autofotos (es)
Hace tiempo que sospecho que acomodado en tu pecho yo alcanzaría la gloria que tengo desde que entré en el orfanato con apenas tres años. No voy a decir que me tratasen mal, porque, por suerte, ese no fue mi caso, pero nunca buscaron motivarme, ni hacer de mí alguien de provecho. Yo estaba allí, como el resto de niños, y los que se iban acogidos, bien, tenían una oportunidad, pero los que nos quedábamos no podíamos esperar nada más. Intentarlo a través de las buenas notas, conseguir una beca y estudiar, esa era nuestra única salida. Pero si no destacábamos en los estudios… no había nada que hacer hasta que, a los dieciocho, nos permitían irnos a un piso de alquiler social para que nos buscáramos la vida.
Corina y yo cumplimos los dieciocho casi al mismo tiempo, por lo que desde el principio estuvimos juntas en el piso, lo cual era genial porque ya en el centro nos habíamos hecho mejores amigas.
Salgo del baño después de una ducha reconfortante, de esas en las que te tomas todo el tiempo del mundo e incluso puedes cantar más de una canción, y cuando entro en mi habitación me encuentro a Corina sentada sobre mi cama, mirándome divertida antes de decir:
—Deberías ir a algún talent show de esos de cantar que echan en la tele, no puede ser que los únicos que conozcan tu talento sean los azulejos del baño.
—Tú también lo conoces —digo, notando como me suben los colores.
—Pero no porque tú así lo hayas querido, sino porque te he escuchado cantar cuando estás en el baño. Tienes mucho talento, Nadia, deberías aprovecharlo.
—Hay mucha gente con talento en el mundo, estoy segura de que todos tenemos uno.
—Pues el tuyo debería conocerlo todo el mundo.
—No voy a ir a la tele, me moriría de vergüenza y es probable que me quedase muda o peor, que me saliese un gallo e hiciese el ridículo. No pienso hacerlo.
—¿Y si cantases aquí?
—Aquí ya lo hago, cuando estoy feliz, también cuando estoy triste. Todo depende de la canción.
—Pero nunca cantas para nadie.
—Es algo mío, Cori, no quiero que el resto del mundo lo sepa.
—Vale, no te preocupes, te guardo el secreto —dice guiñándome un ojo.
—Quizá podrías subir vídeos sin que nadie sepa que eres tú —sugiere la pesada de mi amiga.
—¿Otra vez con eso?
—Es que, piénsalo, podrías ganarte algún dinerillo extra y sabes que lo necesitas.
—No creo que las cosas sean tan sencillas. Además, para grabarme necesito algo más que un móvil.
—No, qué va, siempre salen los influs diciendo que todo comenzó con un móvil y conforme iban creciendo es cuando se iban profesionalizando.
—No lo veo, Cori. A nadie le va a interesar alguien cantando covers, ya hay muchos cantantes en internet, no necesitan más.
—Habrá otros cantantes, pero tú y tu voz sois únicas.
—Tengo que pensarlo.
—Sé que tomarás la decisión correcta.
Le he dado tantas vueltas a la absurda idea de mi amiga, que me empieza a parecer hasta buena. Puedo grabarme cantando, solo el audio y después compartirla con imágenes, pero ¿qué canción sería la adecuada para comenzar? Decido que lo mejor sea echarle un ojo a lo que sube la gente para ver qué es lo que triunfa y subir algo similar.
Entro en la famosa red social de los vídeos cortos, tengo que hacerme una cuenta porque, aparte de Instagram, no uso ninguna otra plataforma. Cuando me familiarizo un poco con el funcionamiento de la app, voy al buscador y escribo «música», pero me aparecen un millón de vídeos y no encuentro nada de lo que busco. Entonces decido que tengo que ser más específica, así que pongo la palabra «cover» y esa es la clave.
Aparecen un montón de vídeos, de chicos y chicas cantando con todo el sentimiento y, aunque hay alguno malo, otros son demasiado buenos, tanto que sé que no podría nunca hacerlo tan bien como ellos.
Voy a la grabadora de voz de mi móvil y empiezo a entonar y practicar un poco, solo para saber cómo suena. Me sorprende que se escuche algo medio decente, teniendo en cuenta que mi móvil no tiene una gran calidad, puesto que es el más barato que encontré al salir del orfanato.
No sé qué canción cantar, siempre me han gustado más las de mi lengua materna, el español, pero todo lo que veo está en inglés, por lo que me termino decidiendo por una canción de Taylor Swift, puesto que es de las artistas más aclamadas y, aunque me da pavor hacerlo mal, puesto que pueden venir muchas críticas, decido lanzarme a la piscina porque lo único que tendré que hacer será borrar el vídeo, nadie sabrá que era yo.
Me animo con una de sus canciones más conocidas Love story y, tras varios intentos, decido que lo mejor es ir al baño a grabarlo, no sé por qué, pero siento que la acústica es mejor en ese pequeño espacio del apartamento y, además, siempre me he sentido más protegida allí.
