escorpio (es)
El plan: Un fin de semana en una cabaña cerca de los Alpes. Valentín la había conseguido por mediación de un amigo:
- Trabaja como profesor de surf en verano y monitor de ski en invierno – le explicó a Victoria - Ahora mismo está en Biarritz, así que tenemos la casa para nosotros hasta septiembre, quizá octubre. ¿Qué te parece?
Vic accedió, pese a que no le gustaba demasiado aquel plan en la naturaleza. Ella prefería su cómoda habitación en el hotel “Picouline”, donde habían venido celebrando sus encuentros desde hacia tiempo. Pero la última vez casi se cruzan con una amiga de Malena… y habían decidido que tendrían que cambiar de escondite.
Condujeron por separado hasta Saint-Luciene, un pueblito que Val le había indicado en un mapa. Una vez allí se encontraron y, después de un breve almuerzo, Valentin la guió con su coche por un estrecho camino de montaña hasta el refugio.
-En invierno no cabe un alfiler - le dijo al llegar - , pero en verano esto parece un cementerio.
Era una noche de primeros de junio. Una suave brisa movía las copas de los abetos embriagando el aire con su dulce aroma. Los grillos tocaban su canción nocturna alrededor de la casa, que estaba completamente a oscuras, con excepción de un tragaluz en el tejado, que proyectaba un leve resplandor hacía las estrellas.
Acababan de hacer el amor. Ella – Victoria – desnuda sobre la cama, miraba por el tragaluz tratando de adivinar el nombre de la constelación que tenía sobre su cabeza.
- Escorpio – le dijo Valentín besándola en la sien.
- ¿Cómo lo sabes? – le preguntó ella, sorprendida.
- Ya sabes que a Malena le encantan estas cosas. Astros, planetas, horóscopos…
Victoria le apartó con el codo y se escurrió de entre sus brazos.
- ¡No menciones a Malena! – protestó - Acabamos de hacerlo.
- ¡Vale! ¿Y qué quieres? – dijo, casi riendo, Valentin - Tú me has preguntado por la estrella.
- ¿Y qué tendrá que ver?
- Bueno… ya que hemos tocado el tema… quería hablarte de ella.
Victoria se había ladeado en el colchón y buscaba un cigarrillo en su bolso, que estaba en el suelo. Valentin le miro el culo mientras lo hacía.
- ¿Hablarme de Malena? – preguntó Victoria encendiéndose el pitillo - ¿Qué le pasa? ¿Se ha vuelto a deprimir?
- ¡Eh! No hables así de ella. Eres su mejor amiga ¿o no?
- Sí, supongo. Una gran amiga. Acostándome con su marido dos meses después de su boda.
Valentin le cogió el cigarro y dio una calada.
- Y dos meses antes también – dijo riendo - ¿O es que se te ha olvidado?
Victoria le miro con sus ojos almendrados encendidos en furia.
- Vale, demonio, - dijo ella echando una flecha de humo por su boca de fresa - ¿Qué quieres contarme?
- Tuvimos una discusión muy fuerte – dijo Val - el jueves
- Vale… eso no es nuevo
- Lo sé, pero esta vez la cosa se desmadró. Ella volvió a acusarme de que no la hacía caso. Que no tenía atenciones. Y de pronto me dice que sabe que estoy con otra. Es algo que me dice a veces, cuando se vuelve loca. Y yo siempre le digo algo bonito, ya sabes…¿cómo me dices eso? ¿Yo no podría estar con otra? Cosas así
Victoria se rió.
- Eres un cabrón, lo sabes ¿no?
- ¿Por qué un cabrón? – preguntó Val - Ella es feliz así. ¿No? Todos vivimos en una mentira, de alguna u otra forma.
Victoria le miró y recordó la primera vez que lo vio en el club, vestido con su ropa de tenis, tan moreno y sonriente. Supo al instante que Val estaba allí para dar un buen braguetazo. Fue como si pudiera decodificarlo de un vistazo. Tal vez porque ella era igual que él.
