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luis antonio bolaños de la cruz

imperio decadente (es)

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SOLITARIO EN TRANSICIÓN O EL IMPERIO YA NO LAS TIENE TODAS CONSIGO
Combate
Mientras el viento arroja partículas de sílice contra mis campos aislantes, los microtúbulos cerebrales aún no se recuperan de la conmoción, es cierto que la ráfaga de energía apenas si rozó el yelmo, pero siento que los efectos acumulados potencian la ola de fatiga que amenaza con sumergirme en la inconsciencia.
Atrás, en la memoria temporal, quedan los pantallazos que muestran a los miembros de la patrulla caídos, ahora subsisto como su representante de misión y no se me ocurre de qué manera coronarla, en ocasiones el camuflaje de mi loriga de escamas ganoideas vibra y centellea por los desperfectos, propiciando que cualquier cazareflejos sobrevolando el campo de enfrentamiento me ubique y advierta a un tiroteador que enfile su batería automática —o peor aún a un trooper — contra las coordenadas topadas en su visor.
El cansancio me atosiga y me auto-convenzo que no sucederá evento aciago alguno si me acurruco contra la ladera por un ratito. Doblo las bisagras y me arrodillo antes de rodar, exhalo un suspiro que lleva carga diversa y me dispongo a olvidarme de lo ocurrido, pero ¿cómo lograrlo? si mis neuronas excitadas se encargan una y otra vez de repetir las secuencias destructivas sin que los neurotranquilizadores logren aislarlas y reducirlas a pinceladas abstractas casi ininteligibles.
Comprendo que en el aire también deben haber sembrado anuladores, pero como íbamos a saber que aquellos salvajes disfrutarían de tanta tecnología y supieran usarla de manera letal. Los energizantes y potenciadores que sueltan mis nanoimplantes en el aparato sanguíneo crean una capa de euforia sobre la retentiva reciente y por breves momentos parece que voy a lograr remontar la caída, pero el agotamiento puede más, me descuido y duermo hundido en el fango del talud, presagio a lo lejos, como si le sucediera a otro cuerpo y estuviera contemplándolo desde afuera y preferible desde otra dimensión, al barro que se desliza sobre la armadura cubriéndola, me relajo, creo que me camuflara y me duermo.
Derrota y Captura
Al despertar me encuentro rodeado de seres delgados, nudosos, de piel verdosa, una hilera de ocelos en la cabeza redonda; los músculos y tendones, largos, fibrosos, se marcan con cada movimiento, me dejo arriar, otros también comparten mi destino, parece que de nuevo nuestro ataque ha sido un fracaso, las carcasas de los máquinas de asalto jalonan vaguadas y colinas, sea cual fuera el método para calentarlas y detonarlas que usaron, su eficacia ha sido máxima, el olor a metal quemado, grasa frita y carne asada impregna el aire —según rápidos rumores que recorren las filas de prisioneros, unas ampollas rosadas deambulaban por el campo de batalla e impulsadas por una fuerza indetectable por nuestros instrumentos, con un chillido que no se registraba en los audífonos pero si en la mente, atravesaban los blindajes y las dejaban convertidas en ruinas humeantes—.
Me consideré afortunado por ser de infantería, quizás exista alguna redención que obtener. El enemigo nos engaña, nos deja obtener la información con que arman sus celadas, nos permiten creer que obtenemos lo que en verdad nos escamotean, llevándonos paso a paso cada vez más profundo a la trampa y luego nos encierran al establecer perímetros de seguridad que nuestras indagaciones más avanzadas no alcanzan a penetrar y que actúan cual espejos que reflejan lo que deseamos que sea, gracias a tales estratagemas nos golpean con creciente dureza ¿qué artificios matemáticos usarán para calcularlas sin que nuestras IA lo noten mientras exploran y clasifican el terreno como poco peligroso? ¿Cómo lo logran?
