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julio poder

comida caliente (es)

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Alicia apenas tenía 19 años de edad, cuando descubrió la miseria y la peor desesperación que un ser humano podría experimentar. Sus sueños se habían convertido en una utopía, algo difícil de alcanzar, y pasó de tenerlo todo a tener que luchar por las cosas más esenciales como un lugar donde dormir y algo que comer, al menos una vez al día.
No había sido error de ella, no tuvo nada que ver con sus acciones o comportamientos, era de ese tipo de tragedias que llegaban de manera injusta, sin saber por qué había sido la protagonista de una tormenta que la había llevado a convivir con personas de la calle, delincuentes, prostitutas, inclusive las propias ratas de alcantarilla.
Alicia nunca había planificado demasiado su vida, de hecho, todo estaba controlado y manejado por su padre, quien decidía por ella, tomaba decisiones cruciales que la afectaban, como el lugar donde iba a estudiar, los amigos que iba a tener, y si podría o no tener una relación amorosa. Este era un evento que nunca se pudo llevar a cabo, a pesar de que Alicia se había enamorado ciegamente de un chico de la secundaria.
Óscar Montalbán, había sido la sombra de Alicia durante toda su vida, con la excusa de que era la luz de sus ojos, y con el argumento de que era lo más importante de su vida, siempre había estado acechando a su hija, tratando de que esta no cometiera un error que pudiese perjudicar su futuro, pero en lugar de ocuparse de sus asuntos y pisar con cuidado en el hielo frágil donde se encontraba, Óscar Montalbán, había dedicado Una atención absurda a las actividades que desarrollaba su pequeña chica de ahora 19 años de edad.
Óscar había evadido impuestos desde hacía seis años, por lo que, sí estaba incurriendo en un delito muy grave, y si era descubierto dejaría consecuencias nefastas para la familia. Cuando lo descubrieron, no hubo forma de parar la avalancha que se vino sobre él y sobre su esposa e hija. Óscar tenía dos hijos, Julián, de 31 años que había decidido mudarse a Suiza y se había independizado, y Alicia, quien vivía con él, y aunque había tratado independizarse también, su padre no se lo había permitido.
Óscar Montalbán tenía la mentalidad de un hombre retrógrado y machista que consideraba que las mujeres no eran capaces de valerse por sí mismas, y tenían que depender de un hombre para poder salir adelante, era por esto, que tenía esa conducta de invasión y supervisión constante, esperando que llegara el momento correcto para cazar a Alicia con el hombre adecuado y garantizarle un futuro estable.
Habían tenido esa conversación en muchas oportunidades, algo que desesperaba enormemente a la chica de cabello castaño, largo hasta los hombros, ojos grandes y de color gris. Era hermosa, muy pícara, con una personalidad traviesa y curiosa que siempre la hacía meterse en algunos problemas, ya que, cuando no encontraba las respuestas por parte de los medios normales, siempre buscaba involucrarse en las situaciones para descubrir ella misma cuál era la respuesta que buscaba.
Se podría decir que Alicia había sido una chica feliz, a pesar de que no había conocido el mundo como ella hubiese querido, y no sé había involucrado con personas nuevas como hubiese deseado. La carrera universitaria que quería desarrollar no iba a ser posible, ya que, su padre estaba totalmente en desacuerdo con la idea de que estudiara comunicación social. No quería que fuese una periodista amarillista que cubría noticias de tragedias o de crímenes, así que, su padre solo le había hecho la oferta de que estudiara finanzas.
A Alicia no se le daban bien los números, no le gustaban en lo absoluto las matemáticas, así que, tener que estudiar una carrera vinculada a la administración de las finanzas, no era algo que le resultará demasiado atractivo, y esto desarrollaba discusiones graves en la hora de la cena, ya que, Óscar insistía constantemente, tratando de persuadir a su hija de 19 años de edad, pero Alicia continuaba renuente.
— ¿Qué has pensado de la última propuesta que te hice? Es una buena universidad, allí van los hijos de muchos de mis socios. Tienes que desistir de esa idea absurda de estudiar comunicación social. Es una carrera que no tiene futuro, hija. — Dijo Óscar, mientras bebía una copa de vino a la hora de la cena.
— Óscar, creo que ya hablamos de esto... Dijimos que no íbamos a presionarla sobre el tema. Dejemos que Alicia decida por sus propios medios. — Dijo Denise, la esposa de Óscar y la madre de la chica, que no tenía una buena relación con ella.
Denise era una alcohólica empedernida, la cual, ocultaba su adicción detrás de una imagen elegante, distinguida y refinada. Había ido a las mejores universidades, se codeaba con la alta sociedad de los Ángeles, era muy reconocida en la ciudad al ser la esposa de uno de los hombres más poderosos del condado, pero esta no ocultaba el hecho de que tenía verdaderos problemas internos, los cuales debía ahogar en el alcohol.
Denise había sido víctima de infidelidades en múltiples oportunidades en el pasado, y la única manera que había encontrado para poder saciar ese vacío que había dejado Óscar Montalbán en su vida, era a través de licor.
No quería renunciar al estilo de vida que le había proporcionado este millonario sujeto, mucho menos, romper una familia que le había costado sangre y sudor mantener unida. No quería alejarse de Alicia, ya que, sabía que Óscar estaba totalmente cegado por el amor hacia Alicia, así que, haría todo lo posible por arrebatársela y nunca más dejar que esta la viera.
Así de arbitrario era Óscar Montalbán, un hombre que tomaba decisiones por encima de los deseos de otras personas. No le importaba el bien ajeno, el único que debía estar cómodo, satisfecho y conforme debía ser él, y esto no solo se llevaba a cabo en el ámbito de negocios, sino que también en su vida privada.
El sexo con Óscar era un infierno, así lo había vivido Denise desde hacía muchos años atrás, ya que, no recordaba la última vez que había experimentado un orgasmo. Ambos se metían a la cama, y cuando Óscar tenía ganas de follarla, simplemente la ponía a cuatro patas, y comenzaba a embestirla de una forma violenta hasta correrse en su interior sin ni siquiera estimularla un poco. Se sujetaba firmemente a sus caderas, y rebotaba contra sus nalgas con una violencia tremenda, sin ni siquiera esperar a que la mujer lubricara, por lo que, aquellas penetraciones se convertían en un verdadero infierno.
Este era el precio que tenía que pagar aquella mujer por mantenerse al lado de un hombre tan narcisista y egocéntrico, un retrógrado que había nacido para hacer sufrir a otras personas. Denise dudaba del hecho de que en el interior de este hombre existiera un mínimo sentimiento de empatía por alguien más que no fuera él.
Parecía que la situación en el lugar era normal, no había drama, no había discusiones, mucho menos peleas a la hora de la cena, Alicia trataba de mantener silencio, ya que, si reunía el valor para contestarle a su padre de la manera en que quería, entonces se hubiese iniciado una disputa que hubiese terminado realmente mal.
— No he tenido tiempo de pensarlo. Creo que esta noche le dedicaré un poco de tiempo a estudiar la opción. Buscaré algunas referencias en Internet, papá. — Respondió Alicia, de la manera más diplomática si ni siquiera verle a los ojos.
— Sé que estás convencida de que estoy cometiendo un error al entrometerme en tu vida. Lo veo en tu mirada... No tienes que decir ciertas cosas para saber que están ocurriendo, Alicia, no soy estúpido. Pero no quiero que arruines tu futuro, y en algún momento cuando madures, entenderás que todo lo que hago lo hago por el bienestar de tu vida.
— Gracias, Papá. ¿Puedo retirarme? No tengo apetito. — Dijo Alicia.
Los ánimos estaban tensos en aquel comedor, Alicia, cerraba sus puños con fuerza, ante la profunda necesidad que tenía de tirar todo al suelo, y de gritarle a la cara a su padre que ya estaba harta de que controlar a todos sus movimientos. Se sentía como un títere, sus cuerdas estaban amarradas en sus manos y tobillos, y eran movidas a voluntad por Óscar Montalbán, quien parecía proyectar parte de su vida a través de su hija, ya que, no había podido hacerlo con su hijo mayor.
El hermano mayor de Alicia, un hombre independiente de 31 años de edad llamado Julián, en muchas oportunidades le había dicho a su hermana pequeña que se fuera a vivir con él a Suiza, pero Alicia le reprochaba el hecho de que fuera tan desagradecido con su padre. La ausencia de Julián, le había dado la oportunidad a Óscar de construir una imagen de este chico bastante distorsionada. El hecho de que Alicia estuviese al lado de su padre luchando por los intereses familiares, hacían que este fuese satanizado como si fuese el peor hijo, el peor ejemplo a seguir, y un hombre egoísta que lo único que hacía era ver por sus propios intereses, una ironía de la vida.
Óscar detestaba cuando lo retaban, siempre quería tener la razón, no soportaba el hecho de que otras personas tuviesen voluntad propia y toman sus propias decisiones sin tener que consultárselas. Este padre controlador, había logrado someter a Alicia, pero no lo había logrado con Julián, ya que, la relación entre Julián y su padre era nefasta, no tenían comunicación, cada vez que hablaban, se llevaban a cabo fuertes peleas. El carácter de Julián era inquebrantable.
No era el tipo de chico que se iba a dejar controlar, era muy decidido, responsable, pero tenía también sus costuras, algo que le había costado la exclusión de su familia. El magnate Óscar Montalbán no perdía la más mínima oportunidad para hacer ver a Julián como el que estaba equivocado, hablaba de él frente a su propia madre y su hermana, pero lo definía como alguien que no pertenecía a la familia.
Todo se debía al hecho de que Julián no era un pan de Dios, no era precisamente el hombre que él proyectaba, y aquello había quedado expuesto una noche en la que su esposa había tenido que llamar a emergencias después de una grave golpiza. Había tenido problemas de violencia doméstica, y luego de encontrar algunos mensajes de texto en su teléfono móvil, Julián le dio una golpiza a aquella mujer, que casi la había dejado inconsciente.
En los últimos momentos cruciales de aquella pelea, la mujer logró alcanzar el teléfono móvil y se encerró en el cuarto de baño, llamando rápidamente a emergencias mientras Julián intentaba abrir la puerta a patadas, amenazando con derribarla y asesinar a Miriam.
Habían estado casados durante un año apenas, y todo había comenzado a desplomarse, ya que, la convivencia se había hecho muy cuesta arriba, a pesar de que la relación que había tenido como novios había sido bastante exitosa. Se amaban, pero no eran del tipo de persona que debían estar juntas, así que, todo comenzó a desmoronarse gradualmente hasta llegar al punto de la violencia.
Julián estaba cegado por los celos, no iba a soportar que esta mujer se burlara de él, así que, había dejado que toda la brutalidad aflorara, demostrando quién era el que tenía el poder y el control en el hogar. Después de aquel episodio tuvo que pagar una fianza bastante jugosa, y en vez de tratar de enmendar las cosas con su esposa Miriam, prefirió mudarse de Los Ángeles. Luego de tener una discusión con su propio padre, ya que, este había utilizado aquel evento para tratar de controlarlo y prestarle una mano de ayuda a cambio de su lealtad y absoluta obediencia, Julián decidió comenzar una nueva vida en Suiza.
Este hombre de 31 años de edad, había hecho una fortuna gracias a la tecnología, su empresa desarrollaba aplicaciones móviles para grandes corporaciones y tenía una vida tranquila en Europa. Cuando Alicia le comentaba a su padre sobre las conversaciones que tenía con su hermano mayor para irse con él, esto generaba fuertes discusiones en la familia.
— Ya te he dicho que no escuches las palabras de Julián. Creo que fui muy claro cuando dije que estaba prohibido hablar con él sin mi supervisión. Julián es una serpiente venenosa, y disfruta de ponerlos a todos en mi contra. Que sea la última vez que me hablas de él, Alicia... — Dijo Óscar, mientras disfrutaba de un vaso de jugo de naranja en el jardín de la gran mansión.
— Pero es que, papá... Realmente me parece interesante la oferta de Julián. Dice que pagará mis estudios, me garantizará un departamento para mi sola, coche, y una oportunidad de comenzar mi propia vida. Aquí me siento segura y tranquila, pero no estoy viviendo, siento que estoy enjaulada. — Dijo Alicia
— Ese es el efecto que tienen las palabras de tu hermano en las personas. Las hacen perder el norte para que duden de sus habilidades. Él solo quiere manipularte para controlarte y al final obtener algo de ti. Julián no tiene un buen corazón, es una decepción como hijo. — Dijo Óscar.
Óscar se había encargado de poner un collar en el cuello de Alicia, y la mantenía limitada como si se tratara de una mascota. La presión en la familia había llegado a un nivel tan extremo, que Óscar pensó que su hijo quería alejar a su hija menor de él, y terminó rompiendo relaciones definitivas con Julián, eliminando lo del testamento. Este evento fue la gota que rebasó el vaso, algo que no era esperado por Julián, el cual, se dio cuenta de que su padre estaba perdiendo la cabeza.
Después de una fuerte discusión vía telefónica, Julián le había dicho cosas terribles a Óscar, que no estaba acostumbrado a ser insultado de esa manera. La comunicación entre ellos ya estaba lo suficientemente fracturada como para asegurar que no había nada en absoluto que salvar. Todo estaba en un declive tremendo, estaban por romper relaciones definitivas, y esa decisión que había tomado Óscar, había puesto la cereza sobre el pastel.
Para Julián, esto no era en lo absoluto importante, ya que, este había acumulado una fortuna tremenda, pero lo que realmente le dolía era el hecho de que lo desligada de su propia familia, como si Óscar tuviese la posibilidad de controlarlos a todos como si fuesen de su propiedad. Óscar le pidió a Julián que no se comunicara nunca más con Alicia, y mucho menos que se atreviera a llamar a su madre, ya que, desde ese momento, Óscar Montalbán no tenía hijo.
Esto llevó a Julián a tomar la decisión de acceder por primera vez sin refutar a las decisiones de su padre. Si él quería distancia, entonces lo haría, si quería que desapareciera, entonces nunca más volvería saber de él, pero esto significaba que no lo apoyaría en las buenas y mucho menos en las malas. Esto pareció llegar en el momento menos adecuado, ya que, había una tormenta en el horizonte que se avecinaba hacia la vida de Óscar Montalbán en ese momento, el cual, no esperaba que toda su vida de éxito y excesos fuera a terminar.
Para Julián era lamentable lo que estaba ocurriendo en su familia, le rompía el corazón el hecho de que Óscar tratara Alicia como un objeto, la invadía de una manera nada normal, le revisaba el teléfono móvil. Cuando sospechaba de algo extraño, revisaba totalmente su habitación, quitándole toda la privacidad posible a la chica.
