pequeña como con la que ella le apuntaba. Era sólo de la mitad de tamaño de la suya de seis onzas, pero era igualmente mortal, aunque una de ese tamaño sólo tenía doce cargas.
Él tuvo cuidado de no moverse adelante ahora.
- Marta, tienes que creerme. Mucho depende de ello. Si fuera un Duplie, ¿por qué te habría dicho que no lo era?
Su voz era fría ahora.
- No lo sé. ¿Cómo puedes probar que no lo eres? Aun no te creo.
Lo pensó con rapidez.
- Llama a la habitación 518. Encontrarás a mi Duplie allí, espero. Pídele que baje.
De todos modos tenía algo que resolver con su Duplie.
- Espera. Date la vuelta.
Ella caminó detrás de él cuando se volvió; sostuvo el cañón de la pistola contra su espalda, mientras buscaba y encontraba la electropistola en su bolsillo. Después retrocedió de nuevo.
- Muy bien, te daré esa oportunidad. Camina hacia la esquina donde te pueda vigilar mientras llamo.
Caminó hacia la esquina antes de volverse. Ella estaba junto al altavoz - receptor de la pared cerca de la puerta; ella ya había pulsado el botón y la oyó dar el número de habitación. Oyó su propia voz decir,
- Al habla Anders, - por el comunicador.
- Marta Pearson. ¿Puedes bajar a mi habitación un momento?
- ¡Marta! No sabía que habías vuelto. Por supuesto que ahora bajo, pero estaré sólo unos minutos. Estoy haciendo un informe sobre Venus. Tengo que terminarlo para el Jefe, un trabajo duro. Te veo tan pronto como llegue.
Ella apretó el botón de nuevo. Pero el arma no se movió.
- Muy bien, quizás Matt Anders tiene dos Duplies. Y si sólo tiene uno, ¿cómo puedo saber cuál...?
- No puedes, - respondió él. - Pero escucha, el tiempo es oro, y tenemos un montón de notas que comparar: no me moveré y tienes una pistola apuntándome. Pero mientras esperamos podemos ahorrar tiempo si me cuentas qué te pasó en Venus. ¿Fuiste tú la que me hizo pasar un mal rato con la batalla de Calypso... o era tu Duplie, la que maté justo después de que ella hubiera asesinado a tu padre.
- Esa era yo. Espera, ¿por qué debería contarte nada hasta que sepa que no eres...?
- Porque no tienes nada que perder. Siempre puedes matarme después de habérmelo contado. Y nos ahorrará tiempo. Además, incluso si piensas que soy un Duplie, tú ya me has dicho que no lo eres, así que, ¿qué importan unos detalles más?
Ella lo pensó unos segundos.
- Muy bien. Fui yo quien te echó la bronca. Luego, salí fuera a dar un paseo. Permanecí fuera hasta que fue la hora de cenar, porque no quería discutir con Papá por lo que te había dicho. Me retrasé un poco y entré por la puerta de atrás, porque me pillaba más cerca. Entré en la biblioteca y me sorprendió no ver a nadie. Comencé a encender un cigarrillo y el encendedor se me cayó; era redondo y rodó debajo del sofá y...
- Encontraste los cadáveres.
- Sí. Por supuesto supe que el mío era... un Duplie. Supongo que me entró el pánico; estaba asustada y quise salir de allí, no quise quedarme ni siquiera el tiempo suficiente para usar el comunicador. Hay una estación de seguridad a dos manzanas de allí y supongo que corrí allí a buscar ayuda. De todos modos salí corriendo por la puerta principal. Y un taxi que había estado aparcado al otro lado de la calle hizo un cambio de sentido y paró en el instante en que salí por la puerta, y alguien dijo «¡Sube!» Había dos Duplies en el coche, un hombre y una mujer. Sabía que me dispararían si corría, e incluso si volvía a la casa. Así que me senté en el asiento de atrás. De repente mi miedo desapareció y me sentí calmada. Por cierto, creo que sé cuándo me duplicaron. Tuve un accidente hace tres semanas, me atropelló un taxi y se dio a la fuga, creo, y quedé inconsciente. Debieron llevarme a un Duplicador mientras estaba desmayada.