Nosotros somos el Imperio y a pesar del poderío que esgrimimos nos zarandearon y nos desmenuzaron, desde hace ya un lapso prolongado tememos que nos están desmoronando, ya lo consiguieron —por lo menos en este otro planeta, ya que las variaciones tácticas son numerosas— con una alianza inaudita: biocenosis y bioma plantaron sus garras y elementos en equipos y soldados hasta inutilizarlos o idiotizarlos. Las oleadas de ataque mellan sus dientes mientras son devastadas por acciones inauditas que devienen irracionales si las analizamos, que no comprendemos y que nos provocan ganas de llorar, de cerrar los ojos y entregarnos, y es que cada ser viviente encuentra una forma de liquidarnos, aterrorizarnos o convertirnos en una masa lloriqueante.
—los ocoteros (arbustos blandos que parecen montones de gelatina petrificada) nos tragan apenas nos acercamos,
—las secteras (agallas que crecen en las ramas de ciertos árboles) exhalan polen venenoso... e invisible hasta que surte efecto y te descuajeringas en estornudos antes de que la diarrea te sacuda los intestinos,
—las pihuayas (altísimas cilindros que se subdividen simétricos en segmentos exactos con cada rama poblada de hojas delgadas y filosas) se erizan y propulsan espinas alucinógenas contra cada juntura y milímetro de piel expuesta,
—los terebitos (insectos semejantes a los saltamontes sólo que más diminutos) perforan nuestros blindajes cuando nos detenemos a descansar y en seguida nuestra carne,
—los gredis (enormes lombrices semidomesticadas por los moradores del planeta que cavan y remueven los campos de cultivo) nos acechan desde el subsuelo abriendo sus enormes bocas y deglutiendo la tierra sobre la que nos paramos junto con nuestros cuerpos,
—las marcusas (lo más semejante a una gaviota que encontramos) se camuflan hasta ejecutar un vuelo relampagueante contra nuestros sensores que convierte en ensalada magnetoeléctrica las sistemas de búsqueda y destrucción de nuestras armaduras,
y así ad nauseam.
Mis memorias bélicas, las incrustadas en el cerebro adicional de entrenamiento y que transmite tácticas, lemas, canciones, relatos y anécdotas estimulantes mientras combatimos (distintas a los IA que entrelazan y armonizan sensores de autolocación, coordenadas, mapeo y relación-distancia con nuestros magnetotransportes de superficie) se sublevan y cada una se dedica a enloquecerme, entran en contradicción con los sentimientos que me inculcan las esporas que han penetrado en mi cuerpo y disuelto en mis líquidos, el flujo de sustancias me sacude y vomito una y otra vez, los demás cautivos se encuentran en semejante situación deplorable, excepto en quienes han aceptado la derrota y decidieron que es valioso cambiar de bando por convicción. A quienes peor trata la toxina esparcida en el entorno son a los oportunistas. Y entonces, empiezo a recordar las semanas previas a alistarme... y las tonterías con que me rellenaron la mente y me avergüenzo.
Convivencia con la Palabra
Una vez congregados en la zona plagada de subterráneos donde se ocultan y nos mantienen prisioneros, se instaló una rutina con rapidez, trabajábamos reparando o seleccionando biocomponentes, metalosegmentos y otros diminutos accesorios en enormes galpones excavados en la tierra y sostenidos por redes de bábigos: mezcla de gasterópodo con celenterado que crea su propio líquido para desplazarse por deslizamiento y que al secarse parece una porcelana lisa donde sólo sobresalen los caparazones de los sacrificados y las líneas de su movimiento (una vez más, una biotecnología que el imperio no conocía).
Al ritmo de las faenas, una chica muy guapa con ojos soñadores y boca jugosa y perfecta nos leía unas poesías, elegidas por su cadencia y decía que un velae (poeta viajero de los rebeldes que traza con las palabras esquematrices que contienen varias capas condensadas de significado, las cuales ejercen un efecto revulsivo sobre la mente del escuchante empujándola al proceso creativo y el cuestionamiento de lo convencional), trazaba la figura de aquel actor en que nos convertiríamos, agregaba que habían sido compuestas hacía ya un largo ciclo (casi cinco siglos y/o varias décadas según los calendarios a indexar y la velocidad de los medios de transporte utilizados), cuando apenas surgían los primeros rebeldes y autoorganismos antiimperio y que ya anciano era ahora uno de los jefes en el cuadrante autóctono, nos cuenta que un piloto fue quien lo capto para la rebelión, luego empezaba otra vez y con frecuencia volvía a interrumpir la recitación para agregar aluviones de datos que mecían nuestra atención y estimulaban nuestros circuitos neuronales.