Si estaba en lo cierto y sus sospechas eran sólidas, Julián contemplaba la posibilidad de que Óscar estuviese trazando un plan que involucrara Alicia en sus planes financieros. Probablemente utilizaría a la chica como un lazo de unión con algún importante empresario en el futuro, quizá, la casaría con el hijo de alguno de sus socios para establecer lazos y fortificar su imperio, algo que lo obsesionaba.
Conociendo a Alicia, Julián sabía que probablemente esto quebraría a la chica, le arrebataría la autonomía, le quitarían la posibilidad de seguir sus sueños y luchar por sus propios medios, y esto, lo destrozaba por completo. Pero ya los eventos se habían desarrollado y no había manera de dar marcha atrás, estaba desligado de la familia Montalbán, Julián seguiría su vida aparte, y Alicia se había quedado a merced de La voluntad de su padre, a quien quería y respetaba, pero no estaba de acuerdo con muchas de sus acciones y comportamientos, ya que, sabía que era un hombre posesivo, obsesivo, y muy arbitrario.
Antes de que todo empeorara, exactamente una semana antes de que la vida de Alicia se transformara en un vendaval, hubo una fiesta de celebración del cumpleaños número 50 de su madre. Denise era una mujer rubia, alta, guapa, que había participado en un certamen de belleza representando a California hacía muchos años atrás. Era una mujer espectacular que había sabido cómo elegir a su esposo ideal.
Óscar era un hombre adinerado, muy imponente, inteligente y poderoso, el cual, la había convertido en madre dos veces y desde muy temprana edad. Óscar prácticamente la escogió, ni siquiera se dio a la tarea de conquistarla o enamorarla, simplemente la había seleccionado. La había llenado de tantos regalos, viajes, lujos, restaurantes y hoteles caros, que la pequeña joven hermosa y despampanante, se había sentido abrumada y confundida del mundo que la rodeaba.
Había pasado de ser una chica simple de familia de clase media, hacer la pareja de un hombre poderoso y adinerado que la llevaba por toda Europa y al día siguiente estaba en los Estados Unidos nuevamente, y el fin de semana siguiente estaba en un crucero por el Caribe. No tuvo tiempo de procesar la vida que había llegado, y esto, la dejó sin oportunidades de vivir cada una de sus etapas.
Denise se había convertido en la princesa del gran magnate, y Óscar Montalbán comenzó a decidir sobre absolutamente todo lo que se involucraba en la vida de Denise, quien se alejó de su familia, abandonó a sus amigos, y arrancó de su pecho la vida que había tenido hasta ese momento en que conoció a Óscar Montalbán. Celebrando su cumpleaños número 50, se arrepentía de muchas cosas de las que había hecho, pero aunque la mayoría de las cosas que aborrecía vinculaban a Óscar, no se arrepentía en absoluto que le hubiese dado dos hermosos hijos de los cuales se sentía sumamente orgullosa.
Denise era una mujer amorosa, comprensiva, pero era débil, se quebraba con facilidad, y escapaba del mundo a través del alcohol, ya que, no prestaba demasiada atención a lo que estaba ocurriendo en su entorno, cuando las cosas comenzaban a ponerse difíciles. Ya había comprendido en su totalidad la conducta de Óscar Montalbán, así que, sólo tenía que ser la esposa ideal, guardando silencio cuando no se le pedía su opinión, cerraba la boca ante situaciones de injusticia en su propia familia. Había ha tenido que cortar comunicación con Julián, su hijo mayor, sólo por el hecho de que Óscar se lo había ordenado.
De la misma manera obsesiva en que Óscar Montalbán trataba a su esposa, también lo hacía con su hija. Era una relación tóxica familiar, la cual, no tenía ninguna esperanza de normalizarse.
Era muy seguro que Óscar perdería los papeles en cualquier momento, y comenzaría a comportarse de una manera violenta en contra de Denise, ya que, esta cada vez se mostraba más renuente ante sus acciones. En un principio, simplemente bajaba la cabeza y accedía, pero ya Denise estaba cansada, habían sido 50 años en este mundo, y después de su cumpleaños, la rebeldía aumentó.
Estaba cansada de que Óscar le viera la cara de imbécil, ya que, desde hacía ya unos tres años, había dejado de interesarse demasiado en ella y había comenzado a prestar atención a los muslos de su asistente Yumiko Chang.
Esta era una asiática de padre japonés y madre estadounidense, la cual, tenía 29 años de edad y se desempeñaba como la asistente de Óscar. Atendía muchas más cosas que las reuniones y las conferencias a las que debía asistir su jefe, de hecho, le proporcionaba atención exclusiva cuando este se lo exigía, siendo su amante principal desde hacía ya un par de años.
La mujer había cautivado a Óscar con sus gruesas y bien formadas pierdas que siempre estaban expuestas a llevar tacones y minifalda. Utilizaba blusas ajustadas que le permitían resaltar un escote exquisito que le hacía agua la boca a Óscar. Su larga cabellera negra lisa hasta la mitad de la espalda, y su maquillaje exótico, la convertían en un fetiche andante, ya que, Óscar nunca se imaginó que estaría tan interesado en una chica asiática.
Tan solo su mirada y su forma de caminar irradiaban una sensualidad tremenda, su provocación era imposible de evadir, y había que tener una voluntad tremenda para poder lidiar con la sensualidad que proyectaba esta mujer. Jamás se le hubiese pasado por la mente a Óscar Montalbán el hecho de estar vinculado con una mujer asiática, pero Yumiko había roto con todos los esquemas de este hombre, he inclusive, había puesto en riesgo a su propia familia.
Para ella, era un placer irse a la cama con su jefe, ya que, esto siempre tenía buenas retribuciones, calzado de marca, ropa de diseñador, dinero en efectivo, y absolutamente una cobertura completa de todas sus Necesidades. Yumiko no pagaba alquiler, tenía un departamento propio que se lo había regalado el propio Óscar Montalbán. Su coche también había sido comprado por el empresario, tenía la vida arreglada, pero vivía de forma discreta, sin llamar demasiado la atención de terceros, y jamás se veían en la residencia de la chica o en la de Óscar Montalbán.
Siempre tenían citas misteriosas en hoteles alejados de la ciudad de Los Ángeles, viajaban en vuelos privados a otras ciudades, y allí, dejaban que su pasión desenfrenada tomara el control de sus vidas, y renunciando a todo lo que los rodeaba, convirtiéndose en apasionados amantes que se demoraban en sesiones de sexo que eran incomparables.
En ese aspecto, Yumiko no se quejaba en absoluto, ya que, Óscar era un amante espectacular, y con ella si se comportaba de una manera mucho más compenetrada y carnal. Óscar disfrutaba de generarle orgasmos, frotaba su clítoris mientras la penetraba en su coño, le acariciaba las tetas, la besaba en el cuello como tanto le gustaba, masaje haba su espalda después de un buen orgasmo. Hacía que esta se relajara y se quedara dormida completamente desnuda a su lado, acariciando su espalda con la yema de sus dedos, algo que era digno de un hombre enamorado, un sentimiento que nunca desarrolló hacia Denise.
Óscar creía tener el control absoluto de su vida, no creía en el destino, no le atribuía el control de las cosas que se desarrollaban en torno a él en algo divino, no creía en Dios, era totalmente arbitrario, y sentía que su vida era manejada única y exclusivamente por él, así que, no dejaba nada al azar.
Esta mentalidad, y comportamiento egocéntrico y prepotente, iba a llevarlo a la desgracia, y este, aunque se consideraba infalible, no había tomado en cuenta algunos rastros que estaba dejando en sus actividades financieras que despertaban la curiosidad de algunos investigadores. Pero Óscar estaba muy entretenido con Yumiko como para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, se había compenetrado tanto con la chica asiática, que había descuidado por completo a su esposa Denise, y había debilitado su relación con Alicia.
La protagonista de su vida dejó de ser su esposa, una mujer comprensiva, sumisa, y muy complaciente, la cual, decía que sí a absolutamente todos los deseos del millonario. Pero Denise tuvo que enfrentarse a una situación realmente difícil, ya que, justo antes de que todo colapsara, tuvo que enfrentarse a la dura situación nuevamente de descubrir que su esposo le era infiel con su propia asistente.
Esto la hizo colapsar por completo, y la hermosa rubia, había comenzado a inhalar cocaína en secreto. Toda su vida de lujos y elegancia se estaba desmoronando, y aunque todos lo sabían, Alicia era la única que parecía no caer en cuenta de lo que estaba pasando. Ella era una típica joven californiana, con una estatura de 1.60 metros, contextura delgada y con un par de operaciones en su cuerpo que habían sido el regalo de su padre en su cumpleaños número 18. Se había operado una pequeña desviación en el tabique de la nariz, y había aumentado un poco sus pechos.
Siempre tuvo el complejo de ser muy plana en la parte frontal, así que, una de sus fantasías más fuertes era el hecho de aumentarse el busto para poder lucir la ropa de una manera mucho más estética y hermosa. No se había aumentado demasiado, Alicia no quería lucir vulgar, no quería verse como una cualquiera, simplemente quería un poco de volumen en la parte frontal, así que, sus jugosos pechos eran un atractivo que la hacía destacar enormemente debido a que su figura era tan simétrica que parecía tallada a mano.
Era normal que los hombres se fijaran en esta chica, era natural, que despertara la tentación de cualquier caballero, ya que, era una pequeña joven excepcionalmente bella, pero era inaccesible, era imposible estar cerca de ella sin que su padre lo supiera. Óscar era un vigilante constante que si no estaba cerca de ella, le asignaba un guardaespaldas para que monitorear las actividades de su hija.
Esas operaciones habían sido influencia de su propia madre, quien a lo largo de los años que había estado involucrada en el mundo de la belleza, había tenido que modificar también algunas partes de su cuerpo para complacer los deseos de su esposo, y durante el certamen de belleza. Conocían a los mejores médicos cirujanos de la ciudad de Los Ángeles, así que, no habría problema en realizar las mejores operaciones a esta chica.
Aunque lo tenía todo y era perfecta a los ojos de muchos, Alicia era un poco insegura, y esto la haría comportarse como una chica superficial que ocultaba parte de su verdadera esencia detrás de vestidos de diseñador, zapatos de 2000 $ y con coches lujosos del año. Ella solo tenía que elegir con su dedo para que su padre los comprara, complacía todos sus deseos y caprichos, y de esta manera, silenciaba un poco la voluntad de la chica, la cual, tenía que mostrarse conforme ante los regalos tan costosos que eran proporcionados por su padre.
Para Óscar Montalbán, el dinero no era un problema, no le interesaba gastarse 25.000 $ en un coche o pagar millones por una nueva propiedad, ya que, los negocios en los que estaba involucrado generaban tan buenos dividendos, que gastaba el dinero a un ritmo bastante vertiginoso. Algo que había despertado la sospechas de algunos miembros del ministerio de hacienda, mientras que algunos intereses opuestos, también habían iniciado una pequeña chispa que desataría un incendio completo en la vida de Óscar.
Los excesos de la vida de Alicia eran tan evidentes, que en un año era capaz de cambiar de coche tres veces, uno más costoso que el otro, simplemente por hacer que su padre pagar a una fuerte suma de dinero para compensar el encierro que este había generado en su vida. Lo hacía como una especie de equivalencia, trataba de equilibrar su ausencia del mundo, su aislamiento absoluto de sus amigos y compañeros de escuela, con lujos y comodidades que ni siquiera podía disfrutar plenamente, ya que, si apenas podía salir con uno de estos coches, debía hacerlo escoltada, o en compañía de su propio padre.
A la vista de todos, resultaba ser una vida soñada, ya que, muchos quisieran poder tener acceso a todas las comodidades que tenía Alicia Montalbán, pero la realidad, es que vivía encerrada en una jaula de cristal, la cual, parecía estar diseñada para hacerla crecer como alguien dependiente, y totalmente vinculada a su padre.
Durante la celebración del cumpleaños de Denise, a la fiesta asistió un hombre muy particular que llamó la atención de la chica. Era Arturo Villanueva, un hombre de 30 años de edad, el cual había sido el proveedor de caballos de Clydesdale para Óscar, una raza fuerte e imponente que era criada en uno de los ranchos más grandes de todo Estados Unidos. Arturo Villanueva tenía docenas de caballos de carreras, por lo que, el mundo de las apuestas, le generaba una gran cantidad de ganancias, este criaba razas exóticas para millonarios excéntricos que pagaban una gran cantidad de dinero por estos hermosos especímenes.
Óscar siempre hablaba de Arturo, pero nunca había estado en el mismo lugar con él y su familia, por lo que, parecía ser una excelente oportunidad para invitarlo, y así lo habían hecho. El único regalo que había pedido Denise de cumpleaños, había sido el hecho de que fueran una familia normal al menos por un día.
Esto hablaba muy claramente sobre la profunda tristeza que experimentaba esta mujer en su interior. Al ver como todo se estaba desmoronando en su entorno, al ver como la relación entre ella y Óscar se estaba desvaneciendo, y había una ruptura tremenda entre ella y sus hijos, Denise estaba a punto del colapso.
Cuando aquella mujer le dijo a Óscar que su único y mejor regalo sería comportarse como una verdadera familia entre familiares y amigos, para Óscar esto fue bastante estúpido, le pareció absurdo que una mujer que siempre había obtenido regalos costosos como coches, joyas y vestidos de diseñador, sólo pidiera algo tan insignificante.
El prepotente sujeto no había valorado el hecho de que su mujer estaba a punto de llegar al quiebre absoluto, no observó esa tristeza que irradiaba de su mirada, ya que, estaba demasiado ocupado en sus asuntos, demasiado entretenido con el placer que le proporcionaba Yumiko Chang, más la producción masiva de dinero que le generaban sus negocios, con los cuales, está bastante satisfecho, y quería seguir creciendo como uno de los hombres más distinguidos y preparados de todo Estados Unidos.
Esa noche se llevaría a cabo un encuentro entre Arturo y Alicia, dos personas totalmente distintas, pero que pertenecían al mismo estrato social. Arturo conoció Alicia para quedar totalmente encantado con la belleza de esta chica de 19 años de edad, que era pura perfección, una belleza que irradiaba como una luz incandescente que lo dejaba sin poder mirar con claridad a otra dirección. Su perfección, era incomparable, y aunque era preciosa, sabía que era prácticamente inalcanzable.
Arturo nunca había sentido nada similar a lo que había experimentado esa noche cuando estrechó la mano de Alicia, la hija menor de uno de sus socios y amigos, ante lo que, trató de disimular para no quedar expuesto ante la excitación que experimentó simplemente con mirarla.