- Entonces debieron enviar tu Duplie como asesina, no con intención de sustituirte con ella. No lo entiendo, cualquier asesino hubiera servido. - dijo Anders.
- No. Por lo que dijeron después, intentaron sustituirme. El coche había estado esperando enfrente para interceptarme cuando volviera a casa. Si hubiera entrado por la puerta principal en vez de por la de atrás, me hubieran secuestrado y asesinado, y mi Duplie se hubiera quedado... y nunca hubiera sido sospechoso de asesinar a Papá, por supuesto. Pero... dijiste que habías matado a mi Duplie. Y volví por donde no debía, así que las cosas les salieron mal. Condujeron hasta llegar a su nave, una nave de bloqueo, y bueno, llegamos aquí esta mañana. Pude aprender de ellos lo suficiente en el viaje aquí para... para arreglármelas hasta ahora.
- ¿Pero por qué? Quiero decir, ¿no trataste de escapar de ellos antes de partir para Venus?
- No lo sé, quizás hubiera podido hacerlo. - Sus ojos brillaron. - No lo intenté. Creí que aquí quizás...
- Podrías matar unos cuantos Duplies antes de que ellos te mataran. Esa era también mi idea más o menos. Pero hay algo más grande en juego, Marta. Algo que...
Se paró de repente y puso un dedo sobre sus labios; había oído un débil ruido de pasos fuera en el pasillo. Después llamaron a la puerta. Anders retrocedió en la esquina y se quedó muy quieto.
Marta Pearson deslizó su pistola en el bolsillo del que la había sacado, pero mantuvo su mano en ella; mientras abría la puerta, permaneció observando a Matt Anders con el rabillo del ojo.
El Duplie de Matt Anders entró.
VACACIONES DE DESCONTAMINACIÓN
- ¡Marta, cariño! - mientras cerraba la puerta tras él. - Es maravilloso tenerte de vuelta. - Y se adelantó para abrazarla. - dijo él.
Pero Marta retrocedió alejándose de él aun más deprisa, sacó el arma de su bolsillo y le apuntó:
- Mira detrás de ti, - dijo ella. - Y no hagas más movimientos.
El Duplie volvió su cabeza y vio a Matt Anders. Sus ojos se agrandaron y a pesar de la amenaza del arma en las manos de Marta, su propia mano se metió en el bolsillo del abrigo y sacó la electropistola que su compañera Marta acababa de quitarle a Anders. Él dijo:
- ¡Marta! Este no es un Duplie, es mi original. Voy a...
Iba, pero no fue. La pistola en la mano de Marta Pearson se iluminó primero.
Había estado cerca; había sudor en la frente de Anders mientras se movía desde el lugar donde había estado esperando en la esquina.
- Siéntate; tenemos que hablar rápido, y después actuar rápido... o tratar de hacerlo. Escucha, esto es lo que sé, lo que me ha contado el Duplie de Sean Charlton, desde que llegué aquí. - dijo.
Se lo contó rápidamente.
- ¿Puedes confirmarlo... o añadir algo?
La voz de ella era casi un susurro.
- Yo... supongo que es así. No sabía tanto, pero las pocas cosas que he oído encajan en la historia. Que ellos tienen ya tres bombas atómicas, y que se ha planeado algo grande para esta noche. Que han ajustado duplicadores de manera que puedan duplicar uranio. Pero no sabía que podían enviar las bombas a la Tierra y hacerlas explotar... Oh, Matt, es terrible.
Él asintió con preocupación.
- ¿Algo más? ¿Algún detalle que puedas añadir?
- Bueno... sí, pero no veo cómo puede ayudar. Cuando se envían seres humanos a través de Duplicadores que están manipulados para enviar uranio... no salen como Duplies; los duplicados son seres humanos también. No monstruos amorales.
- ¿Pero cómo...? ¿Por qué iba eso...?