La reiteración y el acompasamiento, la humareda aromática, las siluetas estimulantes, la luz cruda que se derramaba sobre los paneles cubiertos de enredaderas, los cómodos sillones, predisponían a anular las ondas que emitían los chips de control que teníamos pegados en nuestras neuronas y a razonar por cuenta propia, para no sentirnos cooptados, pero sin ataduras sociales impuestas y cooperar con libertad. Desde los quiebres sintáctico-emocionales originados en androides que cambiaron de bando se había extendido como una peste el mal funcionamiento de los llamados auxiliares marciales y casi devenido en inútiles en amplias regiones del imperio, a partir de ese momento se reforzaron los checks y se limitó el rango de elección a los usuarios (de allí el exterminio de los ciberguerreros que perecerán en El Ultimo Czarniano por no aceptar tal limitación).
Ahora, mientras practicaba un estilo de autopoiesis emancipadora y en cierto sentido salvífica, aunque en verdad se requería de terapia reconstructiva permanente para que el aparataje imperial embutido en el sistema nervioso y sus accesorios funcionaran en otra dirección y no nos afectara ni mutilara el proceso de toma de decisiones, la voluntad o la elección de estrategias... pero que tampoco fuera descubierto en una revisión minuciosa; y eso era un esfuerzo que al inicio aún provocaba disturbios (tembladeras, retortijones, fiebres repentinas y devastadoras) en el cuerpo y su sistema de conocimiento, pero que se iba desvaneciendo a medida que se usaba.
Parece que por intuición siempre he creído en la palabra, durante mi vida la he buscado, sobre todo en textos expuestos en cualquier soporte (bioredes, digitopuntos, libros, ultrapieles, cultivos bacteriales, fluyescenas), asimismo he continuado con su lectura en las nubes, en perfiles de montañas, en las masas boscosas vistas desde distintas condiciones de vuelo, en cualquier silueta o sombra, presintiéndola, acariciándola.
Convencido que sería perturbador que la naturaleza la entregara a criminales o que alguien sin ética la profiriera frente a mi aniquilándome, me sentía protegido en las instalaciones, a veces creo que la palabra que aniquila a cada expedicionario invasor ya fue pronunciada y almacenada en las vastas conciencias planetarias (MultiGeas) para impedir su acceso a las IA del Imperio; pero aún con mayor convicción manejo o empiezo a manejar una suposición básica que se desprende de la posición que ostento y que he llegado a alcanzar tras varios meses de esfuerzo y que consiste en formar parte del grupo de los exploradores que serán recompensados con su uso, la palabra nos otorgaría poderes inconmensurables en cierto sentido, nos permitirá girar un poco los goznes del tiempo y deslizarnos por un breve instante a las epifanías más sublimes, seríamos testigo del lanzamiento del último enjambre de crionaves, de la caída del postrer bastión del imperio, de la plaga de vampiros que asoló las colonias de Saco de Carbón, de la inauguración del Centro Jack Vance para antropocuentistas, del apagón del Sol en Tierra Uno, del Tercer Reverdecer del Círculo Alastair Reynolds.
El proceso es complicado: Bajo la inmensa bóveda que remedaba desde el interior en versión burda las tracerías delicadas de las volutas mimetizadoras del caracocel bábigo, repasé y entendí cuál sería mi tarea. Ligar la paradoja del tiempo (morar en retroprogresión comprendiendo el pasado para crear el futuro) con el sacrificio altruista (referido al que se ejecuta para salvaguardar a la mayoría de los miembros de un colectivo de la especie) para que se retroalimenten en mis sentipensamientos, y por fin tuve clara la ruta a seguir sin importar cuando demoraría en alcanzarla, escaparía tal y como lo organizarían los rebeldes, lo cual permitiría ganarme la confianza de los imperiales porque aparecería como un héroe y tras el período de investigación que me limpiaría de sospechas, ejecutaría mi propio plan y reintroducido en sus huestes las conduciría hacia una próxima emboscada, formando parte de una ecuación letal.