Alicia llevaba un vestido blanco ajustado a su cuerpo, dejaba mirar la mitad de su muslo, llevaba tacones altos, su cabello castaño claro suelto, un maquillaje discreto, y aquel busto que dibujaba circunferencias perfectas en un escote que le hizo agua la boca a Arturo.
El millonario criador de caballos, estaba allí parado, sintiendo como si el suelo comenzar a despegarse de sus pies, sentía que flotaba durante los pocos segundos que sujetó la mano de Alicia, la cual, sintió aquella mirada tan intensa penetrándola. Arturo indagaba en sus ojos quién era esa chica a la cual no había visto nunca antes y que le había despertado una excitación descomunal.
Arturo no había llegado solo esa noche, tenía la costumbre de contratar a un acompañante de lujo para ir a este tipo de reuniones. Era un soltero empedernido, le gustaba la libertad absoluta y disfrutar de su autonomía, detestaba tener que dar explicaciones y generar argumentos, no le gustaban las relaciones tóxicas, y prefería estar solo antes que ser un infeliz atado a alguien que no soportaba.
Había olvidado cuando había sido la última vez que se había enamorado, pero en el momento en que conoció Alicia, un sentimiento bastante extraño golpeó su estómago, algo que había dado inicio al vínculo entre ellos. Sólo habían interactuado en ese momento, y fue suficiente para Arturo obsesionarse, ya que, tenía necesidad de estar cerca de ella, y se encontraba vigilante de cada uno de sus movimientos. De forma discreta durante el resto de la noche volvieron a coincidir durante un momento bastante casual, en uno de los corredores de la mansión mientras ella se dirigía al jardín.
— ¿Hola, Alicia, no? Lo siento, soy muy malo para los nombres, y pronunciaste tu nombre tan sumamente, que apenas pude escucharlo. ¿Hacia dónde te diriges? — Preguntó Arturo, mientras detallaba a la chica con mayor libertad, ya que, nadie los estaba supervisando.
— Voy al jardín, estoy cansada de tener que saludar a todos los amigos de mi padre. Necesito un tiempo a solas. Permiso... — Dijo la chica, dejando a Arturo allí de pie sin la posibilidad de decir una sola palabra más.
Pero, aunque Alicia sintió que era lo correcto, se dio cuenta de que había sido grosera con un hombre que se estaba comportando como un caballero. Así que, al llegar al umbral de la puerta, la chica se dio media vuelta, y lo miró nuevamente.
— ¿Quieres acompañarme? — Susurró la chica.
— ¡Por supuesto! — Dijo Arturo, antes de avanzar.
Esos pocos segundos, sirvieron para que Alicia lo detallara. Aquel hombre llevaba un traje Armani de color negro, entallado perfectamente que permitía a ver una espalda ancha, una cintura delgada, piernas largas, y una personalidad distinguida. Arturo era fuerte, pero nada demasiado exagerado, entrenaba con constancia, pero no para crear una musculatura Demasiado evidente.
Disfrutó del tiempo junto a Alicia, indagó sobre Sus intereses, y se dio cuenta de que había una profunda tristeza invadiendo a la chica. Aunque ella viviera de los lujos que le proporcionaba su padre, esta había dejado salir parte de esa voz que permanecía silenciosa en su interior. Le había narrado a Arturo, un hombre que apenas conocía, su deseo de convertirse en una reportera amada, que le encantaría conocer lugares hermosos como el rancho que había descrito Arturo en su intervención.
Él le había hecho una invitación, pero era algo que no pasaría, no mientras su padre estuviera vivo, ya que, ni loco permitiría que Alicia se vinculara con Arturo, ya que, este no era el objetivo principal que tenía el magnate en su cabeza para vincular a su propia hija.
El encuentro entre Arturo y Alicia no fue demasiado prolongado, ya que, Arturo no iba solo, iba acompañado de una morena francesa de 1.80 metros de altura, la cual, había sido contratada en una agencia de acompañantes de élite, y tan solo una noche, representaba 1.000$ de tarifa.
Aunque estaba fascinado por la compañía de Alicia, tenía que utilizar los servicios de aquella mujer, y después de despedirse con un suave beso en la mano de la chica y asegurándole que había sido un verdadero placer compartir con ella, Arturo se marchó, dejando a Alicia con muchas preguntas acerca de este maduro y atractivo sujeto. Ella se quedó sola en el jardín de la mansión, preguntándose cuál sería su destino mientras miraba las estrellas, le pareció muy interesante la compañía de Arturo, pero era muy probable que nunca más volviera a verlo.
Por su parte, Arturo Villanueva se marchó de la fiesta después de despedirse de Denise con un beso en la mejilla y un apretón de manos con su amigo Óscar, ya que, tenía una cita hecha para un restaurante lujoso en compañía de su nena francesa, y luego la llevaría a un hotel distinguido, y la convertiría en su zorra durante el resto de la noche.
Fue muy extraño para Arturo follar con aquella mujer tan espectacular con acento tan particular y erótico, Pero nunca pudo sacar de su mente el rostro y el nombre de Alicia Montalbán, la cual, se había adueñado de sus pensamientos, algo que lo perturbaba, pero lo mantenía a la expectativa.
2
Alicia despertó por primera vez en un basurero, sus ojos, aún inflamados por la gran cantidad de lágrimas que había derramado, miraron la suciedad del suelo justo al despertar. Era la primera vez que despertaba en ese lugar, ya que, a pesar de haber pasado varias horas vagando por las calles y agotada por caminar con sus pies descalzos, había tenido mucho miedo de quedarse dormida.
El pánico de ser atacada, o inclusive, sentir que algunos animales rastreros caminaban por su cuerpo, la hacían temblar de miedo, pero finalmente, Alicia había sucumbido ante el agotamiento, no hubo forma de que pudiera resistir más, sus ojos se cerraron, y cayó agotada justo al lado de un contenedor de basura, despertando con su cabeza colocada sobre unas bolsas de basura que se ubicaban detrás de un restaurante de comida china.
Alicia nunca pensó que llegaría a esos niveles, había dormido en las camas más suaves fabricadas por el hombre, con almohadas de plumas de ganso, se cubría con sábanas de seda, podía tomar una ducha de agua caliente, con un espumante baño en un jacuzzi, ya que, la mansión donde habitaba tenía todos los lujos.
Aquella mañana del 1 de abril Bajo las botas de lluvia de agua fría que caían sobre la ciudad de Los Ángeles, Alicia despertó para ponerse a salvo, ya que, si dejaba que sus ropas se mojaran, probablemente comenzaría a sufrir de alguna enfermedad, ya que, sus defensas habían comenzado a disminuir ante la ausencia de alimento constante.
Alicia era una joven que podía desear lo que quisiera y luego tendría con mucha facilidad, pero ya la ciudad no era tan atractiva a la vista desde la óptica de una chica indigente, quien lo único que buscaba era algo de comer.
Por momentos, cerraba sus ojos y se imaginaba a Jacinta, la jefa del área de cocina en la mansión donde ella vivía, se la imaginaba preparando alguno de sus pasteles con mermelada, algunos de los platillos horneados que devoraba con tanto gusto. Pero solo eran fantasías que no podrían ser cumplidas, ya que, todos en la residencia Montalbán habían sido despedidos, el lugar había sido clausurado y embargado por el banco, mientras que su familia había comenzado a descender hacia la miseria.
Muchas veces se había hecho la misma pregunta ¿cómo es que las personas podían vivir en las calles y nadie hacía nada? Esto, finalmente había generado una respuesta que estaba viviendo en carne propia, ya que, no sentía el suficiente valor para pedirles dinero a las personas en la calle. Aún conservaba la dignidad necesaria como para poder resistir, pero no sabía cuánto tiempo tendría esa fortaleza, ya que, cada día que habitaba en ese lugar, era un verdadero desafío no quebrarse. Alicia tenía que lidiar con otros indigentes, prostitutas, y personas violentas que trataban de aprovecharse de su debilidad, no era una vida sencilla, pero Alicia tenía que acostumbrarse a este nuevo estilo, ya que, era la prueba que el destino había puesto en su vida.
Por suerte, nunca se había burlado de las personas con menos oportunidades, no sentía lástima por los indigentes, de hecho, siempre que tenía una oportunidad, les regalaba algo caliente de comer. Sabía que esto era el regalo más preciado que una persona, que no había comido nada durante el día, podría recibir.
Alicia en su vida normal, pasaba muchas horas de su tiempo en internet pensando en qué tipo de calzado compraría ese fin de semana, buscaba nuevas tiendas departamentales en las cuales podía comprar ropa exclusiva, o indagar en nuevas tendencias de moda. Gran parte de su vida se iba precisamente en eso, en seleccionar bolsos, calzado, vestimentas que no eran necesarias en lo absoluto, pero escapaba de su realidad buscando en qué gastar el dinero. Pero ahora, esa práctica superficial, tonta e innecesaria, había sido sustituida por supervivencia.
Sobrevivir en las calles era un verdadero reto, y mucho más para una chica como Alicia, la cual, jamás había estado sola en las calles y había tenido que aprender a manejarse en un entorno hostil y peligroso, en el cual, ella era una presa fácil de derribar. Alicia entendió que la indigencia involucraba más aspectos de los que ella imaginaba, ya que, no se trataba solo de no tener que comer o donde dormir, se trataba de la forma en que las personas la miraban.
Algunas personas dejaban caer monedas al lado de ella, algo que resultaba ofensivo, ya que, ella consideraba que no estaba pidiendo dinero, pero a pesar de que trataba de no recoger estas monedas, fácilmente sucumbiría ante la tentación, ya que, este era el único dinero que podía acumular para comprar al menos una pieza de pan. Ser excluida de una sociedad de la cual ella había formado parte tan sólo unas semanas atrás, le resultaba muy duro de asimilar.
Entendía que las personas no eran lo que transmitían, y aunque algunos se proyectaban como humildes, empáticos, colaboradores, y comprometidos con la sociedad, se trataba de una sociedad hipócrita que la veía con lástima, como si ella fuera parte del concreto, un ser sin sentimientos que no tenía derecho a opinar o sentir. Alicia había llorado tanto, que sentía que se había quedado sin lágrimas, pero esto no era del todo desagradable, ya que, sentía que estaba lavando desde su interior, una parte frágil de ella, de la cual, quería deshacerse.
Alicia era muy madura para su edad, pero drásticamente, había tenido que entrar en una madurez repentina, que había llegado a su vida para demostrar que cuando las cosas cambiaran de curso drásticamente, era necesario adaptarse, ya que, si se resistía, fácilmente se quebraría ante la adversidad.
Las prioridades de Alicia se convirtieron simplemente en buscar algo de comer, una pieza de pan limpio en la basura, algo que no estuviese repleto de cucarachas, algo que no hubiese sido mordido por una rata, y en ocasiones, tenía que pelear con perros callejeros o gatos salvajes que se encontraban cerca de la basura, y ella tenía que imponerse para poder alimentarse.
No había lavado sus dientes en días, y de hecho, tenía algunos rasguños en su antebrazo por haberse peleado con unas prostitutas la noche anterior. Aunque era una chica adinerada, frágil, con una educación tremenda, no podía quebrarse ante los problemas, si se mostraba débil ante el enemigo, fácilmente la iban a matar. Tuvo una discusión con unas prostitutas, las cuales, trataron de robarle una bolsa de hamburguesas con papas fritas que le había llevado un hombre que la había visto hacía unos minutos atrás.
— ¡Hey, perra! ¿Acaso vienes a robarnos a nuestros clientes? Sal de esta calle, esta zona es nuestra. — Dijo una mujer bastante desgastada, con un abdomen abultado, minifalda, tacones y piernas muy delgadas.
— Lo siento, no quise incomodarlas. No pensé que alguien fuese a darme esto. Me iré ahora mismo.
— Hey, deja la hamburguesa. Esta zona es nuestra, todo lo que ofrezcan los clientes es para nosotras. — Dijo la mujer acercándose intimidando a Alicia.
La chica tenía tanta hambre, que sería capaz de defender aquella bolsa con hamburguesas y papas fritas hasta con la vida. Aquella mujer no tenía por qué actuar de esa manera, ya que, Alicia no era una prostituta, y mucho menos tenía la intención de ganar algo en aquel lugar.
Había intentado conseguir un empleo en servicios de lavado de coches, en restaurantes, pero ante su aspecto y mal olor, todos la rechazaban, ya que, consideraban que era una chica callejera que sólo estaba buscando algo de dinero para consumir drogas. Nadie se imaginaba que aquella joven era la hija de Óscar Montalbán, un importante empresario millonario, el cual, había entrado en un abismo del cual no saldría con facilidad.
— ¡No voy a darte la hamburguesa! Esto me lo ha regalado un hombre de buen corazón. Yo no presto servicios sexuales a cambio de comida. — Dijo Alicia, con mucha rabia.
— ¿Estás diciendo que lo que hacemos no es digno? ¿Acaso quieres que te saque los dientes a puñetazos, perra?
— Puedes hacer lo que te venga en gana. Pero no te daré la hamburguesa. — Dijo Alicia, mientras sacaba la hamburguesa de la bolsa y le daba una mordida
— ¡Acabas de equivocarte, chiquilla! Te daré una golpiza, que no te reconocerán y tus padres. — Dijo la mujer mientras se acercaba a Alicia dejando caer su bolso en el suelo.
Alicia comenzó a lanzar golpes aleatorios, pero ella no sabía defenderse, sintió como las uñas de aquella mujer rasgaron parte de la piel en su antebrazo, ante lo que, la tomó del cabello y la jaló con tanta fuerza, que arrancó las extensiones que tenía puestas la prostituta.
Ambas cayeron al suelo y comenzaron a darse de golpes con tanta brutalidad, que una de las dos probablemente iba a morir, de eso no había duda. Pero fueron las sirenas de una patrulla de policía las que hicieron que la mujer de la vida nocturna, se pusiera de pie, tomara su bolso y escapara de lugar. Dejó a Alicia con una media hamburguesa tendida en el suelo, las papas fritas tiradas por todas partes, y un aspecto bastante maltrecho y maltratado.
— ¡Hey, chica! ¿Te encuentras bien? Muéstrame tu identificación. — Dijo una mujer policía que pasaba justo frente a ella.
Alicia sólo pudo reaccionar tomando un par de las papas fritas que estaban en el suelo, y comenzó a correr, aquella policía, se dio cuenta de que la chica no era peligrosa, y que había sido atacada por aquella prostituta, por lo que, era natural que actuara con tanto miedo. Fue por esto, que no le dio demasiada importancia a su actitud, y dejó que se marchara.