En esta ocasión, con una sola grabación sale perfecto y entonces busco imágenes para crear el vídeo y añadir mi audio para así subirlo y que sea lo que tenga que ser.
—Tía, es una pasada, aunque no se vea tu hermosa carita —me dice mi mejor amiga por teléfono minutos después de que le mande el vídeo—. Pero tengo que decirte una cosa.
—¿Qué?
—Me gustas más cuando cantas en español, eso es lo tuyo.
—Pero nadie me entendería.
—La música no hay que entenderla, hay que sentirla.
—En eso tienes razón.
—Siempre tengo razón.
—No, Cori, en esto tienes razón, en otras mil cosas no…
—¡Oye!
—No te enfades, aceitunita.
Me ha sorprendido gratamente la acogida que ha tenido el vídeo, en la primera hora ya tenía diez mil reproducciones y un montón de comentarios positivos. Aunque no siento que sea yo misma, por la canción escogida, me siento a gusto con lo que leo y pienso en cambiar la dinámica y cantar algo de mi artista español favorito, Melendi. Después de darle muchas vueltas, pues no sé cómo sonarán las canciones del asturiano en mi voz, me decido por un dúo muy conocido del cantante: Destino o casualidad. Repito el mismo procedimiento de la vez anterior, grabándome en el baño y haciendo un vídeo con imágenes al que añado el audio.
De nuevo, la canción sube en reproducciones como la espuma. Me sorprende encontrarme comentarios en inglés, alabando lo bonito que suena aunque no entiendan lo que digo y deseando ver más vídeos del estilo, porque mi voz es preciosa en cualquier idioma. ¿Cómo puede estar ocurriendo algo así? ¿Cómo con solo dos canciones estoy teniendo este recibimiento? ¿Lo merezco? Siento que me llega lo conocido como síndrome del impostor y, pese a las críticas positivas, decido dejarlo parado por un tiempo, pues la cantidad de visualizaciones y comentarios me abruma un poco.
Estoy profundamente dormida, cuando la vibración continua de mi teléfono bajo la almohada me despierta. Con la vista aún medio borrosa por las legañas, consigo descifrar que me está llamando Corina y, aunque nada más abrir los ojos no es mi momento más simpático, descuelgo.
—¿Has visto los comentarios?
—Buenos días, Cori —digo algo malhumorada, odio que me despierten por tonterías.
—Buenos días. ¿Los has visto?
—¿Qué? No, me agobié un poco y borré la aplicación.
—¡¿Estás loca?! —grita mi amiga desde el otro lado de la línea.
—No, pero no me veo con ganas de subir más cosas, estuvo bien la experiencia, pero…
—Descárgate ahora mismo la app y mira los comentarios —dice con tono autoritario—, por favor —suelta al final con tono infantil al darse cuenta de cómo me ha hablado.
—Vale, ya voy, pero ya puede haber comentado el presidente para que me despiertes a estas horas.
—Son las nueve.
—Lo dicho. —Y cuelgo para hacer lo que mi amiga me ha pedido.
Cuando entro, de primeras no noto nada extraño. Los vídeos se han viralizado mucho más y cuento con más de cien mil reproducciones en el que canto en español, es verdad que hay más de cien comentarios entre los dos, pero nada destacable. Ninguna celebridad ha comentado y tampoco se han asomado los primeros haters, lo que sí me sorprende por el número de visitas.
Decido leer uno a uno los comentarios y aprovechar para dar las gracias por la acogida a cada uno. De repente, veo un usuario que me suena y que me ha dejado un comentario en español. Tardo un rato en procesar esta información y, cuando me doy cuenta de quién es y el sentido de ese comentario, comprendo por qué Corina se ha puesto así.
—¿Lo has visto? —pregunta mi amiga nada más descolgar el teléfono.
—Sí.
—¿Y? ¿No te parece alucinante? ¡El mismísimo Damon Miller ha comentado tu vídeo! —dice mi amiga chillando.
—Tampoco creo que sea para tanto, aceitunita.
—¿Que no? ¡Es el tío más famoso de TikTok!
—No es el tío más famoso de TikTok.
—Tía, tiene medio millón de seguidores y eso que solo sube covers, y además, es tan guapo.
—¿Tú has visto la de visitas que tengo yo con dos vídeos? Tampoco creo que sea para tanto lo que tiene él, es suerte.
—Es talento, tú también lo tienes, y él piensa igual. Es que no puedo dejar de leer su comentario una y otra vez. —Suspira—. Es tan alucinante.
—Sigo pensando que es un tío corriente y solo ha puesto tres palabras.
—Y qué tres palabras… —dice de nuevo suspirando.
—Ha puesto «qué bien cantas», nada más, deja de montarte películas.
—¿Crees que comenta a todo el mundo? No, es algo superraro y ha visto tu talento, ¿sabes lo que eso significa?
—Que estaba aburrido en su casa y le ha salido mi vídeo, como a tanta otra gente, no es nada del otro mundo.