A cada circunvolución activada le corresponde una retrocircunvolución que husmea para converger en un equilibrio dinámico, cuando logramos identificar la palabra que nos corresponde nos permite introducirnos en los pliegues de la mutidimensionalidad, iniciándose en simultánea protocolos complejos que nos facilitan la persecución y aniquilación, o la convicción y adhesión, según las características identificadas en las personas; tus resultados irán demostrando si eres un explorador justo o convincente (a pesar de las autobarreras generadas por el entrenamiento aún estamos sujetos a error, ya que la realidad es impredecible y no somos todopoderosos). Tras los condicionamientos implantados, sin embargo, ya flotaba una consigna en nuestra mente: ¡Larga vida a la liberación!
Glosario
BioRedes: Las establecidas por la noosfera que posee cada planeta, densas y enmarañadas pero pródigas y siempre verdes y frescas.
Digitopuntos: Ligados a la llovizna de neutrinos y que se expresan en holoesferoides de visión única, lo que reintroduce el azar en la ecuación de búsqueda.
Libros: Clásico y antiguo, posee un ritmo peculiar que podemos retomar una y otra vez, como se dice pocos en el macuto, múltiples en la interpretación.
Ultrapieles> Pantallas archisensibles que se readaptan a cada toque reinventando rutas, agregando o sustrayendo de acuerdo a algoritmos que se persiguen para retroalimentarse de sus variaciones.
Fluyescenas: Ríos de imágenes de enfoque variable, que saltan del zoom al panorámico, al pixelado de detalle o al palimpsesto conectadas al flujodato cotidiano.
Cultivos Bacteriales: Enciclopedias semilíquidas con acceso a través de los poros cuando se sumerge todo o parte del cuerpo con una ecuación de búsqueda instalada, si ingresamos por la libre es un evento similar a la ingestión de sustancias psicoactivas.
Crionaves: Las utilizadas con diferentes fuentes de impulso por tripulaciones sucesivas que se van despertando cuando se agota la anterior por accidente, epidemia o muertes repetidas (incluye el concepto de generacional y aftl: almost fast than light: casi tan rápida como la luz).
Antropocuentistas: Aquellos que beben en las intersticios culturales de un espacio reconocido para ofrecernos fábulas sintéticas de comprensión instantánea.
LA DUDA
Nuestra nave arribó a la órbita de Prim Klam con cierto adelanto, así que mientras el carguero semejante a un conjunto de burbujas aplastadas unas contra otras y acribilladas de perforaciones que permitían el flujo de las gabarras con mercancías hasta los ganchos de anclaje en los colosales hangares —distribuidos en el eje que albergaba a los reactores de hiperimpulso—, iba rellenando sus bodegas, nos permitieron bajar a su superficie. Éramos disciplinados y creíamos en la Reconstrucción de la República tras la caída del Imperio.
Me animé dispuesto a convertir la experiencia en motivo de placer. Cada cual cuando aterrizamos se dedicó a cumplir con las exigencias de sus obsesiones; la mía que era recorrer mercados y monumentos encontró en las megamoles del barrio comercial suficientes escondrijos que visitar. Se sucedían templos con esqueletos embutidos en las paredes metálicas con exposiciones de cópulas interespecies.
Me detuve con algo de cansancio al pie de una titánica cúpula que parecía haber gozado de mejores tiempos, semienterrada en la ladera arenosa que delimitaba el cuenco en que se esparcían las instalaciones del puerto; un susurro me distrajo, al inicio no encontré su procedencia, pero al repetirse comprobé que se emitía desde un paquete de harapos en la escalinata, al mirarlo observé su semejanza con un cuerpo humanoide y me acerqué para dilucidar su ronquido, había alcanzado a interesarme.