Cuando Alicia probó aquellas papas fritas, sintió que en su paladar había habido un orgasmo, probar aquella delicia, le hizo recordar los mejores momentos de su vida, y fue una inyección de ánimo, ya que, estaba a punto de quebrarse. Recordar el sabor de las papas fritas, era algo majestuoso, y esa noche al menos pudo sentirse un poco más animada. Aún tenía miedo, ya que, no sabía si aquellas mujeres que prestaban servicios sexuales durante las noches, la encontrarían en otro callejón y la matarían a puñaladas, por lo que, era necesario prepararse, pues si no tenía un arma, fácilmente podrían acabar con ella.
Alicia había vivido algunas semanas en las calles, cubriéndose con ropas que había conseguido en los contenedores de basura, abrigos con un profundo olor a humedad y zapatos usados que habían acumulado una gran cantidad de moho en su interior. En sus primeros días pensó que iba a morir, ya que, no era un estilo de vida para el cual estuviese preparada.
No estaba lista para ser una superviviente de las calles, probablemente la violarían, la atacarían y la golpearían hasta la muerte, así que, trataba de mantenerse en lugares visibles, pero se ocultaban los callejones para dormir, ya que, alguien podría estar vigilándola. Alicia descubrió que era mucho más orgullosa de lo que pensaba, ya que, no había querido pedirle ayuda a absolutamente nadie, ni a sus amigas, ni familiares, ya que, todo el país sabía lo que había hecho su padre.
Óscar Montalbán, había quedado expuesto no sólo como un evasor de impuestos, sino que, también habían sido reveladas algunas pruebas que lo vinculaban a un evento nefasto. Todo lo que conocía, le fue arrebatado de la noche a la mañana, y cuando descubrió que su padre tenía una colección de pornografía de chicas menores de 18 años de edad en su poder, todo se volvió difuso y doloroso.
No podía imaginar que su padre fuese un pervertido, el mismo hombre que había tratado de alejarla del peligro, resultaba ser un hombre peligroso. Pero Óscar aseguraba una y otra vez que aquella colección de pornografía no le pertenecía. Entre sus declaraciones, había asegurado, que durante meses había estado detrás de un proyecto que involucraba la construcción de un conjunto residencial, el más lujoso de la ciudad, pero había estado peleándose el terreno con un hombre bastante influyente de origen alemán.
Óscar aseguraba que este era un plan de sus enemigos para hundirlo, ya que, estaba compitiendo para comprar estos edificios con un alemán llamado Johann Müller. Era un hombre misterioso, del que poco se sabía, y probablemente, estaba involucrado en negocios sucios. Algunos rumores lo vinculaban con asesinatos y desapariciones de hombres que habían representado un problema para él.
Johann Mulle había comenzado a eclipsar a Óscar en la ciudad de Los Ángeles, convirtiéndose rápidamente en uno de los hombres emprendedores más exitosos, así que, la única forma de quitar a Óscar del camino, era ensuciar su reputación. Lo primero que hizo fue iniciar una investigación minuciosa, la cual, le permitiría encontrar los puntos más débiles dentro de la vida de Óscar. El enemigo había conseguido una gran cantidad de recursos que lo exponían ampliamente como un evasor de impuestos, ante lo que, tenía que llevar estas pruebas ante la justicia para que se hiciera una investigación en contra de Óscar Montalbán.
Para colocar un poco más de picante en la situación, Johann Peter Müller había ordenado que se sembrara pornografía infantil en las propiedades de Óscar Montalbán, algo que aumentaría la dureza de algún juez que quitaría Óscar del camino para que Johann Müller avanzara sin problemas. La intención era mostrarlo como un depravado ante los ojos del país entero, si todos Estados Unidos veía a Óscar como un pervertido, la oleada masiva en su contra sería mucho más fuerte, y sería tremendo triunfo para la corporación Müller.
Ante los ojos de la justicia, Óscar era visto como un depravado, ante lo que, la pena máxima seguramente sería sobre los 15 años de prisión, así que, no saldría con vida de allí. Óscar había pensado inclusive en quitarse la vida en cuanto tuviera la oportunidad, ya que, no quería afrontar las humillaciones que se le estaban generando en medio de un escándalo tan público.
Aquellas acusaciones habían llevado a Alicia y a su madre a las calles, ya que, todas sus propiedades fueron embargadas, y no había nada que estas mujeres pudieran hacer. Terminaron en un refugio, donde Alicia y su madre pasaban las noches, y recibían dos comidas al día. Fue uno de los periodos más difíciles para Alicia, ya que, tenía que ver como su madre gradualmente comenzaba a deteriorarse cada vez más, enfrentándose a nuevas adicciones que aparecían gradualmente.
Las calles, eran el punto más frágil para caer en nuevas adicciones, y Denise no tenía la voluntad para hacer frente a esta situación. Cierto día, había comenzado a consumir metanfetaminas que le regalaba un hombre del refugio a cambio de follar con él, esto la ayudaba a escapar de la realidad, y Alicia tenía que ver como su madre se prostituía por drogas.
Ella no podía lidiar con esa situación, y sabía que su madre iba a terminar muy mal, ante lo que, prefirió abandonarla en aquel refugio y escapar. No se sentía orgullosa de lo que había hecho, darle la espalda a su madre en medio de una situación tan complicada y dolorosa, no era la decisión más inteligente, pero Alicia ya estaba cansada de tomar decisiones por los demás. Se cansó de que la vida de alguien más definiera su futuro, así que, era momento de tomar decisiones propias que afectaran su propio destino.
Si se equivocaba, solo ella tendría la responsabilidad del error cometido, estaba harta de que otros definieran su curso. Cuando se quedó sola, dependiendo de sí misma, y moviéndose por sus propios medios por las calles de Los Ángeles, descubrió que el mundo era mucho más duro de lo que podía ver a través de la TV.
Los noticiarios, las películas de acción, las series de televisión vinculadas al crimen, no contaban realmente cuan duro era vivir en las calles, pues esta chica fue víctima de varios intentos de violación. No era algo tan descabellado, ya que, una chica tan sexy, hermosa, dulce y frágil como era Alicia, fácilmente en las calles se iba a convertir en la víctima ideal de cualquier depravado que tratara de ponerle las manos encima.
No importaba si ella trataba de resistirse, su fuerza no sería proporcional a la de un hombre motivado por el sexo, mucho menos podría hacer frente a un grupo de maleantes que la someterían para tratar de poseer su cuerpo. Una chica tan hermosa como ella no podía estar sola en las calles de los Ángeles sin defensa, por lo que, después de afrontar varios momentos cruciales donde el pánico casi la consume, decidió hacerse un arma con un trozo de espejo roto que consiguió.
Aquel trozo de espejo medía unos 20 cm de largo y un grosor de unos 15 cm, fue cubierto en uno de sus extremos con un trozo de cuero, una tira que fue enrollada para hacer una especie de mango que le permitiría tomar el objeto sin hacerse daño en las manos. Ella había fabricado su propio puñal con la intención de evitar ser víctima de algún ataque inesperado, así que, era evidente la transformación que estaba sufriendo Alicia, la cual, al verse vulnerable, débil, y preocupada, comenzó a ver una versión de sí misma que surgía debido a la desesperación y la ansiedad.
Alicia se sentía segura con la herramienta, y fue desde ese momento en que portaba aquella arma, cuando realmente comenzó a sentirse mucho más tranquila. No tenía la menor idea de si tendría el valor para usarla, pero al menos, llevándola con ella, no todas las probabilidades estarían en su contra, al menos tendría una mínima posibilidad de accionarla en contra de aquel que tratara de quebrantar su inocencia, ya que, adicionalmente, Alicia era una joven virgen caminando por las calles de Los Ángeles, una tentación innegable para muchos depravados.
La primera vez que intentaron violarla, la chica estaba dormida y no pudo usar el arma, pero un vigilante de una tienda cercana se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y tuvo que intervenir.
— Escuchen, dejen a esa chica en paz ahora mismo o les perforaré el abdomen a ambos. Váyanse de aquí. — Dijo el vigilante, antes de disparar al aire como forma de amenaza.
Los dos atacantes se marcharon de aquel lugar corriendo tan rápido como pudieron ante el pánico de enfrentar la muerte. El vigilante, era un hombre de unos 45 años de edad bastante delgado, con uniforme azul que era característico de los vigilantes de locales comerciales de la zona.
— No tengo cómo pagarle lo que ha hecho por mí. ¡Muchas gracias! Si no hubiese aparecido, esos animales hubiesen abusado de mí.
El vigilante, al escuchar la forma en que la chica se expresaba y la manera tan delicada en que se comportaba, se dio cuenta de que esta joven no pertenecía a las calles, y probablemente, merecía un poco de ayuda.
— Creo que algunos de nosotros tenemos ángeles que nos protegen. ¡Vamos, ven conmigo! Te ofreceré una taza de café caliente y una dona glaseada. Es lo más que puedo hacer por ti. — Dijo el vigilante.
Alicia sonrío, era la primera vez que sonreía genuinamente desde que se había quedado en la calle, ya que, todo lo que había tenido que afrontar hasta ese momento, había sido desgracia tras desgracia.
Cuando tuvo aquella taza de café caliente entre sus manos, prácticamente la bebió sin importar que su paladar había sido quemado. Probó la dona con cubierta de glaseado y rellena con mermelada de fresa como a ella le encantaban, y prácticamente la devoró en dos mordidas. Aunque sus dedos estaban cubiertos de mugre, los chupaba al encontrar en ellos residuos de la mermelada dulce que había sido expulsada por la dona, al momento de dar la primera mordida.
Salivaba de una manera exagerada, devoraba aquel manjar sabiendo que probablemente no tendría la oportunidad de comer otro en mucho tiempo. Cerraba sus ojos y mostraba el placer de poder sentir aquel sabor tan exquisito en su boca, ante lo que, algunas lágrimas salieron de sus ojos, ante lo sublime de un momento tan básico y sencillo como ese.
— Me alegro de haberte proporcionado un poco de tranquilidad en medio de un momento tan duro. No sé cuál es tu historia, chica, pero lo cierto es que puedes contar conmigo si llegas a necesitar algo. — Dijo el hombre antes de extender su mano.
A Alicia le daba miedo confiar en cualquier hombre, era una chica provocativa, solitaria, frágil y joven, así que, en la última persona en quien debía confiar era en un hombre armado. Y fue precisamente este objeto el cual se convirtió en la obsesión de Alicia, la cual, pensó que si lograba conseguir el arma de aquel vigilante, probablemente estaría mucho más segura en las calles.
— Muchas gracias por la ayuda. Pero creo que es hora de que me vaya. — Dijo Alicia.
— Puedes pasar la noche aquí. Cerraré las puertas y tendrás un lugar seguro donde pasar el resto de la noche. Pero tendrás que irte muy temprano antes de que llegue mi jefe.
— No tengo cómo pagarle. Es usted muy amable. — Dijo Alicia, antes de sonreír.
El vigilante se quedó dormido un par de horas más tarde. Sabía que era un sueño ligero, ya que, estaba sentado en su silla, con sus brazos cruzados, las piernas cruzadas, y solo parecía está recuperando un poco de la energía. Alicia, en medio de la desesperación, pensó que era el momento perfecto para arrebatarle su arma, así, podría escapar de allí, y al menos tendría como defenderse. Pero lo cierto es que el vigilante no estaba del todo dormido, y cuando sintió que la chica puso sus manos sobre su arma, este la derribó instantáneamente.
— ¿Qué crees que estás haciendo?
— Necesito cómo defenderme. Solo quería tomar su arma y marcharme.
— ¡Eres una niña tonta! Con esta misma arma, pueden amenazarte para violarte. Lo mejor que puedes hacer, es buscar ayuda en alguna fundación o buscar a tu familia. Las calles no son un lugar seguro para una chica como tú. Has traicionado mi confianza, así que, lo único que puedo hacer es pedirte que te marches ahora mismo antes de que llame a la policía.
Alicia sabía perfectamente que el hombre estaba hablando en serio, ya no veía la mirada dulce y comprensiva de aquel hombre que le había mostrado su amistad. Tenía que tomar sus pocas cosas y salir de allí antes de que llamaran a las autoridades, ya que, este hombre la había amenazado con seriedad, no tendría problemas en hacer que la encerraran, y mucho más con un cargo de intento de robo, algo que era bastante complicado de sobrellevar.
Le había ofrecido un poco de piedad, al menos, aquel hombre no le había denunciado en un primer momento, entendía que era una chica asustadiza que no tenía demasiadas oportunidades en la vida, y había sucumbido ante la desesperación. Después de ese episodio, Alicia sentía que ya no tenía demasiadas oportunidades, y una tarde, mientras hurgaba en la basura, fue abordada por dos jóvenes que se veían bastante drogados, sus ojos estaban inflamados, enrojecidos, y respiraban de forma agitada.
Uno de ellos, contaba con trenzas en su cabeza, el cual, intentó arrancarle el pantalón a la chica mientras esta luchaba con todas sus fuerzas. Mientras tanto, el otro la sujetaba de los brazos y le tapaba la boca, no querían que gritara, ya que, de lo contrario, revelaría lo que estaba pasando y alguien más se involucraría. Pero Alicia era una pequeña fiera, a pesar de que su tamaño era pequeño, tenía mucha fuerza. Pero era más la necesidad de no dejar que le hicieran daño, la que hacía que aflorar a una fuerza descomunal.
Ante el forcejeo, los chicos dejaron sus manos libres, y Alicia logró alcanzar su arma ornamental que había fabricado con sus propias manos, esta, fue incrustada en el abdomen del chico de atrás, el cual, se alejó de ella tratando de contener el sangrado, colocando sus manos sobre la herida, pero ya era bastante profunda.
Este veía como sus intestinos comenzaban a salirse por el orificio, mientras ella corría alejándose de ellos. Alicia supo que ese chico iba a morir, no Había posibilidad de que se generará otro desenlace, ya que, al voltear, vio como este desplomaba sobre sus rodillas en el suelo, y su compañero corría detrás de ella para vengarse. Se subió repentinamente al coche de una mujer, y le pidió que la sacara de allí.
— ¿Quién eres tú? ¡Sal de mi coche ahora mismo! Llamaré a la policía. — Dijo la mujer de cabello pelirrojo.
— Unos hombres me persiguen para asesinarme. Intentaron violarme. ¡Por favor, ayúdame a salir de aquí, puedes dejarme a algunas calles de aquí, solo necesito sobrevivir! — Dijo Alicia, muy asustada.
La joven, quien aún tenía las manos llenas de sangre, recibió la piedad de aquella mujer, la cual, efectivamente la trasladó a algunos kilómetros de allí. Detuvo el coche a un lado de la carretera, y le pidió a Alicia que bajara.