- El caso es – siguió diciendo Valentin – que esta vez no le dije nada bonito. Supongo que estaba un poco cargado ese día, me dolía la cabeza… no sé lo que me pasó. Pero de pronto le dije: Pues sí, ¡tienes razón! ¡Me veo con otra!
- ¡Qué!
- Vale, vale, ya sé que fue una estupidez. Me di cuenta en el acto. No me hizo falta más que verla. Se le pusieron los ojos como dos huevos. Blancos, casi fuera de sus órbitas. Perdió el color del rostro. Y me dijo que me mataría si alguna vez la engañaba. Lo dijo de una forma que me asustó. De veras.
Victoria se echó las manos a la cabeza, con el cigarrillo temblándole entre los labios.
- Mierda. Mierda. Mierda. ¿Te hizo algo?
- No… solo dijo eso y se marchó. Trate de pedirle disculpas. La seguí por la casa diciéndole que todo había sido una broma. Jamás la había visto así. Me dio miedo. Tú la conoces…¿Crees que sospecha algo?...
- La has jodido Val. ¡Bien jodida además! ¡BIEN JODIDA!
Victoria se levantó.
- ¡Hey! Tranquila.
- No me digas que esté tranquila. No tienes ni puta idea de nada.
- ¿De nada? ¿De qué?
Victoria habló para ella, en alto.
- Solo eres el guaperas de turno. Todo el mundo lo veía venir, cuando la enredaste en el club, la gente comentaba…pero nadie se atrevió a decírselo. ¡Pobre Malena! Su padre tenía demasiado miedo de que volviera a abrirse las muñecas. Su madre es una borracha. Sus hermanos solo quieren que se muera para sucederla en la herencia. Yo, en teoría, soy la única en la que podía confiar…¡Y mírame! Tirándome a su novio primero, y a su marido después. El mismo día de su boda.
Valentin se recostó en un almohadón y se puso las manos detrás de la cabeza.
- MMM… vale. Cuando termines con tu “día de la culpa” avísame.
- ¡Eres un cabrón!
- Y por eso te gusto ¿No?
Victoria le miró con ira. Le hubiese clavado las uñas en los ojos en aquel momento.
- No sabes nada de Malena – le espetó - Es pura nitroglicerina. No pensaba que pudieras ser tan imbécil. Es peligrosa.
- ¿Te refieres a lo de matarme? No creo que lo haga. La pobre…
- ¿No lo crees? ¿Y si te digo que…. ya lo hizo? Bueno…quizá..
Se hizo un profundo silencio entre los dos.
- ¿Qué? – preguntó Valentín cuya sonrisa se había menguado ligeramente.
Victoria pensó que aquella cara bonita ahora le resultaba estúpida. Se levantó. Se puso las bragas. Después se encendió otro cigarrillo. Se abrazó a si misma.
- Ella salía con un chico – empezó a decir, recordando - Se llamaba Marcel. Estaba enamorada, loca, a su estilo. Escribía su nombre en los árboles, las paredes. Pensaba en su boda, en sus hijos. Es una platónica, una niña idiota. Ya la conoces… Una noche, en un baile del club, ella le descubrió besando a otra. Marcel le dijo que no se atrevía a cortar con ella, por lástima, pero que había dejado de quererla. Entonces Malena desapareció de la fiesta. Al día siguiente la encontraron en su cama, rodeada de sangre.
- Estaba al tanto de esa historia – dijo Val mirando al techo – me la contó su papá unas mil veces antes de casarnos. ¿Y qué?
- El chico, Marcel – continuó Victoria - También desapareció esa noche. ¿A qué eso no te lo contó? Marcel nunca regresó a casa. Sus padres y amigos lo buscaron por todos sitios… y lo encontraron un día más tarde. Cosido a cuchilladas en un bosquecillo que había de camino al club. Muerto.
- ¿De qué estás hablando?
- Te hablo de Malena. De la Malena que no conoces… o que casi empezaste a conocer el otro día.
- ¿Dices que ella le mató?