- Suponen que en el cerebro humano, en alguna parte de él, hay partículas submicroscópicas de... de materia fisionable, igual que hay diminutas cantidades de muchas otras substancias en el cuerpo. Demasiado pequeñas para ser detectadas. Y al duplicar un ser humano en un Kingston normal, esas partículas submicroscópicas explotan y dañan una parte del cerebro. Esa parte que alberga... bueno, la empatía, la piedad, la humanidad... como quieras llamar a esa cualidad que diferencia a los seres humanos de los monstruos sin alma.
Anders asintió lentamente. Parecía explicar algo que le había desconcertado a él y a todos los demás, si vamos a ello, durante mucho tiempo. Y eso quería decir que si en cualquier otro momento surgía una situación en la que fuera legítimo y ventajoso duplicar seres humanos, podría hacerse sin crear monstruos.
Pero de momento ese conocimiento no parecía ayudar.
- Marta - dijo - ¿sabes algo de cómo están las cosas aquí? ¿Para qué es cada cúpula aparte de ésta? ¿Dónde están los cuarteles generales?
Ella sacudió la cabeza lentamente.
- Sólo conozco la Cúpula de Comunicaciones... es la pequeña, y sé que sólo permiten la entrada a Duplies y que sólo usan Duplies como guardias.
Él se adelantó ansioso.
- ¿Es la fuente de la emisión que reciben los marcianos? ¿El centro de propaganda desde el que envían todos sus programas de consumo local?
- Sí. Uno de los dos Duplies que me trajo desde Venus había trabajado allí. Había sido un presentador de noticias y... sí, allí es desde donde emitían. Y creo que controla también las comunicaciones con la Tierra.
- Vamos entonces.
Él recogió su electropistola de encima de la cama, dónde la había lanzado Marta, y luego cogió el duplicado de la misma que su Duplie había dejado caer.
- Quieres decir...
- Sí, tomaremos las comunicaciones. Quizás podamos enviar un mensaje a la Tierra. Al menos podemos hablar a los marcianos... los marcianos de verdad. Y contarles cómo están las cosas.
- Oh, Matt, ¿crees que podemos...?
De repente ella se echó a temblar, y él puso sus brazos a su alrededor para calmarla. Después sus labios se encontraron y los brazos de ella le rodearon. De repente ella le apartó; había lágrimas en sus ojos, pero estaba riendo.
- Muy bien, Matón, - dijo ella. - Vamos. Los negocios primero, si sobrevivimos.
- Sobreviviremos, - dijo él, y se preguntó cuáles eran en realidad sus posibilidades. - Cambia la cara. Simplemente estamos dando un paseo... hasta que lleguemos a la puerta de la Cúpula de Comunicaciones.
Tenían el ascensor para ellos solos. Él le preguntó,
- ¿Cuántos Duplies estarán en el edificio? ¿Alguna idea?
- No he estado en él. Supongo, por lo que he oído, que no más de una docena más o menos. Parece más grande por fuera de lo que es. Sus muros son de casi cien pies de grosor; es el más a prueba de bombas de todos, aparte del Cuartel General.
Siguieron su camino hasta la cúpula más pequeña. Los dos guardias que estaban ante su puerta llevaban uniformes con insignia, de la más alta, uno un coronel y otro un mayor, ambos Duplies. Nadie más estaba cerca, y Matt Anders esperó sólo hasta estar a diez pies de distancia, antes de que le requirieran la contraseña. Las manos de ambos descansaban sobre sus armas, pero no las desenfundaron... y nunca llegaron a hacerlo. La mano de Anders se había metido en su bolsillo interior con la inocente apariencia de quien busca un cigarrillo... después la electropistola disparó dos veces. Los guardias cayeron.
Luego Marta y Anders entraron corriendo por la puerta, siguieron por el largo túnel que atravesaba los gruesos muros. La puerta en el extremo interior del túnel era enorme, de acero de berilio y probablemente rellenada con plomo para bloquear la radiación, de ocho pies de grosor. Pero se movió suavemente en sus bisagras.
- Mantente de espaldas a mí. Observa. - le dijo a Marta mientras la volvía a cerrar y se acercó a ella. Aplicó su electropistola a la superficie interior... el tremendo voltaje debería cortocircuitar cualquier mecanismo en la puerta que pudiera permitir abrirla desde fuera. Probablemente también desde dentro... en cuyo caso estarían atrapados.