— He cumplido, hice lo que me pediste... Ahora, aléjate, no quiero problemas. — Dijo la mujer, la cual, parecía bastante asustada.
— Es usted una buena mujer... Agradezco mucho la ayuda. ¡Que tenga una buena tarde! — Dijo Alicia, antes de salir del coche.
Pero la pelirroja se dio cuenta de que la chica era muy bella, tuvo tiempo de detallarla en ese momento, así que, en ese momento le ofreció algo que Alicia no esperaba.
— No parece ser una chica de la calle. ¿Acaso eres de buena familia y te has escapado? No suelo hacer esto, pero qué tal si vas a mi casa, tomas una ducha, comes algo de comida tibia y duermes segura esta noche. Probablemente en la mañana puedas arreglar tus asuntos, te ves muy nerviosa. — Dijo la mujer, quien se presentó como Wanda.
Alicia ya no confiaba en la bondad de las personas, estar en las calles, le había demostrado la parte más cruda de la realidad, Así que, a pesar de que quería acceder a los tesoros que esta mujer le proporcionaba como una ducha, comida y descanso en un lugar decente, prefirió rechazarlo.
— Estoy segura de que tienes miedo, es muy probable que te cueste mucho confiar en las personas, pero estoy dispuesta a garantizarte seguridad. ¡Vamos! No tienes nada que perder, no puedo ser más peligrosa que esos hombres que trataron de atacarte. Vamos a casa y te aseguro que estarás bien. — Dijo Wanda.
Alicia tenía pánico de todo lo que le rodeaba, tan solo con ver hacia los lados, se imaginaba aquel hombre Que había intentado violarla, llegando justo a sujetarla y terminar el trabajo. El miedo había sido el principal factor motivador que había llevado a Alicia a subir nuevamente al coche. Ella, sentía que estaba cometiendo un error, pero necesitaba comer algo, necesitaba una ducha urgente, y así, recuperaría un poco de moral.
Fueron a la casa de Wanda, un lugar discreto, silencioso en un vecindario tranquilo, con un jardín de flores en la parte frontal, la casa estaba pintada de un color rosado pálido, mientras que había algunos muebles de mimbre en su exterior. Alicia pensó que aquella mujer era alguien decente, de familia educada, así que, comenzó a tranquilizarse cada vez más.
Tal y como se lo había prometido aquella mujer, permitió que Alicia a tomar una ducha, la cual, habitualmente duraría unos 25 minutos. Pero esta, se había extendido más de una hora simplemente quedándose allí bajo el agua caliente, mientras cerraba los ojos y experimentaba la sensación más agradable que su cuerpo podía sentir en muchos días. Se le dio ropa limpia, una camiseta blanca desgastada y un pantalón de mezclilla que le quedaba como un guante.
La mujer también le regaló unos tenis discretos, ya que, sabía que vivir en las calles no sería sencillo para una joven como esta, y que no podía portar nada ostentoso. Preparó sándwiches de pavo y queso, bebieron chocolate caliente, y aquella mujer preparó la habitación de huéspedes, la cual, parecía ser la suite presidencial de un hotel para Alicia, ya que, tan solo el hecho dormir en una cama suave, era un lujo para ella en ese momento.
Había tenido que dormir en el suelo frío, lidiar con ratas y cucarachas a diario, pero ahora, estaba en un lugar seco, tranquilo y silencioso, el cual no representaba un riesgo para su seguridad. Pero aunque se despidieron cerca de las 11:00 de la noche, y Alicia se fue a la habitación para dormir, había algo que le incomodaba, quizá, no parecía nada bueno, o al menos, eso era lo que se repetía en su mente, ya que, ese golpe de suerte que había recibido, no parecía ser tan bueno como parecía.
Sintió unas ganas tremendas de ir a la cocina por un vaso de agua, y ante este impulso, llegó directamente hasta el comedor. Allí, pudo escuchar a Wanda teniendo una conversación a través de su teléfono, en la cual, aseguraba que tenía a una chica perfecta con las características de Alicia. En un principio, le pareció ser una casualidad el hecho de que estuviese hablando de una joven exactamente con su color de piel, color de cabello, con textura y edad. Pero luego de escuchar con más detalle la conversación, se dio cuenta de que aquella mujer tenía intenciones de entregarla a algún proxeneta.
Alicia no dudó en confrontarla, y aquella mujer se puso nerviosa, todas las variables se juntaron para generar una situación llena de tensión y peligro. Ambas pelearon, y Alicia derribó a la mujer, la cual, golpeó su cabeza contra el borde de la mesa central de la cocina y cayó al suelo sin vida, aparentemente. Alicia se dio cuenta de que evidentemente, nada bueno podía pasarle, así que, robó tanta comida como pudo, y llamó a emergencias para notificar lo ocurrido.
En el último momento, casi se arrepiente de haber llamado, pero solo dio detalles de que una mujer estaba inconsciente en la cocina de su casa, y luego terminó con la llamada. Abandonó la zona y logró escapar, pero esa noche no pudo dormir, y mientras caminaba por las calles, se dio cuenta de que la casa de Wanda tenía cámaras de seguridad, así que, su cara estaba en todas las noticias como la atacante de esa mujer que había intentado ayudarla y que había sido golpeada por ella.
La historia había sido distorsionada por completo, ahora, ella se encontraba expuesta como una asesina y una delincuente, probablemente, la policía estaría detrás de sus pasos ya en ese momento, así que, Alicia sentía que el mundo se venía encima de ella una vez más. Ahora no estaría salvo ni siquiera en las calles, pues la policía no iba a creer su versión, estaba en el infierno, y no tenía ningún boleto de salida.
Cada vez que miraba algún lugar y veía a un policía, sentía que ya la habían identificado, que pronto le colocaría las esposas, y la encerrarían durante largos años al igual que su padre. Nunca había experimentado tanto pánico, de nuevo, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, esos pequeños periodos de tranquilidad y esperanza que llegaban, se esfumaban rápidamente siendo sustituidos instantáneamente por desesperación, dolor, y ganas de quitarse la vida.
3
Después de varios días de zozobra y ansiedad en las agresivas calles de la ciudad de Los Ángeles, bajo la intemperie, expuesta ante los peligros de una ciudad que constantemente reportaba unos niveles de violencia increíbles, Alicia apenas comenzaba a adaptarse. Luego de enfrentar el hecho de que estaba haciendo buscada por las autoridades, apenas si salía de los callejones, ya que, no quería terminar encerrada.
Ya todo había ido demasiado mal en su vida como para tener que enfrentarse también a un juicio. Esa mujer manipularía absolutamente todo, Wanda haría todo lo posible por manejar a esta chica, y probablemente manipularía la situación para terminar a cargo de ella y terminar vendiéndola al mercado negro, tal y como parecía estarlo planeando.
Nadie creería en las palabras de una indigente, se trataba de una chica que ya se veía bastante desmejorada, había perdido unos kilos, estaba demacrada, se veía confundida, con una mirada dispersa y perdida, algo que era normal ante las pocas horas de sueño que había tenido en los últimos días. Caminar descalza por las calles había sido una experiencia que había transformado por completo a Alicia, arrebatándole todo ese aspecto superficial que había tenido durante mucho tiempo, y que había definido gran parte de su personalidad.
Tener que pelear por comida había sido la lección más importante de humildad que había recibido por parte del destino, pero esta prueba no estaba diseñada para un aprendizaje, simplemente era una prueba del destino que había emanado de las consecuencias de las acciones de su padre. Esto era lo más importante que había aprendido Alicia después de haber atravesado por momentos tan difíciles, la familia sólo era un recurso en el cual, las personas debían apoyarse, pero no depender enteramente de ella, ya que, esto le había generado consecuencias catastróficas.
Cuando se quedaba dormida durante las horas de la noche, soñaba y pensando acerca de cuál sería su destino si llegaba algún coche de policía y la atrapaban. Ya había sido suficientemente duro tener que lidiar con el hecho de que no tenía para comer, no tenía ropa limpia para vestir, y ni un lugar seguro donde dormir. Pero también se había convertido en una prófuga de la justicia debido a que Wanda había utilizado los vídeos de seguridad que se registraron en su residencia para denunciar a la chica.
El fuerte golpe que había recibido en la cabeza la había dejado inconsciente durante largos minutos, pero esta, después de despertar, estaba ya en la camilla de una ambulancia, ya que, efectivamente, los paramédicos habían llegado otras el reporte que había hecho Alicia. De alguna u otra forma, la joven le había salvado la vida, había retribuido lo que había hecho mal, pero esto fue poco importante para Wanda, que no podía tolerar que alguien se burlara de ella. Se ensañó con toda su violencia en contra de la pobre joven, la cual, ya lo estaba pasando bastante mal.
Sabía que no tardaría demasiado en terminar en prisión como su padre. Las calles eran un lugar frágil e inseguro, no tendría mucho tiempo para disfrutar de su libertad, y sus nervios estaban destrozados. Había pasado de dormir un par de horas al día a dormir sólo unos 30 minutos diarios, eso, la tenía devastada, confundida, con problemas de atención, a veces cruzaban las calles sin ni siquiera mirar a los lados, algo que le había generado algunos toqueteos con carros. También una cercanía a la muerte en dos oportunidades cuando autobuses casi la arrollaban en medio del camino.
Era muy probable que esa fuese una salida ideal para Alicia, ya que, estaba cansada de tener que respirar en un mundo tan cruel como el que estaba afrontando. Ella había estado del otro lado del cristal, ella había sido la millonaria, la poderosa, quien tenía las comodidades y los lujos que cualquiera pudiera desear, mientras una porción de la ciudad de los ángeles se podría en la inmundicia.
Había mirado desde su lujoso coche como algunos hombres separaban en las esquinas de la ciudad simplemente a recoger algunas monedas para comprar algo de comer. La indiferencia que había mostrado la chica ante todo esto en el pasado, había generado un cambio de roles, y ahora ella era la que estaba vulnerable, expuesta, tratando de sobrevivir en una ciudad que desde los aires se veía como el lugar más hermoso para vivir, los ángeles era un paraíso para algunos, pero en las calles podía ser un verdadero infierno.
Alicia ya no soportaba una noche más en esa condición, y tomando el trozo de espejo que había utilizado para defenderse, había tomado la decisión de quitarse la vida. Sus manos temblaban, su rostro estaba cubierto de lágrimas, ya que, a pesar de todo lo malo que había vivido, Alicia no quería morir. Sentía que aún le quedaba un largo camino por recorrer, una vida prometedora, y que posiblemente eso era sólo una etapa que tenía que atravesar para salir de ella convertida en una chica mucho más preparada, humilde, madura y lista para enfrentarse a la adversidad.
Puso el espejo sobre sus venas mientras sujetaba el objeto, con la mano derecha hizo presión sobre la muñeca izquierda, hizo un pequeño corte, pero no lo suficientemente profundo como para perforar la arteria. Ante esto, lanzó el trozo de espejo a un lado y comenzó a llorar mientras tapaba su rostro con sus manos. Comenzó a golpear el suelo, se puso de pie, y daba de patadas a absolutamente todo lo que se atravesaba en su camino.
Estaba sola en aquel callejón, el cual, daba a la parte trasera de un restaurante de comida italiana, la chica, estaba consumida por la ira. Había reventado como si se tratara de un globo colapsado de aire. Alicia estaba al borde de la locura, ya no se explicaba por qué estaba atravesando por tiempos de desesperación tan amargos.
En ese momento, una de las puertas que daba a los locales de la calle principal se abrió, un chico joven de unos 25 años de edad, se acercó con una bolsa de comida, bastante bien arreglada, no se trataba de desperdicios, era una orden especial de pasta con salsa boloñesa y pan con ajo, lo cual, era bastante típico de la comida italiana. Este se acercó a la chica y le entregó la bolsa, ante lo que, Alicia reaccionó con un poco de escepticismo.
— Te he visto durante todo el día rondando por el lugar. Esperaba que estuvieras aquí. Sé que no es mucho, pero espero que sea suficiente para que puedas lidiar un poco con el hambre. No pareces ser una chica de la calle, me imagino que debe ser difícil tu situación. — Dijo el joven, el cual, era el hijo del dueño del local.
— Eres muy amable, pero no me gusta recibir limosnas. Puedes llevarte la comida. — Dijo Alicia, aunque moría de hambre.
— Sólo voy a dejarla aquí tómala si lo deseas, si no, será un festín para los animales. Es comida limpia, caliente, y está deliciosa, de hecho. Sólo quise tener un gesto contigo, al menos un momento de tranquilidad y dulzura durante tu día. Me imagino que no debe ser fácil habitar en las calles. — Dijo William, como se presentó.
Este había sido uno de los chicos que había notado la despampanante belleza de Alicia, la había visto a tempranas horas del día, caminando de forma aleatoria por el lugar, como si no tuviese rumbo o un objetivo. No pedía dinero, no trabajaba en la zona, no buscaba trabajo, no había absolutamente nada que estuviese haciendo en aquel lugar, simplemente había llegado allí.
La había reconocido en las noticias, y si hubiese sido una persona cruel, hubiese llamado a las autoridades y la hubiese reportado la presencia por el lugar, y Alicia ya estuviese encerrada. Pero a pesar de que estaba desconfiada, y no quería darle entrada a su vida a absolutamente nadie más, ya que, todos la habían traicionado, la chica tomó la bolsa con comida, y chocó el puño derecho con el puño del chico en agradecimiento.
— No tenías que hacerlo… Lamento haber sido grosera, pero he tenido unos días terribles. Las personas no son lo que parecen, algunos se muestran como mansos corderos cuando son unos lobos asesinos dispuestos a despellejar a sus víctimas.
— Tienes razón. Esta ciudad es bastante hostil, no está diseñada para los débiles. Sé que vas a salir de esto, y aunque no es mi problema, espero que se resuelva tu situación con la ley. Te he visto en la TV, eres toda una celebridad. — Dijo William.
— ¡Por favor, dime que no has llamado a la policía! ¡Te lo ruego, no lo hagas! Yo no le hice daño esa mujer, solo me defendí, pero los vídeos están configurados para inculparme. Esa mujer iba a venderme al mercado negro, seguramente a algún proxeneta. Yo sólo quise escapar y ella no me dejaba, hasta que en un forcejeo ella cayó aleatoriamente en ese lugar. ¡No eran mis planes hacerle daño!
— No es a mí a quien tienes que darle una explicación. En las noticias se dice cualquier tipo de teorías y comentarios acerca de lo que estaba ocurriendo, pero aunque no te conozco, y mucho menos a esa mujer que ha denunciado el ataque, sé muy bien que los inocentes siempre triunfan. Si tú no has hecho las cosas de manera malintencionada, creo que lo más inteligente que puedes hacer es acudir a las autoridades y decirle que realmente estás arrepentida y explicarles con tus propias palabras lo que ha pasado. Si te atrapan escapando, les darás razones para seguirte, y no sabes quién es esa mujer, no provoques una situación más grave.