- Nunca se demostró. La policía cerró el caso al cabo de unas semanas. No se encontró el arma. Dijeron que había sido un robo. Había huellas en su ropa… irreconocibles… Por supuesto, el padre de Malena nunca permitió que la policía se acercara a su hija. El tiempo pasó. Aquella familia se fue de la ciudad.
- Pudo ser otra cosa. Quizá un robo… quizá…
- Es cierto. Pero todos los que conocemos bien a Malena sabemos que tiene “algo”… un fondo maligno. Por eso te asustaste el otro día, cuando ella te amenazo. ¿Verdad?
- Pues… ¿Eh?
- Calla
- ¿Qué?
- ¡Escucha! Un ruido. Fuera.
Se quedaron en silencio.
- ¿Qué es eso? Son Pisadas. Estoy segura.
- Será un animal…
Valentin saltó de la cama y se acercó a un pequeño ventanuco que daba a la parte frontal de la casa. Miró por ella. Victoria se había pegado a la pared. El cigarrillo se le consumía entre los dedos.
- ¿Ves algo?
- Nada. Solo tu coche y el mío. No hay nad…
Otro ruido. Esta vez al lado contrario de la cabaña. Sonó como una pequeña carcajada y algo rozó la madera de la casa, como unos dedos.
- ¡Es ella!
- ¿Quién?
- ¡Malena!
- ¿Malena? Vamos… Aquí no hay nadie. Solo tu y yo.
- Dios, estoy temblando.
- Vamos, vamos… ¿no ves que es imposible? Ella no sabe dónde estamos.
- Pudo seguirte. Se hizo la tonta toda la semana. Te dejo machar. Salió detrás de ti.
- Vamos Vic,… esto se está yendo de madre.
Ella había comenzado a buscar su ropa por entre las sabanas.
- ¿Qué haces?
- Vestirme.
- ¿Vestirte? ¿Para qué?
- Me marcho.
- ¿Irte? Pero si acabamos de llegar. ¿Estás loca?
Vic no dijo nada. Se sentó en la cama y comenzó a ponerse las medias. Val volvió a mirar por la ventana. No había nada, ni un alma. Una manta de estrellas se elevaba sobre las copas de los pinos. Era cierto que esos ruidos habían sonado un poco raros, pero lo más posible es que fuera un animal.
- Escucha – dijo Val -, creo que hemos empezado con mal pie el fin de semana. Es mi culpa. Toda esta historia de Malena… creo que te he asustado en vano… no fue para tanto ¿sabes?
Victoria no le prestaba atención. Se vistió la falda y se apresuró con los zapatos
-Hagamos una cosa – dijo Val - Tu te quedas aquí y yo salgo a mirar ¿de acuerdo? ¿Te quedaras más tranquila? Si resulta que es Malena le invitamos a un café y se lo explicamos.
- ¡Val!
- De acuerdo. Pero si no hay nadie, te quedarás, promete que te quedarás conmigo. Quiero que volvamos a hacer eso de antes. ¿Te acuerdas?... venga… ¿es eso una sonrisa? Dime que sí.
Victoria asintió con la cabeza. En realidad no se quedaría de ninguna manera, pero no le importaba que Val echase un vistazo. Después le diría Adiós. Y además sería un adiós para siempre. Llevaba tiempo pensando en hacerlo. Val era un buen polvo, pero era demasiado idiota. Y Malena…
- Vengo ahora – dijo Val.
Se había puesto solo unos pantalones. Salió por la puerta de la cabaña.
- ¿Malena? – preguntó a la oscuridad de la noche - ¿Maleeeenaa?
Demasiado idiota, pensó Victoria riéndose, pero con un buen trasero.
Oyó a Val caminar alrededor de la cabaña.
- Nada por aquí – exclamaba- ¿Maleena? ¿Estás por ahí querida?
Los ruidos habían cesado y ahora solo se oía el rumor de los grillos, azuzando sus guitarras con frenesí. Las estrellas seguían quietas ahí arriba. Escorpio.