—Estoy flipando porque no seas capaz de ver más allá. Tienes que subir otro vídeo.
—No pienso hacerlo.
—¿Por qué?
—No me apetece, no me siento cómoda pensando en que tanta gente me ve, en cualquier momento me van a llover las críticas.
—No va a ser así.
—¿Tienes una bola para ver el futuro?
—No, tengo ojos y oídos, por lo que veo y escucho el talento de mi amiga.
—Aceitunita, ¿si subo otra canción me dejarás tranquila?
—Mmmm… no creo que a tus fans les sea suficiente con una, pero de momento, lo acepto.
—Tonta —digo entre risas, y cortamos la llamada.
Viendo el éxito que tuvo la primera cover de mi artista preferido, me decido a cantar otra canción de él, pero esta vez algo mucho más clásico y de sus inicios. Caminando por la vida es mi elección y, tras realizar el mismo procedimiento que con las dos anteriores, subo el vídeo sin ninguna expectativa.
No tardan en subir las visualizaciones y llegar los primeros comentarios, y me quedo en shock al ver de quién es el primero de ellos. Con un escueto «me encanta esa canción», hace que mi pulso se acelere. Ya se ha visto por lo menos dos vídeos míos que, teniendo tres subidos, es una gran media. ¿Ahora qué hago? ¿Le contesto? Escribo un «a mí también» con una carita sonriente al final y decido dejar el móvil apartado.
Después de comer, caigo rendida en la cama y, cuando despierto, son cerca de las siete de la tarde. Miro el móvil y me sorprendo con la cantidad de notificaciones, sonrío al ver un mensaje instantáneo de mi mejor amiga que dice: «Otro gran éxito».
Entro en la aplicación y me encuentro con algo nuevo: los mensajes directos. Parece ser que ya no solo me dejan comentarios, sino que ahora también me escriben por privado. Entro y me quedo sorprendida al ver quién es el remitente, tiene que ser una broma, no puede ser de él.
Hola, perdona que te escriba, pero es que tu voz me ha dejado fascinado. No sé si sabes quién soy, pero yo también subo covers en español y me encanta el toque que le da tu voz a las canciones. Me encantaría algún día poder conocerte y grabar juntos algo.
Leo varias veces el mensaje para asegurarme de que estoy leyendo bien, me parece increíble que una persona como él quiera cantar con alguien como yo. Pienso en contárselo a Cori, pero sé que en cuanto lo sepa va a estar insistiéndome una y otra vez con que lo haga y no quiero, por dos sencillas razones: él llega a muchísima gente con cada una de sus canciones, por lo que sería exponerme demasiado y, además, yo no muestro mi cara en los vídeos y él hace unas covers bestiales en las que sale guapísimo, siempre en blanco y negro, porque ese es su toque, tanto cuando canta como en las fotos que sube en su perfil, lo que le da un toque de misterio.
La tarde pasa y, aunque intento no darle más vueltas al mensaje y apartarme del móvil, cada dos por tres mis pensamientos van hacia ese tema y me veo inconscientemente cogiendo el teléfono, pero siempre me doy cuenta antes de hacer una locura de volverlo a dejar en su sitio.
A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta del piso me asustan. Vivir en un piso con más huérfanos hace que a veces tengamos visitas complicadas, ya sea de la policía o algún vecino que viene a quejarse, pero este no es el caso, y la que golpea la puerta con insistencia es mi amiga, aunque viendo cómo me despierta últimamente, con lo importante que es para mí dormir, me estoy planteando pasarla a simple conocida e ignorarla.
—Nadia, sé que estás ahí, abre la puerta, tengo que hablar contigo.
Me acerco a la puerta y lo hago, encontrándome con un rostro enfadado. ¿Ahora a esta qué le ha picado?
—¿Me puedes decir por qué ignoras a Damon?
—Pero… ¿Cómo sabes tú eso?
—Te ha escrito un mensaje en el último vídeo, bueno, más de uno, pero en uno de ellos te decía que te había escrito por privado, que esperaba que lo pudieses leer.
—Sí, me ha escrito, pero me parece un poco insistente por su parte escribirme también un comentario.
—Enséñame qué te ha escrito.
—Tú sabes lo que es la privacidad, ¿no?
—Nos hemos criado juntas, eso no existe entre nosotras.
—Pues quizás deberíamos pensar en cambiarlo.
—Nadia, no te pongas así. ¿Quieres tu privacidad? Vale, no me digas que te ha escrito, pero contéstale por lo menos.
—No pienso hacerlo.
—¿Te ha escrito algo malo?
Sé que por mucho que diga que no lo hará, va a seguir insistiendo, igual que cuando se le metió en la cabeza la idea de que empezase a publicar vídeos. Por lo que decido contarle qué me ha dicho Damon.
—Me ha propuesto que hagamos una cover juntos.
—¡Pero eso es fantástico!
—No lo creo. ¿Te das cuenta de lo diferente que es el contenido que yo subo y el que sube él?
—No lo veo tan distinto, los dos hacéis lo mismo.