Aquel chico se marchó, Alicia tuvo tiempo para comer finalmente aquel delicioso festín de comida caliente que llevó a su paladar para proporcionarle una sensación majestuosa. Cuando probó la pasta con la salsa fresca, la chica sintió un orgasmo en su paladar. Cosas tan pequeñas como esas, se habían convertido en un verdadero privilegio, así que, agradeció desde lo más profundo de su corazón la bondad de ese chico que había aparecido como un ángel para darle un consejo realmente valioso.
Si lo evaluaba desde una perspectiva objetiva, ese chico tenía toda la razón, si seguía oculta le estaría dando fuerza a la teoría que había planteado Wanda, la cual, la ponía como una criminal, o una indigente violenta que probablemente atacaría próximamente alguna otra persona inocente que le prestara ayuda. Ella no podía permitir que su imagen siguiera distorsionándose de una manera como esa, tenía que tratar de recuperar un poco de lo que había perdido. La chica decidió descansar esta noche y en horas de la mañana, iría hacia la estación de policía más cercana y se entregaría.
La idea de suicidio había salido por completo de su cabeza, era irónico que el único objeto que le hacía sentir segura, era el mismo que estaba por quitarle la vida. Ya no vio ese trozo de espejo como una forma de escape, lo guardó nuevamente en su abrigo, y estaba dispuesta a disfrutar de su última noche en las calles, ya que, probablemente la encerrarían y estaría en una celda. Aunque no era el plan que aspiraba, al menos ya no estaría expuesta en la violencia de las calles, pero ahora tendría que iniciar una etapa como una presidiaria, algo que le destrozaba por completo el alma cuando lo internalizaba.
Ya había visto a su padre con ese traje de color naranja, y ella no se veía vistiendo el mismo atuendo. Cuando la chica trataba de procesar esas imágenes en su cabeza, lo único que podía hacer era llorar ante la desesperación, ya que, era un destino terrible el que estaba atravesando, pero solo tenía que ser fuerte, ya que, las tormentas no duraban para siempre.
Se encontraba cubierta con unas cajas de cartón, no soportaba su propio aroma, sus uñas parecía navajas asquerosas llenas de mugre, su cabello ya tenía tanta grasa y suciedad que se había convertido en una masa compacta en algunos puntos. Su aspecto era desagradable, pero nada de esta sociedad superficial podía o pagar la luz que emanaba de los ojos de Alicia, la cual, tenía un ángel realmente hermoso, irradiaba una energía positiva a pesar de estar en la tragedia, era un ser único.
Ella sentía que estaba en un infierno, y aunque a veces recordaba su vida de hacía un mes atrás, sabía que no debía quedarse estancada en medio del vendaval que la agobiaba. Quebrarse ante la adversidad era un gran error, ya que, necesitaba estar sólida, ya que, dependía de sí misma. En ocasiones, recordaba a su madre y se imaginaba todas las cosas que había tenido que hacer en aquel refugio, y si probablemente estaba viva posiblemente había muerto de alguna sobredosis.
Se imaginaba a su madre siendo violada una y otra vez por aquel hombre que le proporcionaba la droga, y sentía una impotencia y furia descomunal. El método que había aplicado la vida para hacer madurar a Alicia, había sido bastante estricto, no le había dado oportunidad de respirar. Pero al menos había sido efectivo, ya que, la chica maduró a través de la lucha por comida en las calles, y puedo ver como niños eran secuestrados por las mafias locales para el tráfico de personas.
Tuvo que ver morir a una adicta en el callejón al proporcionarse una sobredosis de heroína, y esto, no había sido suficiente, había visto asesinatos, muertes, robos, una gran cantidad de eventos que la dejaron estupefacta. Ella le había robado los tenis aquella chica que había fallecido de sobredosis, está llevaba unos tenis deportivos muy cómodos, los cuales, le habían generado una sensación de satisfacción muy grande.
Aunque había tocado fondo, Alicia estaba consciente de que todo podía empeorar. Cada vez que pensaba que las cosas no podían ir peor y que lo único que podía hacer era ascender después de haber tocado el final del pozo, la chica siempre se enfrentaba a una prueba mucho más desagradable. Era un grave error pensar en el hecho de que todo podía manejarse, en las calles todo era prácticamente aleatorio, no había forma de poder organizarse o planificar, ya que, todo podía cambiar de un segundo a otro, dejándola sin recursos, sin posibilidad de maniobrar, y confundida una vez más al inicio del camino.
Consciente de que a la mañana siguiente todo iba a cambiar por decisión propia, la chica decidió acomodarse entre sus cartones y cobertores reciclados, pero mientras se quedaba dormida, escuchó las sirenas de policía muy cercanas al lugar donde ella dormía. Esto aceleró su corazón, recordó las palabras de William, el cual, dijo que si la capturaban intentando escapar, las cosas podían terminar muy mal.
Lo más inteligente que podía hacer, era no oponer resistencia, colaborar con las autoridades y proyectar una imagen Inofensiva que no los alterara. Era una situación realmente complicada, la chica temblaba, se imaginaba que en cualquier momento en el callejón entraría el coche de policía, descenderían dos hombres la apuntarían mientras gritaban que se lanzara el suelo, y esta ante la imposibilidad de manejar la situación, probablemente cometería un error, y terminarían dándole un balazo en el pecho.
Este era su más profundo miedo, ya que, entendía que ante diferentes situaciones, las personas podían reaccionar de varias maneras. No había un método para afrontar la adversidad, no había forma de que estuviese lista para enfrentar una situación tan complicada como ir a la cárcel, así que, tomó algunas de sus cosas, y decidió moverse de aquel lugar. Se dio cuenta de que no estaba lista para entregarse a la ley, pero cuando salió del callejón, la chica se vio acorralada por un coche de color blanco todoterreno con grandes neumáticos y ventanas oscuras.
Este coche frenó abruptamente justo frente a ella, y Alicia sólo alcanzó a tomar el trozo de vidrio que tenía en su abrigo, había sido la decisión más estúpida que había tomado hasta el momento, ya que, si se trataba de policías, y trataba de resistirse con un arma, la iban a asesinar en ese momento. La puerta del conductor se abrió, pero en lugar de bajar un hombre armado, se bajó un hombre de una estatura considerable, fuerte, con pantalones de mezclilla ajustados, zapatos lustrados, un reloj de oro, y una chaqueta oscura con capucha.
En un primer momento, las luces del coche, las cuales la tenían totalmente deslumbrada, no le permitieron mirar el rostro de aquel hombre, pero ella se mostró a la defensiva, ya que, no iba a permitir que le hicieran daño, mucho menos llevarla a otro lugar. Estaba cansada de que la trataran como un animal, ella era una chica preparada, con estudios, sólo había sido víctima de las decisiones nefastas de su padre y de la irresponsabilidad financiera de un hombre que ahora estaba encerrado, ella no tenía por qué seguir pagando las consecuencias de Óscar Montalbán.
— ¡Aléjese! Tengo un arma y no tengo miedo de usarla. No me pondrás una mano encima. Tendrás que matarme para llevarme de aquí. — Dijo la alterada Alicia, mientras trataba de enfocar al hombre que estaba frente a ella.
Si fuera un policía, ya habría accionado su arma en su contra, pero se trataba de alguien inofensivo, y cuando Alicia logró identificar su rostro, se quedó estupefacta. Aquel hombre tenía en sus manos un abrigo y se lo entregó a la chica. La voz que salió de su interior, dejó muy en claro que aquel hombre era el mismo que ella había conocido en la fiesta de cumpleaños de su madre.
— ¡Tranquilízate, Alicia! Soy Arturo Villanueva, ¿me recuerdas? Nos conocimos en el cumpleaños de tu madre. Sé que estás asustada y tenemos poco tiempo, así que, ponte este abrigo, y sube a la camioneta ahora mismo. — Dijo Arturo, mientras se veía bastante nervioso.
Había muchas preguntas en la mente de Alicia, ya que, no sabía si realmente ese hombre estaba allí para ayudarla o era una trampa más, probablemente, habían puesto precio a su cabeza, aunque sabía que no era tan valiosa. Era la única persona conocida, por así decirlo, que le había prestado una mano a la chica, ya que, mientras se encontraba en las calles, había visto algunos amigos de la familia pasar en coches lujosos, y prácticamente la habían ignorado. Pero Arturo estaba allí, tratando de llevársela de ese lugar, mientras miraba hacia los lados de una manera nerviosa, lleno de una expectativa tremenda, y con la adrenalina consumiéndolo.
— Arturo, ¿qué haces aquí? ¿Por qué intentas ayudarme? Apenas y nos conocemos. Será mejor que te vayas, la policía está por llegar. — Dijo Alicia.
— Es precisamente por eso que estoy aquí. Una mujer reportó en las noticias que te habían visto por esta zona, y por eso, tomé mi coche y vine tan rápido como pude para buscarte. ¡Vamos, sube a la camioneta! Te prometo que voy a ayudarte, te sacaré de esta miseria. No sabes cuánto me rompe el corazón que estés pasando por esto. No sé cuántas cosas has atravesado, pero sólo te pido que confíes una vez más, pues no te vas a arrepentir.
Arturo habló desde el corazón, pero Alicia sabía que las personas podían transformarse de la noche a la mañana en función a sus intereses. Pero escuchaba las sirenas de policía, la noche estaba fría, había un hombre en una camioneta lujosa parada frente a ella ofreciéndole abrigo y cuidado, así que, no tuvo demasiada voluntad para resistirse.
Alicia dejó caer el puñal que había fabricado ella misma al suelo, y se subió a la camioneta. No pudo parar de llorar durante todo el camino, ya que, se sentía segura. No importaba si serían unos pocos minutos, quizá toda una vida al lado de Arturo, pero lo cierto, es que por primera vez en todas estas semanas previas, se sentía protegida.
Arturo fue bastante discreto, no hizo preguntas, no desarrolló conversaciones, simplemente dejó que la chica se abrigara con el atuendo que le había proporcionado aquel hombre, mientras lloraba desconsoladamente. En el interior de la camioneta se concentraba el mal olor nauseabundo que había acumulado Alicia Montalbán, algo que le partía el corazón a Arturo.
Él tenía puesta las noticias en la radio de su coche, pero al escuchar los reportes policiales y las noticias vinculadas a la chica, decidió quitarlas. Hubo silencio durante todo el camino, lo único que se escuchaba era el llanto de Alicia, la cual, suspiraba de una manera nerviosa, y ni siquiera podía darle la cara a su héroe. Arturo sabía que ella estaba bastante dañada la calle la había transformado, no tenía la misma seguridad y luz que había visto la primera vez que la miro, pero era natural, se había enfrentado a la tragedia, pero al menos había sobrevivido.
Alicia era una chica digna de admiración, ya que, no todos tenían el temple, la fuerza, la voluntad y la esperanza para salir de un momento tan complicado como el que había atravesado, pero ella, sin saberlo, había encontrado una versión de ella misma que la había ayudado a aflorar desde la desgracia.
No había sido formada para ello, no recibió la preparación para sobrevivir en las calles, no tuvo la educación suficiente como para construir un puñal ornamental y defenderse con él, esa no era la educación que había recibido Alicia. Se dio cuenta, de que todos los idiomas que manejaba, sus conocimientos de arte e historia, y conocer múltiples marcas de diseñador, no le había servido para nada en la vida real.
Por otra parte, Arturo Villanueva estaba bastante preocupado, ya que, estaba ayudando a una prófuga de la justicia, no sabía realmente qué era lo que había pasado, pero lo que sí sabía, era el sentimiento que había desarrollado hacia Alicia. Aquello que había despertado en su interior era tan intenso, que poco le había importado el hecho de que estaba violando la ley.
Si lo atrapaban con ella, probablemente sería encerrado por obstrucción a la justicia, ante lo que, tendría que desembolsar una gran cantidad de dinero ante la fianza. Para Arturo era imposible darle la espalda a esa situación, no había podido olvidarse de esa chica desde el momento en que la conoció, sólo le bastó estar con ella esos pocos minutos en la residencia Montalbán para descubrir que estaba profundamente enamorado.
Arturo descubrió el amor a primera vista ese día, y fue algo mágico que lo dejó sin aliento. Cuando llegaron a casa, Arturo tenía preparado ropa acorde para la chica, tenía sudaderas manga larga, monos, zapatos deportivos, coletas, ropa interior limpia, toallas, una serie de elementos que resultaban bastante simples a la vista de otros, pero para Alicia, era oro puro. El hecho de utilizar jabón de verdad para bañarse, lavar su cabello con champú, utilizar su perfume favorito de Victoria's Secret que le había regalado Arturo, era algo que no tenía precio.
Alicia duró bajo el agua de la ducha al menos una hora, el agua caliente le ayudaba a despejarse, se relajó lo suficiente como para tranquilizarse ante la gran cantidad de nervios que había acumulado. Estaba agotada, necesitaba un lugar donde dormir, pero conocía muy poco sobre Arturo como para confiar en él y quedarse dormida en su propia casa. Había aceptado la ayuda, ya que este había tenido una larga amistad con su padre, pero esta no era una excusa como para bajar la guardia.
Cuando salió de la ducha, Arturo la esperaba en el comedor con una cena con comida caliente. Había decidido ordenar pizza a domicilio y gaseosas, aquello fue un manjar para la chica, quien devoró absolutamente toda su relación sin decir una sola palabra. Ni siquiera le miraba los ojos Arturo, y este, entendía que no era un acto de mala educación, simplemente la chica sentía una profunda vergüenza ante la situación por la que estaba atravesando.
— Lamento interrumpirte, sé que estás muy concentrada en el festín. Pero tengo que preguntarte, ¿te hicieron daño en las calles?
— No quiero hablar de eso, Arturo… Gracias por la ayuda, pero no tengo por qué darte explicaciones.
Alicia se comportaba como una fiera salvaje, pero para Arturo, sólo era cuestión de paciencia, amor, comprensión y dedicación. Sabía que tenía que domarla, pues aunque le había conocido en su versión más dócil, en las calles se había vuelto mucho más feroz.
No habló más con ella durante ese día, pero no esperaría demasiado para acceder a ella, así que, la dejó dormir tranquila en la habitación de invitados, ya que, el rancho era enorme y tenía muchas habitaciones, así que, durante aquel día, ni siquiera se miraron las caras. Este tiempo fue suficiente para que Alicia recapacitara ante la conducta que estaba teniendo, ya que, no estaba siendo justa con el hombre que le había ayudado.