Pensó en maquillarse un poco. Tendría que contarle alguna milonga a Maxime cuando llegara a casa esa noche. Tal vez le diría que una de las chicas de la “venta en casa” se había puesto enferma…. En todo caso no quería aparecer con el pelo revuelto y el carmín deshecho. Se dirigió a un pequeño espejito que había colgado junto al lavabo. Justo cuando se aplicaba el pintalabios oyó aquel golpe y algo parecido a un gemido. El susto hizo que se dibujase una línea fuera del labio.
- ¿Val? – dijo alzando la voz - ¿Valentin?
Se acercó a la ventana, con cuidado. Miró a un lado y a otro.
- Val, ¿Estás ahí?
- Soy Malena – dijo una vocecilla – He venido a vengaaaaaaaaaaaaarmme
Casi se le para el corazón cuando Val la cogió por las caderas. Gritó tan fuerte que a Val le silbaron los oídos por un buen rato. Después, cuando se dio cuenta de que nadie la iba a matar, se enfadó. Le soltó un buen tortazo a Val, que no paraba de reírse. Terminó de meter sus cosas en el bolso.
- ¡Vamos! – se quejó él - Me lo prometiste
- Eres un imbécil – dijo saliendo por la puerta - No quiero volver a verte.
- Eres una furcia bastante cara – le respondió Val apoyado en el marco de la puerta – Ya encontraré otra.
Justo en ese instante vieron aquella pequeña sombra moverse junto a la pared de la cabaña. Era un animalito, pero no pudieron saber cual. Rozaba la pared con su cuerpo y emitía algo parecido a una risita. Val si que se rió.
- Mira… ¡ahí tienes a Malena!
Victoria ni respondió. Montó en su coche y lo arrancó. Mientras maniobraba le reventó un foco al Alfa Romeo de Val.
- ¡Y no follas tan bien! – le gritó enfadado mientras la veía marchar.
Después se echó a reír y volvió a la cabaña.
Su amigo el monitor de Sky tenía un bar bien surtido. Se preparó un gin tonic, encendió su MacBook y se tumbó en la cama a ver una película.
Le escocía lo de Vic, pero solo era eso: Un escozor. Afortunadamente para Val, su corazón jamás había sufrido demasiado. Era todo piel, poca sangre. Y no le había ido tan mal. Además, en el club había un par de candidatas para reemplazar a Vic. Y esa cabaña era un lugar fantástico.
Se terminó el Gin tonic y fue a por otro. La película era un poco aburrida así que se recostó y miró hacia arriba, por el tragaluz. Ahí estaba Escorpio. Quieta y reluciente. Diamantes incrustados en la eternidad del cielo. Escorpio... ¿Por qué la llamarían así?
Sonaron tres golpe en la puerta. Como tres golpes enfadados.
Val se quitó los auriculares. Esperó tumbado, en silencio, a que volvieran a llamar.
De nuevo. Golpes. TOC TOC TOC.
Se levantó. Miró por la ventana.
Solo podía ser Vic, pero su coche no estaba allí. ¿Y si se le había pinchado una rueda en mitad del camino? pensó de pronto; ¡Eso sería gracioso! ¡Gracioso de veras! O tal vez se lo hubiera pensado dos veces. La muy puta. No quería irse sin su ración de Val ¿Eh?
- ¿Quién llamaaaa? – preguntó Val cuando estuvo delante de la puerta.
Pero al otro lado solo había silencio.
- Vamos ¿ Quién quiere ver a Val a estas horaaaas? – preguntó de nuevo. Quería humillarla un poco antes de dejarla entrar.
Al otro lado nada. Silencio.
Giró la manilla. Sonrió mientras lo hacía, esperando encontrarse la cara de Victoria, desencajada por aquella humillación. Aún así estaba contento. No le apetecía la idea de pasar la noche solo...
Pero cuando vio lo que había al otro lado, sus pupilas se dilataron y la respiración se le cortó por un segundo.
El escorpión se coló por la puerta. Rápido, muy rápido.