Después se volvió. La pistola de Marta estaba brillando en su mano y vio la figura de un Duplie, que había salido de una puerta más adelante, caer de repente.
- No creo que hayan dado la alarma... aun. - la susurró. - Quítate los zapatos. Yo tengo suela de goma en las mías... y aquí... - Él le dio la otra electropistola, más grande que la de ella. - Tenemos que ir de cacería.
La cacería les llevó quince minutos. El interior de la cúpula, comparado con su tamaño exterior, era diminuto, menos de una docena de habitaciones; encontraron y mataron a siete Duplies y el lugar fue suyo.
La sala de control principal. Anders apuntó al enorme banco de condensadores, similar a la relativamente pequeña que había visto controlar el Duplicador Kingston en Venus.
- ¡Energía! - dijo él. - Somos independientes. ¡No pueden cortarnos la emisión!
Encontró el micrófono, un presentador de noticias Duplie que había estado usándolo permanecía muerto frente a él. Había estado funcionando y el locutor lo había usado hasta detenerse en mitad de una frase.
- Ciudadanos de Marte, - dijo él. - Ciudadanos de Marte que no son Duplies, soy Matt Anders, hablo en nombre del Presidente Morphy de la Tierra. Escuchen, es de vital importancia...
Les contó la historia simplemente, todo lo que sus propios locutores y fuentes de información les habían negado desde el comienzo de la guerra... y antes. Les contó los planes de los Duplies de destruir la Tierra, de un solo golpe, esa misma noche.
-...No, no sé dónde están los tres Kingston preparados para enviar bombas atómicas. Algunos de ustedes probablemente lo sepan, es decir, saben que un nuevo y ultra - poderoso Duplicador ha sido instalado y es celosamente guardado. Algunos de ustedes sabrán dónde está el otro, otros sabrán dónde está el tercero. Aplástenlos por el bien de la Tierra, su planeta materno. Maten a los Duplies y tomen el control. Ya les he dicho lo que son en realidad, cómo les han engañado...
Y se lo dijo una y otra vez. No trataba de ser elocuente, simplemente mostrar los hechos, los hechos puros que los colonos marcianos no habían podido oír. Machacando sobre esos hechos una y otra vez. Añadiendo detalles, detalles circunstanciales que los harían creíbles.
Estaba rodeado de paneles con interruptores, pero no se arriesgó a tocar ninguno. Sabía que el micro con el que hablaba estaba conectado y dirigido a todos los receptores privados marcianos, no se arriesgó a probar para conseguir más. Quizás podría haber alcanzado la Tierra con su mensaje, quizás podría haber alcanzado a la flota y haberles convencido de que su comandante era un Duplie. Pero no distinguía un interruptor de otro y no se arriesgó.
Habló, machacó los hechos. Quizás la Tierra o la flota de bloqueo estarían monitorizando la emisión y les llegaba de todos modos; si no, no iba a arriesgarse a cambiar nada. Habló a la gente de Marte. Habló hasta quedarse afónico, y después dejó que Marta le sustituyera un rato, luego volvió a hablar él, afónico y todo, repitiendo, machacando, argumentando, suplicando...
Había perdido el sentido del tiempo cuando pasó... lo que había estado deseando, lo que probaba que estaba teniendo éxito. Hubo un sonido que iba más allá de cualquier sonido, y la cúpula se sacudió. Cayó al suelo igual que Marta; la ayudó a levantarse, con la cara brillándole exultante, y volvió al micrófono.
- ¡Gracias, ciudadanos de Marte! Ahora sé que me creéis, que estáis haciendo algo al respecto. Los Duplies acababan de lanzar una de sus tres bombas atómicas sobre esta cúpula. ¡Lanzarán las otras dos! Están perdiendo Marte, ahora que sabéis la verdad, y están intentando detenernos. Es más importante para ellos controlar Marte ahora mismo, que destruir la Tierra. Mientras los destruís. Conocéis a la mayoría. Si se os escapan algunos, pueden ser atrapados después. Ellos son unos pocos centenares y vosotros billones. Podéis...