Después de más de 24 horas sin verse, finalmente Arturo y Alicia se encontraron nuevamente en el jardín. Él se encontraba sentado en una silla de exteriores de color blanca, disfrutando una taza de café, así que, Alicia aprovechó la oportunidad para saludarlo.
Allí, compartido una conversación bastante simple, hablando sobre el clima, la belleza de los jardines, y lo mucho que a Arturo le gustaban los animales. Pero Alicia tenía la duda acerca de las razones de porque realmente él estaba ayudando, si estaba esperando algo a cambio, o tenía intenciones ocultas. Arturo no pudo contenerse, se caracterizaba por ser un hombre sincero, así que, le reveló sus verdaderas intenciones.
— No creo que me estés ayudando por lástima o por agradecimiento a mi padre. Dime, ¿cuáles son tus verdaderas intenciones? No quiero ser parte de un juego en el cual no conozco las reglas. — Dijo Alicia.
— No hay juego alguno en esta situación, Alicia. No tienes que ver todo como una trampa o una amenaza. Entiendo que has pasado por momentos difíciles, pero lo único que pretendo, es brindarte un poco de felicidad en medio de este infierno por el que estás atravesando.
— ¿Solo eso? — Preguntó la chica con algo de picardía y una sonrisa en sus labios.
— Eres mucho más inteligente de lo que muchos piensan, y sé que estás totalmente consciente de que hay sentimientos en mí hacia ti. Estoy dispuesto a conquistar tu corazón, no con lujos, ya que, no pretendo comprarte, no quiero manipularte. Sólo quiero que sepas que estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por ganarme tu amor. No te sientas presionada ni condicionada a nada, puedes quedarte aquí y estarás protegida durante el tiempo que desees. Puedo ayudarte, no es problema para mí.
Aquella declaración había sido inesperada para la chica, que no se imaginaba que un hombre tan distinguido y guapo se fijaría en ella. Su autoestima había sufrido graves daños en los últimos meses, así que, era una oportunidad para renacer. Alicia estaba renuente ante la diferencia de edad, pero él le imploro una oportunidad de mostrarse como realmente era.
Durante los días siguientes, Arturo le regaló un caballo de raza de cuarto de milla, la cual llamó Esperanza, esta palabra era muy representativa para ella, ya que, buscaba en ella la motivación para salir adelante. Estaba en un lugar soñado, un rancho donde se criaban caballos donde tenía esa sensación de libertad justo frente a sus ojos.
Se rehusaba a pegarse a las comunidades que Arturo le proporcionaba, pues era algo inestable y frágil, no sabía si en algún momento todo esto se desvanecería, probablemente él perdería el interés en ella, y la dejaría ir. Era un sueño que podía romperse en cualquier momento, un sueño de cristal. Pero con el paso de los días, y desayunos con conversaciones interesantes y agradables, Arturo se fue ganando el corazón de la chica.
Se fue enamorando de él sin ni siquiera notarlo, mientras en el corazón del millonario, aumentaba la intensidad del sentimiento que experimentaba por esta chica, en los cuales eran cómplices. La tensión sexual aumentaba con el paso de los días, y Alicia se sentía cada vez más atraída por este sujeto. No se trataba simplemente de un hombre poderoso y millonario, era el hombre que le había dado la oportunidad de salir de un abismo infernal, y el agradecimiento, estaba comenzando a confundirse con la necesidad de estar a su lado.
La tentación estaba presente en cada momento, y fue inevitable contenerse aquel día de lluvia en el cual, salieron a cabalgar y tuvieron que refugiarse en una de las caballerizas, mientras la incesante y torrencial lluvia amenazaba con extenderse.
Gracias a una tormenta que había sido anunciada días atrás, sus cuerpos mojados, la excitación y la emoción del momento, la soledad de aquella caballeriza, la belleza de Alicia y el atractivo de Arturo, se fusionaron para hacer que esa fuese la primera vez que hicieran el amor apasionadamente aquella tarde. Ese día, todas las barreras cayeron.
4
Alicia había seleccionado para ese día una vestimenta bastante provocativa, la cual, había despertado toda la tentación de Arturo, quien tenía una voluntad bastante débil. Había tenido que resistirse mucho ante la tentación que despertaba esta joven chica, que irradiaba inocencia, picardía, pero que también inspiraba un morbo tremendo, ante su corta edad, inexperiencia y virginidad. Había amarrado su cabello con una coleta, llevaba una blusa blanca con un material bastante ligero, el cual, se transparentaba perfectamente con la lluvia.
Su falda de mezclilla le permitía cabalgar con mayor comodidad, pero esto, despertaba aún mucho más el morbo de Arturo, el cual, al ver los muslos de la chica, sentía una necesidad tremenda de estar en el medio de ellos. Había tomado a Alicia como su protegida, no iba a tratar de seducirla, no necesitaba manipularla para tenerla en su cama. Se sentía muy seguro de sí mismo, y sabía que tenía las habilidades y talentos necesarios para poder hacer que esta chica terminara en sus brazos tarde o temprano.
Alicia estaba sola en el mundo, se encontraba en una situación de vulnerabilidad bastante evidente, por lo que, tratar de forzarla hacer algo para lo que no estaba preparada, no parecía ser algo demasiado inteligente. Alicia llevaba unas botas de color marrón, hasta la mitad de su pantorrilla, las cuales, la protegían ante la posible mordida de una serpiente, adicionalmente, le generaban una comodidad y estabilidad tremenda durante las cabalgatas.
Aquellos pantalones cortos de mezclilla, le dibujaban unos glúteos redondeados y muy firmes, los cuales, no podían ser evitados a ser vistos por los ojos de Arturo, a quien se le hacía agua la boca simplemente con imaginar lo que había debajo de ellos.
Le generaba un morbo increíble imaginar la ropa interior que él mismo había seleccionado para la chica, perdida entre sus nalgas y tapando aquel dulce coño virginal, el cual probablemente estaba perfectamente depilado. Se veía que Alicia tenía mucho cuidado con su aspecto personal, había tenido que hacer un trabajo muy fuerte para poder recuperar la suavidad y brillo en su cabello, el cual, estaba prácticamente podrido por la grasa y la suciedad.
Cuando Alicia volvió a ser ella de nuevo realmente se había transformado, era mucho más sencilla, no seleccionaba ropa ostentosa, mucho menos, hacía alarde de algo que no tenía, utilizaba ropa muy simple, ante lo que, era precisamente esa sencillez la que despertaba todo el morbo de Arturo, quien al encontrarse con ella en el interior de aquella caballeriza, no pudo evitar dejar que sus ojos recorrieran la anatomía de Alicia.
— Parece que la naturaleza se empeña en juntarnos. Creo que no podremos ir a ninguna parte en mucho tiempo. — Dijo Arturo, mientras miraba hacia las afueras del edificio de madera, mirando una lluvia torrencial que se extendería durante horas.
— No tengo prisa en ir a ninguna parte... ¿Acaso tú sí?
Arturo pudo interpretar con facilidad el tono de voz utilizado por Alicia, el cual, tenía algo de sugerencia y un poco de sensualidad. La chica no tenía ninguna experiencia en este ámbito, por lo que, había tenido que hacer un esfuerzo tremendo para despertar el interés de Arturo.
La joven se pegó a una de las vigas de madera, y reposo en su cabeza, mientras cerraba sus ojos, disfrutando del sonido relajante de la lluvia. La mirada de Alicia había cambiado, y ya no demostraba inseguridad y temor, era una necesidad de explorar un aspecto nuevo que despertaba al propio Arturo, el cual, miró su cuello mojado, su blusa transparentaba, sus pechos jugosos, y se acercó a ella, tomándola de las manos y acercándose lentamente a sus labios rosados, los cuales temblaban ante el temor.
— No tienes la menor idea de lo mucho que te deseo. Pero no quiero que esto se vea afectado por un momento de tentación. ¿Realmente estás lista?
— No lo sé, y si no lo intentamos creo que nunca lo sabré. Jamás estaré lista si no pongo a prueba esto que siento. — Dijo Alicia, antes de abrazarse a Arturo, el cual, finalmente probó los deliciosos labios de aquella hermosa jovencita.
Tener frente a ella a aquel hombre tan masculino, adinerado, tierno y seguro de sí mismo, despertaba una excitación indescriptible que no podía contener. La joven chica de cabellos castaños, se quedó estupefacta ante la forma en que este hombre la mirada. Recorría sus pechos, sus manos, sujetó su cintura, y luego sus manos se fueron directamente a sus nalgas redondeadas, tomándolas con fuerza y metiéndole la lengua dentro de su boca con mucha más profundidad.
Ahora las robustas manos de este hombre, estaban masajeándole las nalgas, mientras la chica simplemente se divertía, ya que, había sentido la polla endurecida de este sujeto presionándose contra su cuerpo. Sabía que Arturo tenía un volumen bastante grande allí abajo, así que, ante el nerviosismo no pudo evitar sonreír. Esto puso un poco nervioso a Arturo, ante lo que, tuvo que preguntar.
— ¿Qué ocurre, que te causa tanta gracia?
— Nunca había sentido un pene tan cerca de mí. Lo lamento, no es algo que pueda controlar. Siento algo de vergüenza. Recuerda que soy virgen… Vas a ser el primero en estar dentro de mí. — Dijo la tierna chica.
Alicia parecía estar decidida a que aquello ocurriera ese día, en un principio había dudas, pero en el momento en que liberó el botón del pantalón de Arturo, y comenzó a bajarlo lentamente, aquel hombre se dio cuenta de que la chica estaba decidida a que aquello se desarrollara.
Había tenido que atravesar duras pruebas desagradables que habían sacado a relucir una faceta distinta de ella en cada oportunidad, pero ahora, tenía que enfrentarse a la idea de que iba a ser la mujer de un hombre apasionado, adinerado, y con una experiencia tremenda, así que, tenía que estar a la altura. Alicia bajó el pantalón de mezclilla de Arturo hasta la mitad de sus muslos, luego tomó el elástico de su pantaloncillo y también lo bajó hasta la misma altura.
La polla de Arturo era de al menos unos 18 cm, estaba flácida, totalmente depilada, aquel hombre detestaba el vello púbico. Era de color rosa, grande, y estaba tibia, algo que puedo sentir Alicia al momento de colocar sus manos sobre aquel órgano sexual. Comenzó a masturbarlo suavemente, viendo como aquella polla se ponía cada vez más dura.
Arturo no hizo absolutamente nada más que quedarse extasiado ante la iniciativa de la chica, la cual, no borraba una sonrisa bastante pícara de su cara. Dejó salir su húmeda lengua, tocando con la punta la cabeza de aquel pene, el cual, dio un salto instantáneo al ver que la chica estaba probándolo por primera vez.
Arturo estaba inmóvil, entregado a la satisfacción que le proporcionaba la chica, la cual, recorrió aquel trozo de pene desde la punta hasta la base. Le dio una pequeña mordida y posteriormente, lo metió en su boca, comenzando a masturbarlo suavemente mientras su cabeza se movía con suavidad. Era evidente que tenía poca experiencia, la timidez salir a relucir, lo hacía con cierta lentitud en seguridad, ya que, no quería molestar o lastimar a Arturo con su poca experiencia.
— ¿Qué quieres que haga? — Preguntó la chica, mientras masajeaba suavemente el pene de aquel hombre, mirándolo directamente a los ojos mientras estaba de rodillas.
— Chúpalo. Hazlo con suavidad, cúbrelo con tu saliva. Deja escurrir grandes cantidades de saliva sobre él, y lubrícalo tanto como puedas. Lo estás haciendo genial. — Dijo Arturo.
Alicia obedeció, chupaba el pene de aquel hombre, luego se metió las bolas en su boca mientras masturbaba suavemente aquel pene con sus manos, masajeándolo desde la base hasta la punta, y realizando movimientos circulares sobre el glande.
Arturo rompió con la timidez, sujetándole el cabello con fuerza y pidiéndole a Alicia que abriera tanto la boca como podía. Era el momento de follarle la boca, ante lo que, la chica se mostró bastante colaboradora, ya que, Arturo le metió su gran pene directamente hasta la garganta, mientras la chica soportaba las ganas de vomitar. Era natural que este reflejo surgiera, ya que, nunca había tenido un objeto tan adentro en su boca.
Posteriormente, después de casi correrse en dos oportunidades, aquel hombre llevó a la chica directamente al suelo, colocándose sobre ella mientras la besaba apasionadamente, le subió la blusa hasta el cuello, y comenzó a chuparle las tetas con fuerza. Sus pezones estaban duros y enrojecidos debido a la succión tan fuerte que había generado aquel hombre.
El ardor era agradable, a Alicia le encantaba, y se aferraba el cuerpo de este hombre, dejando que sus uñas se pasearan por la espalda de este sujeto, el cual, estaba tan caliente, que la habría follado allí en el suelo instantáneamente, pero quería tomarse su tiempo de recorrer su cuerpo antes con besos apasionados. Se dedicó a quitarle las botas una por una, para posteriormente, quitarle el pantalón corto de mezclilla, el cual, dejó ver un coño cálido, húmedo, y completamente mojado.
Arturo, quien ya estaba totalmente desnudo, se ubicó justo frente a su vagina, y comenzó a chupársela con fuerza, ante lo que, Alicia estaba totalmente descontrolada, abriendo sus piernas tanto como podía, dejando que aquel hombre le introdujera la lengua hasta el fondo de su coño, preparándola para la sesión de sexo que se acercaba. Ella estaba muy entregada, colaboraba al máximo con la dinámica, acariciaba al hombre, recorriendo con sus manos, su cabeza, su cuello, mientras posteriormente, llevaba sus manos hacia sus tetas y las masajeaba mientras aquel hombre le proporcionaba una sesión de sexo oral majestuosa.
Arturo iba periódicamente hasta su boca y le proporcionaba algunos besos que combinaban el sabor de los fluidos de la propia chica, la cual, ya lo quería dentro de ella. Arturo la puso de pie, y la llevó directamente hasta la viga de madera, pidiéndole que se agarrara a ella mientras él se acomodaba justo detrás de la chica.
Se acomodó la polla lentamente en su dulce coño mientras media la tolerancia de la chica centímetro a centímetro. Sabía que ella no tenía experiencia, que era su primera vez, así que, no podía perforarla brutalmente como si se tratara de una experta en el sexo.
Sus nalgas eran deliciosas, era toda una perfección comer su piel blanca, inmaculada, recibía las caricias de este hombre, mientras demostraba en su rostro lo mucho que lo estaba disfrutando. La chica de poca estatura, cabello castaño, piel blanca, y ojos color gris, estaba extasiada ante las dimensiones de este hombre, ya que, parecía tener una polla diseñada especialmente para proporcionarle placer a la joven inexperta.