Lento, con frecuentes pausas, y a medida que avanzaba en su relato con mayor claridad, supe de las circunstancias de su desgracia. Compartió una preocupación y remarcó que tras perder sus fuerzas y ser arrojado al exterior de las minas de coltan, adoptó una misión: advertir a cada joven que cruzara por delante del edificio lo que podía sucederle si ingresaba: en su caso la arrogancia lo condenó, ignoró los signos y se extravió en los vericuetos de la trampa que se tendió a si mismo, para proseguir quería el equivalente a una cena, no escatimé mi óbolo y me dispuse a escuchar sentándome a su lado en el polvo de la grada vecina. Estas fueron sus palabras:
—Estoy paseando en un salón enorme de paredes de protoplasma vegetal que gira en espiral, nudos marrones y cintas verdes lo atraviesan, está tachonado con negros conjuntos de pantallas circulares que simulan ejercicios coreográficos en su interior, apenas discernibles por los fogonazos plateados de los escorzos ejecutados que capta su superficie, sólo por eso era notable la sala, trate de tocarlos y la flexible epidermis registra los sensores de mi dedo pero no se abre para que pueda degustar la información acumulada en los movimientos. Tras distraerme interactuando con las figuras me coloco en postura de loto en un almohadón en lo alto de una columna, desde el cual me deleito con los cuerpos que se arraciman en las piscinas sucesivas que caen en cascada.
»El otro lado del local está repleto de mesitas con otomanas, surtidas con abundancia de elementos comunicadores, me llaman la atención los vetustos modelos de teléfonos blancos que pulsan con luz perlada encerrados en cajas oblongas de imobakelita con trono y dosel; aparece una joven hermosa, de silueta apetecible, de inmediato los presentes se retiran y el gran salón queda vacío, quizás por ser forastero no sigo la desbandada y permanezco oxigenándome, pasa bajo mi perchadeero, se instala casi a mi lado sin mirarme, elige uno de los módulos con teléfono blanco cercanos, se sienta en el trono bajo el dosel y llama muchas veces sin lograr comunicarse. Rompo mi estática asana, ya que la escucho pero no la entiendo, me acerco y me apoyo en el cerco de imobakelita frente a ella, extiendo mi mano con implantes expresándole con mis ojos y gestos que quizás poseo algún recurso que le permita hacer funcionar el teléfono.
»Me oculta la mirada, lo aprieta y se niega a aceptar mi ayuda. De repente la luz perlada pulsa y localiza a la persona que necesitaba, conversa con voz suave ignorando mi presencia, es igual porque sigo sin comprender su idioma a pesar de llevar virus traductores. Aprovecho el delicioso descuido en el que se coloca mientras habla y atisbo por las sisas y hendiduras de su ropaje, ya había notado en su caminar una elegancia que parecía llegarle de muy lejos, sus senos son altos y la banda que la presiona en las costillas casi los lleva contra la garganta, sus poros destilan un aroma embriagador, giro y me retuerzo hasta que logro centrar mi mirada en una abertura que surgía y desaparecía en el laberíntico lecho de su bufanda mostrando un pezón rosado, que se arrugaba o se expandía cual diminuto volcán, se hundía en la grasa de la teta dejando plano su mamelón, y luego eruptaba creciendo como una hinchada areola con vida independiente que cabeceaba indagando por algo, hasta semejaba una furibunda y frustrada glándula que esperaba la complacieran, ella manteniéndose desdeñosa emitía gemiditos de placer en cuyas aguas densas yo quería ahogarme; continuaba ignorándome a propósito, pero no impedía que me cerniera sobre ella y que la contemplara, entendí que deseaba que lo chupase, lo mordisqueara, lo lamiera, lo gozara, pero fingiendo, como si ella no estuviera consciente de mis manipulaciones, lo cual era tremendamente excitante, me incliné y casi de inmediato me encontré rodeando el pezón con mi lengua y recibiendo un chorrillo de leche, me estremecí obnubilado por su increíble sabor y sin transición descargue mi semen en un orgasmo desgarrador y clarificante, demasiado tarde vincule la marcha de los lugareños con la intención del sacrificio, me ofrecieron a una Bureube (acrònimo de Brujas Reclutadoras de Ubres Esclavizantes), las que proporcionan zombies a las minas de coltán con permiso de la administración del puerto, siempre y cuando el reclutado participara con discernimiento. Cuando ella se levantó marché detrás sin voluntad y dispuesto a obedecerla; me entregó a uno de los capataces y recibió su paga; desde entonces la veo en mis ensueños.
Impresionado ante tamaña injusticia salté y trepé hasta la semiabierta cancela que bostezaba arriba e ingresé enérgico y dispuesto a enfrentar cualquier agresión, pero... la enorme sala estaba ruinosa y descolorida y sus piscinas vacías.