—Pero de manera muy diferente. Él sale en sus vídeos cantando, yo grabo audios y le añado imágenes, no quiero que nadie sepa que soy yo.
—Podéis alcanzar un término medio.
—No, esto es algo que tengo muy claro, no quiero que nadie me descubra, solo lo hice por contentarte. Damon no va a saber quién soy.
—Pero al menos respóndele, dile eso aunque sea.
—Vale, lo haré y aprovecharé para decirle que todo esto es culpa de la insistencia de mi amiga.
—Si me adoras, igual que esa gente adora tu voz, pero respeto que quieras mantener tu anonimato.
Le contesto a Damon diciéndole que agradezco sus palabras, pero que nuestro estilo de covers no es compatible, puesto que yo no quiero mostrar mi rostro. Él me lee, pero no añade nada más a nuestra breve conversación, así que intento olvidarme de esta tontería y seguir subiendo contenido. Al no conseguirlo, decido buscar la manera de que me haga caso, porque sí, me molesta un poco que me haya dejado así, no entiendo muy bien por qué, pero esperaba que me insistiese un poco. Quizá una parte de mí sí quería grabar con él, o tener la oportunidad de conocerlo, porque no puedo negar que el chico es guapo, al menos, en blanco y negro.
Considero que lo mejor es grabar una cover de alguna canción que él también haya utilizado, para que así le venga a la cabeza de nuevo la idea de hacer algo juntos. Veo que tiene una cover de Autofotos y me lanzo a hacer el mismo procedimiento de siempre, consiguiendo en solo dos intentos la versión definitiva.
Los comentarios y likes comienzan a llegar, pero Damon no da señales de vida. Me enojo por su actitud, aunque fui yo quien la provoqué con mi negativa. Llamo a Cori, que no tarda ni un tono en cogerme.
—Justo estaba escuchando tu nueva cover.
—Bueno, alguien que la escucha.
—¿Qué te pasa? Para el tiempo que lleva subida está teniendo el mismo éxito que las anteriores.
—Ya, pero Damon…
—¿En serio? Después de lo que me contaste el otro día, ¿estás pensando en él?
—Sí. Creí que insistiría un poco, pero ni me ha contestado.
—Nadia, estás comportándote como una niña.
—Es que aún somos unas niñas, tenemos dieciocho años, tengo derecho a comportarme así de vez en cuando.
—No es así, tienes que aceptar las consecuencias de tus actos, y si tú le dijiste que no te interesaba cantar con él, tienes que aceptar que no te conteste, probablemente hayas herido su ego.
—¿Tú crees?
—¿Crees que mucha gente lo rechaza? No, para nada, es el rey de las covers en la plataforma. Ha conseguido hacer virales a personas que si no no conocería nadie.
—Yo también estoy logrando hacerme viral y sin ayuda de nadie.
—Tienes razón, amiga, pero las visualizaciones que tendría algo de los dos, sería… apoteósico.
—¿Crees que hice mal?
—Sinceramente, sí. Podríais haber llegado a un término medio entre lo que él hace y lo tuyo, pero has decidido ir con el no directamente y has perdido tu oportunidad.
Las palabras de mi amiga me hieren, sé que no lo dice con esa intención, pero me siento culpable, muy culpable de lo que ha pasado, quizá yo misma me he puesto la zancadilla justo cuando comenzaba a andar. He sido una idiota, me gusta lo que hago, el feedback que recibo y, en lugar de aprovechar la oportunidad, la rechazo creyendo que yo sola puedo triunfar. ¿Pero cuánto puede durar el boom de una chica que no muestra ni su cara? En algún momento se cansarán, porque todo pasa y muy pocos se quedan en lo alto de la ola.
Cuando estoy centrada en subir contenido, para intentar mantenerme el mayor tiempo posible sin pensar en Damon —porque la verdad es que es inevitable que en algún momento del día me vengan a la cabeza esos pensamientos intrusivos de que la cagué y nunca llegaré a nada—, recibo un mensaje.
Veo que te gusta mi contenido, o quizá solo haya sido casualidad, pero me ha encantado escucharte cantar Autofotos.
Me pongo colorada sin poder evitarlo, me ha pillado de pleno, pero voy a quitarle de la cabeza la idea de que ha sido por él, aunque la canción tengo que decir que le viene al pelo, pues su cuenta de Instagram solo contiene selfies, ya sea en el espejo o con la misma cámara interna del móvil, y, aunque me joda decirlo, en todas sale guapísimo.
Creo que te lo tienes muy creído. Melendi es de mis cantantes favoritos y, como puedes ver, no es la primera canción que subo de él, aunque ahora que lo dices, es una canción que pega muchísimo con tu egocentrismo.
Uy, pequeña, cómo me gusta que me hagas rabiar. Ten cuidado, podría caer fácilmente en tus redes. Además, es una canción muy bonita, y que te recuerde a mí me parece todo un halago.