Aquel trozo de carne, llenaba todos los espacios de su coño, se frotaba contra sus paredes vaginales, generaba estímulos en cada una de sus células, haciendo que la versión más morbosa y pervertida de Alicia aflorara. Ella misma tomó la iniciativa de ponerse de rodillas en medio de las penetraciones, ubicándose a cuatro patas, recibió las embestidas brutales de este hombre, el cual, chocaba contra sus nalgas una y otra vez, proporcionándole acceso a una experiencia inolvidable y divertida.
Arturo tenía mucha experiencia con mujeres, era un semental, le encantaba follar intensamente, pero con Alicia era distinto, ya que, nunca había sentido unas ganas tan intensas de correrse en tampoco tiempo. De hecho, en su récord había muy pocas vírgenes, no era algo que le agradara, ya que, buscaba experiencia, entrega, perversión, mujeres que estuviesen dispuestas a hacer cualquier cosa por placer, pero con Alicia, aunque no podía acceder a esa experiencia, sabía que se trataba sólo de tiempo para acceder a una experiencia mucho más intensa con el pasar de los días.
Era todo cuestión de práctica, mientras más follaran, mejor rendimiento tendrían en cada oportunidad, y eso, se traduciría en sesiones de sexo mucho más intensas y deliciosas. Alicia paraba las penetraciones de forma repentina, ya que, sentía que se corría inevitablemente, tenía que sacar aquella polla de su coño y relajarse, se masturbaba acariciando su coño, mientras Arturo le proporcionaba besos apasionados que recorrían desde su boca hasta su coño. Le encantaba ubicarse en el medio de sus tetas, apretarlas con fuerza, y darle lamidas hasta llegar a un punto mucho más intenso en aquel encuentro.
Después de múltiples mamadas, de sesiones de sexo oral profundas, de muchos fluidos, y embestidas profundas que permitían que toda la polla de Arturo entrar en el dulce coño de Alicia, finalmente este hombre se ubicó en el suelo, pidiéndole a Alicia que se ubicara justo sobre él. La joven colocó sus pies uno en cada lado del cuerpo de Arturo, y se sentó sobre aquella polla, se sujetaba de las manos de este hombre mientras daba sentones profundos que incrustaban aquel trozo de carne hasta el fondo del coño de la chica.
En ese momento, descubrió que no tendría demasiada voluntad en ese punto, que no resistiría demasiado ante una corrida intensa, ya que, era la posición más estimulante que había conseguido junto a este hombre. Esto se debía a que la polla entraba tan profundo como era posible, ella utilizaba todo su peso para dejarse caer sobre aquel trozo de carne, el cual, se incrustaba en su coño, estimulándolo tan profundo como podía.
El dolor que había experimentado en un comienzo, se había transformado en un placer majestuoso que era imposible de resistir, y ni teniendo la voluntad más fuerte, habría podido detener aquella experiencia tan deliciosa que viajaba por todo su cuerpo. Electricidad pura era la que se había adueñado de ellos, y luego de múltiples sentones bastante salvajes por parte de la chica, esta sintió como su cuerpo comenzó a experimentar espasmos involuntarios, mientras Arturo evidenciaba que ella estaba por correrse.
Él también se sintió estimulado a hacer lo mismo, ante lo que, le pide autorización a Alicia de correrse en su interior, ella no tuvo voluntad para decir que no, aquella relación iba a ser bastante intensa, y ella estaba abierta a que fuese así.
— ¡Así, no pares! ¡Continúa, me corro! — Gritó Arturo, mientras se sujetaba a las firmes nalgas de Alicia, la cual, dejó salir un alarido de placer.
Fue un orgasmo simultáneo, la experiencia más exquisita que había vivido Alicia, ya que, después de un profundo mareo, unas náuseas incontrolables, una gran cantidad de sensaciones que recorrían todo su cuerpo, un calor descomunal, y una aceleración masiva de su corazón, la chica llegó a un orgasmo irrepetible, el cual, había definido el primer encuentro entre la pareja.
Ambos habían alcanzado la cima de la felicidad, habían encontrado la pareja perfecta, no todos tenían la virtud y el privilegio de estar con alguien que deseaban y que este cumpliera todas sus expectativas. Alicia tenía mucho miedo de entregarse a Arturo, pero este, se había comportado como un caballero hasta el punto en que fue necesario, este, le proporcionó el placer que un amante puede ofrecer a su chica, sin dejar nada por fuera.
Después de hacer el amor, Alicia tenía una gran cantidad de preguntas en su mente, ya que, después de todo lo que había atravesado junto a él se había convertido en una chica vulnerable, frágil, expuesta ante la posibilidad de que volvieran a hacerle daño.
— ¿Qué se supone que somos? ¿Sólo amantes? ¿O tienes intenciones de que ocurra algo más profundo entre nosotros?
— Estaba pensando exactamente en lo mismo. No quiero que esto se convierta en un simple juego, Alicia. Quiero que te cases conmigo. Conviértete en mi esposa, y te aseguro que nunca más tendrás miedo acerca de tu futuro. Voy a darte estabilidad y protección. ¡Por favor, acepta! Me harías el hombre más feliz de este mundo.
Alicia se quedó sin palabras, ya que, no parecía ser el momento más adecuado para proponerle matrimonio. Acababan de tener una sesión de sexo bastante intensa y deliciosa, pero todo parecía estar vinculado a este acto que había tenido lugar en Un escenario poco habitual, pero que había sido exquisito.
Ella no tuvo valor para responderle en ese momento, ya que, era una decisión bastante difícil. Apenas conocía a Arturo, y no tenía intenciones de encontrarse con sorpresas en el futuro.
— No me puedes abordar de esta manera. Créeme, me encanta tu compañía, pero no estoy segura de estar lista para una decisión y un paso tan importante. Sólo dame un día para pensarlo, y te daré la respuesta más acertada. Yo tampoco quiero hacerte daño, no quiero ilusionarte ante una posible relación que quizá no tenga futuro.
— Sé que estoy actuando de una manera apresurada, pero siento que si no me doy prisa, voy a perderte. Eres lo más valioso que ha llegado a mi vida, así que, quizá, casarnos no es la solución, pero estoy totalmente seguro de que me gustaría pasar toda mi vida a tu lado.
Eran las palabras más hermosas que había escuchado Alicia, y no se trataba simplemente de las palabras elegidas por Arturo, se trataba del sentimiento que emanaba de él al pronunciarlas. La miraba directamente a los ojos, y estaba siendo totalmente genuino y sincero, le proyectaba una seguridad y respaldo que no había sentido mucho tiempo, ni siquiera por parte de su propio padre. Lo más importante para Alicia, era el hecho de que Arturo no la había juzgado por absolutamente nada.
Desde el momento en que la había recogido en la calle, solo la había ayudado, no le había criticado un solo defecto, no destacaba las tragedias por las que había pasado, y tampoco preguntaba demasiado acerca de lo que había ocurrido en su tiempo en las calles de Los Ángeles.
Sólo le había preguntado si le habían hecho daño para determinar si realmente valía la pena estar con ella, o estaba tan dañada, que no lo dejaría entrar a su vida que era lo que él más valoraba y necesitaba en ese momento.
Arturo, aunque era un amante empedernido y siempre se iba a la cama con chicas diferentes, no había encontrado seguridad y estabilidad con ninguna mujer, ya que, siempre estaba con chicas interesadas que sólo estaban detrás de su dinero, y no les importaba irse a la cama con tres o cuatro sujetos a la semana, si cada uno de ellos era capaz de proporcionarle acceso a los lujos y regalos que ellas demandaban.
El tiempo que le había pedido Alicia a Arturo de un día para pensarlo, había sido perfecto, ya que, él estaría tres días fuera del rancho y ella tendría tiempo a solas para meditar sobre una decisión tan importante. La conversación quedó a medias, y pronto la continuarían, seguirían tratando un tema tan delicado que definía su futuro, ya que, si se casaban, las cosas iban a cambiar de forma drástica.
Fueron días de reflexión para Alicia, la cual, se dio cuenta de que extrañaba mucho a Arturo, su ausencia, le había pegado tan fuerte, que sentía que le dolía. Cuando no estaba cerca de él, sentía un vacío tremendo y el rancho sé sentía inmenso, estaba sola en aquel lugar que parecía mágico, pero si la compañía de Arturo, perdía ese toque especial que lo hacía ser un verdadero paraíso.
Durante sus días de ausencia, lo llamaba varias veces al día, llamadas que eran atendidas con mucho gusto por Arturo, el cual, amaba escuchar la voz de esa chica a través del teléfono. En ocasiones, se trataba de llamadas calientes, en las cuales, Alicia provocaba a Arturo para que este la extrañara tanto como pudiera.
Ella se masturbaba y gemía mientras este se encontraba en reuniones de negocios. Era una chica traviesa que se estaba convirtiendo en el centro del universo de Arturo, el cual, no podía esperar a que pasaran los segundos para poder estar junto a ella. Había tenido varias relaciones intensas en el pasado, pero ninguna tan llena de picardía y juventud, como la que tenía con Alicia.
Esta chica lo hacía sentir renovado, joven, lleno de energía y vitalidad, con ganas de luchar cada día para demostrarle a la joven que él era el hombre ideal para ella. Después de las llamadas calientes que recibía por parte de Alicia, en ocasiones, Arturo tenía que ir al sanitario a masturbarse al imaginarla, o recibía fotos calientes en su teléfono móvil, ante lo que, no podía esperar a tener la frente a él para devorarla y hacer la suya en múltiples ocasiones.
Él le pedía fotografías y ella lo complacía, él sabía que al regresar todo iba a ser muy intenso en la relación, ya que, Alicia era pura dinamita. Tal y como se lo habían prometido, sólo bastó con que Arturo llegara al rancho para follar en la sala principal. Habían iniciado en el suelo de aquel lugar, pero posteriormente se dirigieron a la cama de Arturo Villanueva.
Aquella vez hicieron el amor, no fue sólo sexo, fue una conexión de química y espíritu, sus cuerpos se fusionaron en una masa de placer y sudor, la cual, los hizo llegar a los orgasmos más deliciosos que jamás habían experimentado. Alicia dejó la cama de Arturo llena de sus fluidos, tanto vaginales como la secreción de sus glándulas sudoríparas. Arturo se corrió en sus pechos, en su cara, y eyaculó en su coño, fue una sesión larga e intensa de sexo que los dejó profundamente agotados.
Después de aquella experiencia tan sublime, ella se quedó dormida abrazada a su amado, y antes de que finalmente se quedaran profundos como rocas ante el agotamiento, la chica susurró unas palabras que dejaron a Arturo muy emocionado.
— ¡Acepto ser tu esposa! Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. — Dijo la chica, antes de cerrar sus ojos, muy tranquila con la decisión.
Arturo la abrazó con fuerza, lo hizo para asegurarle que estaba tomando la decisión correcta. Durmieron plácidamente aquella noche, pero Arturo salió de la cama muy temprano, ya que, el millonario tenía la costumbre de salir temprano a nadar en la piscina, luego cabalgaba por la propiedad durante algunas horas, pero después de cinco horas, no regreso.
Esto despertó cierta curiosidad en Alicia, la cual, le dijo a uno de los empleados del rancho que Arturo no había regresado, este, simplemente contestó que era normal, que a veces, se quedaba en un río cercano al lugar, y allí meditaba.
Pero para Alicia estaba convencida de que no era normal, ya que, teniéndola a ella como invitada en la residencia, probablemente la habría invitado. Fue cuando ella decidió tomar a Esperanza y decidió buscar a su compañero. Cuando cabalgó hasta el río, no lo encontraba, y esto despertó la preocupación de la chica.
Recorrió por varias zonas de la propiedad y tenía un mal presentimiento, sentía que a Arturo le había ocurrido algo malo, así que, comenzó a cabalgar revisando minuciosamente diferentes puntos claves que podían llevarla a su objetivo. Después de 45 minutos de búsqueda, encontró a Arturo tendido en el pasto bocabajo, la chica bajó de su caballo rápidamente, y notó que Arturo respiraba con dificultad, estaba pálido y casi no tenía conciencia.
Arturo sufría de diabetes, y una descompensación lo hizo perder la noción y cayó del caballo, el animal estaba cerca de él, y esto fue lo que permitió a Alicia identificar su ubicación. La chica como pudo, lo llevó a la casa y llamó a emergencias, sabía que si las autoridades la identificaban la encerrarían, pero tenía que salvarle la vida a Arturo.
Arturo no volvió a estar consciente en un par de horas, mientras ella tuvo que marcharse, pero antes esperó a que llegaran los paramédicos y se ocultó en el bosque mientras se marchaban. Arturo fue llevado al hospital y fue atendido por profesionales. Alicia era su prometida, ya lo habían decidido, pero el verdadero problema sería encontrarla, pues sabía que la chica probablemente habría desaparecido.
Unos días más tarde, después de que su situación de salud mejorara, volvió al rancho y encontró lugar intacto, no faltaba nada, aunque solo había una nota debajo de su almohada que decía.
— “Eres un hombre ideal, tierno, amoroso y comprensivo. Sé que encontrarás a otra mujer que llene los zapatos de alguien de tu talla. Yo no quiero ser una carga. Fue un placer conocerte. Te amaré siempre... Alicia”.
Arturo enloqueció en ese momento y salió a buscarla, aunque no sabía por dónde empezar. Lo primero que hizo fue recorrer los callejones, pero no había rastro de ella. Preguntó a los transeúntes y en restaurantes donde ella solía estar, pero nada de esto dio resultados. Mientras iba en el coche y escuchar un programa radial, Arturo había escuchado que la indigente que había atacado a la ciudadana Wanda Schneider se había entregado y había confesado haber matado a un hombre.
Este chico no había muerto, por lo que, la exoneraron de ese crimen, pero los cargos de Wanda seguían abiertos, Alicia debía pagar una fianza de 5.000 dólares para poder ser libre, pero no tenía dinero. Cuando se llevó a cabo el juicio para definir la pena de la chica, Arturo apareció, pagó la fianza, y le imploro que nunca más lo abandonará. Se casaron tras unos meses, profundamente enamorados como nunca lo imaginaron.
Alicia recuperó su estatus social, aunque ahora prefería trabajar al lado de su amor en el rancho para ganarse su propio dinero. Con los años, decidieron convertirse en padres y tuvieron gemelos. Alicia compró una casa para su madre después de que esta pasara por un centro de rehabilitación, y su padre, murió de cáncer mientras estaba en prisión. Alicia había atravesado por los momentos más duros que un ser humano podía vivir, pero había logrado salir de ese abismo, renaciendo de las cenizas como el ave fénix.
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