De nuevo se sacudió la cúpula. Era la segunda bomba. Lanzaron la tercera también. Tenían que intentarlo; tenían que ver si tres bombas seguidas en el mismo punto romperían las defensas que ellos mismos habían creado contra las bombas atómicas. ¡No podían dejarle seguir hablando a la gente de Marte! Los Duplies eran realistas; sabían que no les serviría de nada destruir la Tierra en venganza, si perdían el control sobre su propio planeta entre tanto. Tenían que detenerle.
La tercera bomba cayó antes de que él y Marta se hubieran levantado tras el impacto de la segunda. Trozos de hormigón cayeron cerca de ellos esta vez, pero la cúpula aguantó. Y habían ganado. Los Duplies no habrían desperdiciado ninguna de sus bombas en ellos a menos que su emisión estuviera funcionando, no habrían gastado las tres si la situación no fuera desesperada. Los marcianos se estaban volviendo contra sus amos Duplies.
Pero no abandonó; obviamente había marcianos que aceptaban los hechos que les había estado contando, pero podía haber otros que no. Los que lo habían creído, dado que habían actuado tan rápidamente, debían haber sospechado antes al menos parte de la verdad a pesar de la cortina de propaganda que les había aislado del exterior, pero los otros... Volvió al micrófono, se mantuvo en él.
Durantes muchas horas. Finalmente dijo:
- Marta, si esto no funciona, nada lo hará. Vamos a intentar averiguar qué está pasando. ¿Hay algo por aquí que te parezca un receptor? Tiene que haber otras emisoras en otras ciudades. Si los colonos las controlan...
Regresó al micrófono y dijo lo que iba a hacer.
- Intentaré recibir algún mensaje ahora.
Lo encontró.
- Anders, llamando a Matt Anders. Si me oye, corte el micro y podremos comunicarnos en dos direcciones, todavía le tengo sintonizado en el receptor.
- Al habla Anders, - dijo en el micrófono.
Marta estaba sosteniendo el receptor que había encontrado y subiéndole el volumen lo suficiente para que él oyera.
- Te escucho. Dime. ¿qué está pasando ahí fuera?
- La revuelta contra los Duplies ha tenido éxito. Los tenemos a todos excepto a algunos que están escondidos en las cúpulas. Ha habido unos pocos heridos en el área de las cúpulas de Marsport; estábamos rodeando las otras cúpulas cuando lanzaron esas bombas. Pero tenemos cordones alrededor de la zona contaminada; ningún Duplie saldrá con vida. Hay un informe de la flota de bloqueo; su emisión fue monitorizada desde allí, escuchada por el Duplie de su comandante y por los otros. Trató de ordenar a la flota que lanzara sus bombas contra la cúpula de comunicaciones en la que está, pero le detuvieron, está bajo arresto en su nave. El hecho de que diera la orden de bombardear la cúpula de la que procedía la emisión convenció a los oficiales bajo su mando de que era un Duplie como usted había proclamado. La flota ha aterrizado en paz a las afueras de Marsport y ahora está ayudando en las operaciones de limpieza. Habrá... hay paz entre Marte y la Tierra. Muchos de nosotros ya sospechábamos al menos algunas de las cosas que nos contó de nuestro gobierno. Nos alzamos rápidamente en cuanto supimos la verdad. ¿Me escucha bien?
- Le escucho - dijo Anders. - Creo que nos hemos sellado a nosotros mismos aquí dentro. ¿Cuándo podrán sacarnos?
- No intenten salir. Hay comida, agua y licor en la cúpula. Todo el área de las cúpulas, y especialmente su cúpula tras tres impactos directos, está contaminada con la radiación. Trabajaremos en la descontaminación pero... lo siento, me temo que pasará una semana antes de que sea seguro tratar de abrir la puerta de la cúpula por ninguno de los dos lados.
Matt Anders sonrió y se volvió para mirar a Marta Pearson.
- No se preocupen, no tengan prisa. Creo que tengo una semana de vacaciones por delante... y creo que puedo encontrar formas de pasar el tiempo. - dijo.