Qué razón tiene, es una de las canciones más románticas del artista, una declaración de amor en toda regla, pero yo no hablaba de amor, solo de que todo su perfil son autofotos, pero claro, me da que este tío se lo tiene muy creído.
Lo único que me recuerda a ti en toda la canción es lo de poner los morritos de pez en las fotos y, qué quieres que te diga, romántico no es, más bien patético.
Uy, eso ha herido mi superego, preciosa. ¿Y tú cómo te haces las fotos? ¿Nunca pones morritos? La verdad es que me encantaría saber cómo es la cara de la chica que me ha hipnotizado con su voz.
Me quedo sin palabras. ¿Hipnotizado? ¿Qué coño le respondo a eso? Paso de hacer caso a sus tonterías y cierro la conversación, queriendo fingir que esta nunca ha tenido lugar.
Las semanas han ido pasando y he seguido subiendo mi contenido, aunque supongo que a Damon le molestó que lo dejase en leído, puesto que no ha vuelto a comentar mis vídeos ni me ha escrito de nuevo por privado. Tanto se ha notado su ausencia, que mi amiga me ha interrogado sobre lo sucedido y he tenido que enseñarle los mensajes.
—¿Por qué no le has contestado?
—Porque me dejó sin palabras. ¿Qué se contesta a algo así?
—Te entiendo, amiga, yo actué de manera similar la primera vez que Nick me dijo algo por el estilo, pero tenemos que aprender de mis errores, tienes que contestarle.
—No pienso hacerlo, han pasado semanas. Además, solo fue un tonteo tonto, si no habría intentado contactar conmigo de nuevo.
—No sé, los tíos son así cuando hieres su ego.
—¿Herir su ego? No creo que haya sido para tanto.
—Anda, déjame el móvil y le contesto yo, prometo que seré buena.
Le cedo mi móvil, porque la verdad es que echo de menos que me escriba, no sé, sus comentarios me hacían reír y sentirme bien con lo que hago. Es extraño, porque recibo cientos de comentarios alabando mi voz y no significan apenas nada para mí, en cambio los de él…
Perdona mi ausencia, pero me dejaste sin palabras. La verdad es que echo algo de menos hablar contigo.
Ni siquiera Corina me ha devuelto el móvil y ya tengo su respuesta, pero ella, sin pensar un poco en mi privacidad, la lee en alto.
Estaba un poco resentido por tu ausencia, preciosa, pero yo también extrañaba nuestras conversaciones.
—¿Preciosa? Si nunca me ha visto, este tío es ridículo, no sé para qué te hago caso, estaría mucho mejor si nunca hubiese hablado con él.
Abandono un poco mi cuenta, porque no tengo ganas ni de cantar, he llegado a un punto que no lo hago ni en la ducha. Sé que mi amiga ha notado este cambio, pero no me ha dicho nada sobre ello.
No entiendo muy bien el motivo, pero estoy apática, lo único que me apetece es quedarme tirada en la cama durante todo el día, sin hacer nada, pero no puedo, porque tengo responsabilidades como ir al trabajo. Hace unas semanas que comencé a trabajar de limpiadora en un hotel en Queens, el cual, se nota que es de lujo, y no solo por sus instalaciones, sino por lo bien que me pagan la hora; si sigo así, pronto podré mudarme a un pequeño apartamento yo sola y dejar de compartir piso con otros cinco huérfanos. La verdad es que hay mucha gente a la que le incomoda esa palabra, pero a mí no, no tengo padres, así que eso es lo que soy, una niña que ha vivido la mayor parte de su vida en un orfanato y que ha tenido la suerte de conocer ahí la que para ella es su familia, su mejor amiga, mi aceitunita, Corina.
Mientras estoy en el descanso en mi trabajo, decido dar una vuelta por las novedades de la aplicación de vídeos, porque aunque yo no suba contenido, me he vuelto bastante adicta y miro sin parar los vídeos que salen en para ti, hasta que me topo con su rostro en blanco y negro, era inevitable que me saliese debido a su éxito. Me detengo en el vídeo y, con los primeros acordes de la canción, sé que va a cantar Destino o casualidad, la canción con la que yo empecé a cantar en castellano. Sé que lo ha hecho con la intención de que yo la vea, ¿si no por qué de todas las canciones que hay en español ha tenido que elegir esa? Su voz suena rasgada y llena de sentimiento, tanto que no puedo evitar que se erice cada centímetro de mi piel, pero no pienso permitir que eso me haga dudar, no pienso volver a hablarle, no estoy dispuesta a aguantar su tontería.
Entonces, en la parte superior de mi móvil aparece un mensaje que soy incapaz de no leer:
Creo que sonaría tan bien si…
Entro para leer el mensaje completo y mi subconsciente me traiciona haciendo que una sonrisa aparezca en mi rostro. Es un mensaje de Damon, dice que la canción sonaría bien cantada por los dos y, aunque me joda, yo también lo creo, pero no puedo ceder. Vuelvo al trabajo y me olvido de todo esto durante unas horas.