REPRESENTACIÓN PURGADA
Atravesamos zonas de guerra, peligrosas y repletas de vericuetos, logramos camuflarnos y escondernos de las flotas en contienda, hasta arribar a este planetoide con cierta gravedad y atmósfera donde podemos repostar e inclusive holgar el cuerpo. Alcanzamos a visualizar que un par de continentes acribillados de lagos y cubiertos de selva se conectaban por media docena de archipiélagos ocupando un hemisferio, había un océano extendiéndose por el resto; la memoria de nave señalaba que los nativos Kas no son ni hospitalarios ni hostiles, pero se caracterizan por un acendrado espíritu de limpieza e higiene, lo cual desencadena no pocas bromas hacia sus costumbres. Aleccionaba sobre: Entre los reflejos que destellan en su proceso civilizatorio concreto, y que van agudizando su afinamiento para relacionarse con otras especies y aligerando su sutileza para tornarlo ecuménica se encuentran aquellos procedimientos higiénicos que van moldeando de manera paulatina las sensaciones corporales referidas a la sanidad para no confundirlas con la sexualidad.
Los Kas (denominación popular abreviada) eran polícromos sobre fondo celeste o gris perla, redondeados (los delgados clasificarían como obesos) con nódulos dérmicos desparramados al azar y emplumados (plumas cortitas y suaves en paquetes de 3, 5 y 7 unidades), media docena de bracitos y dos piernas formidables para sostener un triple sistema excretor, uno renal delantero que culmina en el botón eréctil y dos posteriores para evacuar sólidos y semisólidos con tres nalgas, dos laterales y una central (lo cual significa columna vertebral muy larga y fuerte) complicada de figurársela hasta que captamos la funcionalidad de su diseño abombado que deja libres los pliegues interglúteos mediante arcos descendentes y confluyentes con solo cuatro hoyuelos sacros; compatibles sexualmente con los terráqueos con bioquímica similar (por lo tanto no son venenosas una para la otra) continúan atesorando misterios pero aceptan mezclarse en los puertos espaciales para actividades comerciales y de otro tipo.
* * *
Arvid, Pukanper y yo decidimos incursionar en la ciudad aprovechando la breve estancia que gozaríamos. Los limites urbanos del puerto espacial eran imprecisos, la campiña penetraba sobre todo en la cercanía de los puentes que permiten cruzar el enorme estuario que lo circunda y era allí, en su solemne serenidad donde se habían instalado los burdeles y daba la sensación que ningún ruido podría escaparse. Los que brindaban terráqueas ostentaban desde holos con vaginas que degluten esferillas ligadas con cadenetas hasta labios de una turgencia purpurea y viscosa. La elección fue casi aleatoria, un tafanario dorado que cabalgaba infatigable sobre una trola descomunal nos atrajo.
En la sala deambulaba una multitud de hembras, apenas adornadas con nanotatuajes, musgos de crecimiento rápido programados para adoptar figuras, manchas liquidas subdérmicas que se desvanecen y reaparecen y otros artilugios y semitrapos epiteliales que con dificultad disimulaban sus órganos sexuales hipertrofiados, agrandados y grotescos, exhalando aroma a feromonas y perfumes; de inmediato nos abordaron, separaron y condujeron a los aposentos interiores, la acompañante que seleccione influido por el reclamo de la entrada fue una morena de trasero percutiente que vibraba palpitante y parecía aplaudirse a si mismo por la geométrica perfección de sus redondeces enfrentadas.
Tras una gimnástica sesión donde transitamos del panal a la cabalgata con doble dildo y consumimos diversas sustancias que sacudieron mis tripas y perturbaron mi metabolismo nos dedicamos a explorarnos y delimitar espacios íntimos, su silencio sonriente legitimaba sensaciones y razonamientos; ella había sido mejorada e intervenida, comprobé que poseía un esfínter supernumerario en la zona anal, labios medianos entre los mayores y los menores de la vulva y triple pezonera en las areolas; por mi parte los implantes estaban referidos al uso de tecnologías y prácticas de fortaleza, sin jerarquías artificiales, si acaso demasiado sencillas para generar dudas.