Está siendo tan insistente con el tema de que hagamos una cover juntos, que llega hasta agobiarme. ¿Tanto le cuesta asimilar que la manera de mostrar nuestro arte es diferente? Me ha dicho hasta que podríamos subirlo en mi perfil y hacerlo con imágenes como hago yo, sin que se nos viera, pero que le debemos al mundo hacer algo juntos.
Sé que es un exagerado, pero me da cierta ternura que quiera cantar conmigo, así que, después de un par de semanas, termino cediendo y, como no estaba dispuesta a ir a su casa de primeras, ni darle la dirección del piso donde vivo, quedamos en la cafetería de Betty, donde trabaja mi mejor amiga, para sentirme protegida, no solo por mi amiga, sino por la dueña del local, que nos ha acogido como si fuésemos sus propias nietas.
Estoy sentada en uno de los sofás rojos y ya me he pedido un batido de chocolate. Mi idea es esperar a ver cómo entra en el local y, en ese momento, decidir si le digo que soy yo o lo ignoro, al fin y al cabo, él nunca ha visto mi cara.
Las campanillas de la puerta anuncian su llegada y se ve que no soy la única que se ha fijado en su presencia, pues nada más poner un pie dentro del establecimiento, ya tiene a tres chicas alrededor, alabando lo bien que canta y pidiéndole fotos y autógrafos. ¿En serio? Pues empezamos bien, creo que lo mejor va a ser que me vaya y hacer como si esto nunca hubiese pasado. Me levanto e intento pasar por su lado sin que se fije en mí, y ante la atenta mirada de mi amiga, que ni se sorprende por mi actitud. Justo cuando estoy a punto de salir, alguien me sujeta por el brazo y escucho:
—Eres Nadia, ¿verdad? —Es él, es su jodida voz la que pronuncia mi nombre, y no puedo evitar girarme—. Perdona si te ha incomodado esta entrada, pero por favor, no te vayas, tenemos que hablar.
Asiento con la cabeza y vuelvo a sentarme en frente de mi batido, esperando que él también se siente después de despachar a sus fans.
—Ya pensaba que nunca podría ponerte cara, eres aún más preciosa de lo que había imaginado.
Siento cómo suben todos los colores a mi rostro y estoy segura que mis mejillas, de normal de un tono trigueño, han pasado a un rojo intenso.
—No sé si esto ha sido una buena idea, debería irme.
Sujeta mi mano y me dice:
—Segundo intento de fuga en solo unos minutos, algo debo estar haciendo muy mal.
—No es por ti, es que creo que todo fue una mala idea.
—¿Por qué? Ahora ya conozco tu rostro, no sirve de nada que te vayas. Por favor, quédate, prometo ser más profesional. Hazlo por el amor a la música que compartimos.
Lo miro fijamente y él pone una sonrisa cómica que me contagia al instante, bueno, no creo que un rato con este tipo me vaya a venir mal.
—Bien, Damon, estamos aquí por un único motivo, grabar una canción juntos.
—Bueno, yo no solo he venido a eso, que claro que quiero cantar contigo, pero también quería ponerle rostro a la chica que lleva encandilándome con su voz desde hace algo más de un mes.
—No creo que sea para tanto.
—Puedes creer lo que quieras, pero es la verdad. Tu voz hace de lo que cantas algo único y especial, tienes un don y me alegra que hayas querido mostrarlo.
—Fue mi amiga Corina —digo señalando a la muchacha, que no ha dejado de observarnos desde la barra desde que Damon se sentó frente a mí—. Ella me escuchaba cantar en la ducha e insistió en que subiese contenido cantando a TikTok.
—La entiendo, yo también querría mostrarle tu talento al mundo. ¿Has ido a clases de canto?
—No, mi vida no ha sido muy sencilla hasta ahora.
—¿Y eso? —me pregunta, y hay algo en su mirada que muestra que está preocupado y que, sin saber muy bien por qué, me hace sentir segura.
Le cuento por encima mi pasado, lo que me han contado sobre mi vida antes de entrar en el centro y lo que yo recuerdo de mi vida allí. Le hablo de Corina y de cómo nos hicimos inseparables desde el minuto uno. Él también me habla de su vida, de cómo empezó a subir covers y de sus padres. Tiene una hermana mayor, con la que la diferencia de edad es muy grande, y siempre lo han tenido entre algodones, porque era un niño muy deseado, su madre tuvo bastantes abortos antes de su llegada y siempre le han dicho que es como un milagro, pues era la ultima oportunidad que tenían, su última bala y salió bien. Parece ser que es una familia humilde y que ha sido Damon el que ha hecho posible que tengan una vida más cómoda. También da una parte de sus ganancias a distintas organizaciones benéficas y tiene un perro pequeño que adoptó porque era el último que quedaba de la camada, ya que nadie lo quería porque le faltaba una oreja, pero para él es el perro más bonito y más listo del mundo. Una sonrisa se pone de manera permanente en mis labios mientras lo escucho hablar y las horas pasan sin que nos demos cuenta, es mi amiga quien nos interrumpe para hacernos volver a la realidad.
—Nadia, perdonad que os moleste, se os ve muy a gusto, pero en media hora tienes que estar en el trabajo.
—¿Qué? ¿Ya es tan tarde? ¿Cómo ha pasado el tiempo tan rápido?
—Es algo habitual cuando lo estás pasando bien —pronuncia mi amiga divertida.
Me levanto rápido y me disculpo con Damon, que me dice con una sonrisa que ya seguiremos hablando otro día. Yo también le sonrío y salgo de la cafetería.
Siento un calorcito dentro de mí, en el pecho, que me hace sentir realmente bien. ¿Qué está pasando?
Damon y yo hemos seguido hablando, pero no nos hemos vuelto a ver. Primero nuestras conversaciones eran por TikTok, pero llegó un momento en que se nos hizo pequeño lo que nos permitía la plataforma y cambiamos a la aplicación de mensajería instantánea. Nos levantamos y nos acostamos hablando, es un no parar, supongo que el haber conocido más de él y que se fuese de mi cabeza esa idea de que era un creído, ha hecho que todo sea mucho más sencillo. Hablamos de música, pero también de mucho más. Le he hablado de mi infancia, mi adolescencia, de mi relación con Corina y de lo que es vivir en un piso compartido con chicos tan parecidos a mí y a la vez tan distintos, porque por mucho que la gente quiera meter a todos los huérfanos en un mismo saco, somos todos diferentes, igual que el resto de mortales. El no tener una familia, ni siquiera el criarte en el mismo sitio, te hace parecerte.
Hemos estado hablando dos semanas y hoy nos vamos a volver a ver. Le he pedido que sea de nuevo en la cafetería de Betty, porque aunque tenga mucha más confianza ahora con él, prefiero la seguridad de estar en casa. Cuando llega, se acerca a mí y me da dos besos en las mejillas, lo cual me deja sorprendida porque la primera vez que nos vimos no sucedió, pero imagino que ahora hay más confianza entre nosotros.
—Tenemos que hacer algo juntos, tú eliges la canción.
—Creo que la apropiada sería Destino o casualidad, ¿no?
—Porque lo nuestro ha sido cosa del destino…
—O de la casualidad —digo, notando como me suben los colores.
—Estoy deseando cantar contigo, pero para eso tendremos que cambiar este sitio por mi estudio, en mi casa, ¿estás dispuesta?
—Supongo que sí.
Voy con Damon a su casa y me sorprendo porque me imaginaba algo mucho más lujoso, pero es una casa sencilla, que la verdad pega muchísimo con el chico que he estado conociendo a lo largo de estas semanas.
Al entrar grita un nombre femenino y yo me pongo nerviosa pensando que va a presentarme a alguien y sí, viene una chica, bastante mayor que nosotros, que en cuanto me ve me sonríe, pero no de una manera cordial, puedo sentir que incluso algo forzada.
—Nadia, te presento a mi hermana, Laura.
—Encantada de conocerte —digo con una sonrisa.
—El gusto es mío, después de tener que aguantar a Damon hablando de ti a todas horas.
—No tenías que decir eso —dice él entre dientes, lo que hace que se me escape una pequeña risa—. Laura es la que me ayuda siempre a grabar y la que edita mis vídeos, a ella se le ocurrió la idea de ponerlo todo en blanco y negro, dice que le da un toque más personal.
—¿A ti te lo parece, Nadia? —pregunta la chica mirándome.
—Sí, son todos muy chulos.
—Bueno, mi hermano dice que cantas genial, me ha puesto alguno de tus vídeos, la verdad que un poco de los dos mil lo de poner imágenes y voz, pero bueno, supongo que no todos tienen el atrevimiento que tuvo mi hermano.
—Ya…
—La canción que vamos a grabar hoy la tienes que subir como lo hace ella, quiere seguir en el anonimato.
—¿Estás de coña? Eso va a quedar fatal en tu feed.
—Quiero hacerlo así, Nadia tiene que estar cómoda.
—Flipo —dice Laura molesta, y se va.
—No te preocupes, nosotros somos los que decidimos. —Y lo acompaña de una sonrisa.
Vamos al cuarto que usa Damon para grabar, tiene esas cosa que parecen hueveras en las paredes y un micrófono como el que se ve en los videoclips de Bizarrap, además se puede ver una mesa de mezclas y más de una pantalla de ordenador. La verdad es que todo tiene un aspecto demasiado profesional y comienzo a ponerme nerviosa. ¿En qué momento se me ocurrió que esto era una buena idea? Si yo grabo en el baño porque siento que todo me sale mejor. No puedo hacerlo.
—¿Dónde está el baño?
—Al fondo del pasillo, la puerta de la derecha.
—Gracias, ahora vuelvo.
Entro en el baño y empiezo a hiperventilar, no estoy preparada para algo así, va a salir mal y Damon va a quedar decepcionado, tengo que irme, ¿pero cómo se lo digo? Tengo que decírselo, ¿no? Y si me voy sin más, ¿qué es lo peor que podría pasar? Creo que si me voy lo perderé y se ha convertido en alguien importante en mi vida, siento que Corina y él son mis únicos amigos, quienes saben quién soy yo de verdad.