Ella supervisó mi cuerpo anhelante y trémula cual doncella (se que era una consecuencia secundaria de una las drogas que nos zampado, pero engaña y enternece), que mezcla la experiencia y el toque amoroso mientras ejecutaba maniobras sobre mi pene, en mi confiada desnudez me entregue, advierto que agarra la punta de un filamento que asoma por la uretra, mantengo la compostura, se que no debe existir peligro, es un cabello largo, duele leve al sacarlo, enganchado al final se retuerce un gusanito que semeja pus crema, helado ensortijado, lo deja caer un vaso de licor donde se disuelve y cada cual con su sorbete pugna por chupar más raudo, nos zarandea la ingestión del brebaje pero el efecto remite rápido sin que lleguemos a hiperventilar, respiramos aliviados y giramos el uno hacia el otro envolviéndonos con las piernas.
La decoración va cambiando mientras caemos en un duermevela, paredes cubiertas de anaqueles con gruesos tomos verdes, mobiliario de maderas oscuras, pesados y moldeados con figuras eróticas, figuritas de porcelana dedicadas a masturbarse de múltiples maneras, el piso se cubre de gruesos edredones, pieles, tapices, la tranquilidad es una losa que baja sobre nosotros; sin embargo, dos pensamientos casi ingenuos me asaltan:
a. Ese era el gusanito del morbo e indica que extraído la podré desear con... ¿pureza y limpieza?
b. Ha sido un castigo por realizar un coito anal y estoy infectado y seguirán saliendo gusanos hasta que me capen.
Aprieto la mandíbula e impido resbalar a mi mente por el tobogán de las ensoñaciones, pero finjo que si. De inmediato coloco mis sensores visuales (placas epiteliales adaptadas a recoger luces y sombreas y trazar figuras reconocibles en nuestras retinas) en alerta y dejo que actúen.
Por un momento me descoloco, la habitación se encuentra circundada por balcones con celosías, en los cuales siempre han estado presentes e invisibles, nativos del planeta, incluidos doctores en filosofía de la higiene y médicos-brujos observando nuestra representación y esperando en mi caso el resultado de la extirpación del gusano, no se que será de mis compañeros, estoy furioso no por el acto de voyerismo (seguro que les cobran por los lugares que ocupan) sino porque no me han avisado y quizás he quebrado alguno de sus rituales de limpieza, me preocupa la falta de coincidencia con que cada especie condensa la visión de sus envolturas corporales. Es probable que como percepción los nativos moren en una fantasmagoría de la piel, acompañada de una historia exagerada y con sus determinantes socioambientales alterados, que al contacto con las tradiciones aportadas por las especies visitantes han terminado por alimentar también una tortuosa sensibilidad.
Tirito repasando la opción b, de repente las normas establecidas han sido quebradas, se supone que mi ignorancia deberla contar a mi favor, pero contemplaban e iban añadiendo de manera gradual exigencias que se complejizaban a cada momento y que al yuxtaponer imperativos que no se ejecutan ameritaba mortificación; quizás no lamí lo suficiente el esfínter adicional, o tragué demasiado fluido al acaecer ese squirting que semejaba una fuente, o borré en uno de los frotes del mete y saca una figura que debía conservarse inmutable en los glúteos, o generé exceso de saliva sobre zonas que se consideran secas; y entonces la superposición equivocada de lo sexual y lo higiénico propicio el inicio de una censura que terminó como obligatoria expiación.
* * *
En la bitácora del No te dejes atrapar (Carguero propiedad de la Asociación de Mercaderes Hansa Cósmica) viajando por el borde una área de batalla se agrego un comentario: Hemos desembarcado distorsionadores de campo y otras mercaderías y abastecimientos en una corta visita al planetoide Ada que gira en torno al gigante gaseoso del sistema de Kasprdak: Tres tripulantes Arvid, Pukanper y Zoilo no regresaron del permiso, como explicación la autoridad policial nos mostró imágenes de unas portadas (holoperiódicos itinerantes que flotan recogiendo sucederes), que invitaban a quienes se interesarán al anfiteatro a presenciar la operación de conversión en carne de prostíbulo de tres infractores descubiertos por el gremio de médicos-brujos.
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