Unos golpes en la puerta hacen que me sobresalte, quizá llevo aquí demasiado tiempo.
—¿Sí?
—Damon me ha pedido que venga a saber si estás bien, ¿necesitas algo? ¿Te ha bajado la regla o algo así? —pregunta su hermana, haciendo aún más incómoda esta situación.
—No, tranquila, estoy bien, salgo ahora.
—Si a mi no me preocupa, es mi hermano el que está preocupado. —Y acto seguido escucho sus pasos alejándose.
Salgo del baño y vuelvo al estudio, donde veo a Damon atento a una de las pantallas.
—Perdona la demora.
—No te preocupes. ¿Qué te parece si empezamos?
—No sé si estoy preparada, nunca he cantado delante de nadie.
—¿Ni de Corina?
—No, solo canto en el baño, no sé si podré hacerlo aquí, contigo.
—Cierra los ojos mientras cantas y piensa que estás en el baño, si quieres. Saldrá bien, te lo prometo.
Le hago caso y cierro los ojos, cada uno canta una parte de la canción, haciendo un dúo similar al de la canción original, se me hace sencillo hacerlo así e incluso se me cae una lagrimilla mientras cantamos. Al abrir los ojos, lo veo enfrente de mí, del otro lado del micrófono, y también se le ve emocionado.
—Ha sido… —comienza a decir.
—Emocionante —digo para finalizar su frase.
—¿Quieres editar tú el vídeo?
—Vale.
—Tienes ahí el ordenador, son dos pantallas, pero es el mismo.
—Siempre lo he hecho desde el móvil…
—Yo te ayudaré.
Estamos unas cuantas horas enfrente de las pantallas, buscando las imágenes, haciendo los ajustes en la voz, la melodía… Pero no me convence, siento que todo está mal o soy yo la que lo está.
—Hay algo que falla.
—Espera un momento —dice mientras busca algo en el ordenador.
Reproduce un vídeo, somos nosotros hace apenas unas horas, la imagen es súper nítida y puedo ver incluso como cae una lágrima por mi rostro. Es un vídeo precioso y es…
—Es perfecto —digo sin apartar mi mirada de la pantalla. El vídeo ya no se está reproduciendo, pero ha quedado un último clip donde se nos ve a los dos, mirando uno hacia el otro, y cualquiera podría decir que esa mirada dice mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir—. Creo que deberíamos hacerlo a tu modo, es un vídeo demasiado bonito para que se quede oculto.
—¿Estás segura?
—Sí —digo con una sonrisa.
Nos quedamos mirándonos y me acerco a su rostro, a su boca, a sus labios, no sé si todo esto es una locura, pero si lo es, quiero hacerla.
La canción con Damon se publicó en su perfil y le pedí que, por favor, no dijese quién era la chica, que no me nombrase. Si la gente quería atar cabos y darse cuenta que era la misma voz de los vídeos de imágenes, no tendría problema en admitirlo, pero no quería que, de primeras, se supiese que era yo. Me daba mucha vergüenza pensar a la cantidad de audiencia que llegaba él con cada vídeo, ni el mío más viral había llegado a esos niveles.
El vídeo pronto se llenó de comentarios alabando la química que teníamos, preguntando si éramos pareja e incluso alguno decía que le sonaba mi voz, aunque no sabía muy bien de dónde.
Yo no podía dejar de emocionarme con cada palabra que leía, era extraño porque llevaba recibiendo mensajes bonitos en mis covers desde el principio, pero no era comparable a lo que me hacía sentir que dijesen esas cosas de mí y Damon. Sentía que éramos un nosotros cuando cantábamos, logramos fusionarnos y hacer algo que llegaba a emocionar a quien nos escuchaba, aquella química de la que hablaban yo también la veía, la sentía en cada poro de mi piel, ¿pero sería capaz Damon de sentir lo mismo?
Laura, que de primeras parecía no haber tenido mucha fe en nuestra idea, nos felicitó por lo que habíamos logrado e incluso nos invitó a que siguiéramos haciendo vídeos juntos, pero también por separado, ninguno de los dos perfiles podía llegar a verse como algo de los dos, podíamos aprovechar el tirón de aquella primera canción, pero por nada del mundo convertirnos en una pareja musical, o eso al menos era lo que decía ella, porque la llamada que recibió Damon una tarde que estábamos los dos en su cuarto tirados en la cama y hablando de la vida, nos sugería exactamente lo contrario.
Damon llevaba ya un tiempo en el mundo de las covers, pero más tarde me indicó que nunca lo habían llamado de la industria de la música, hasta ese día.
Al otro lado, la voz ronca de un hombre se presentaba como Carter Morrison, productor musical de una pequeña compañía que buscaba encontrar nuevos talentos y que, sorprendido al ver la química que teníamos, quería que nos pasásemos por el estudio de la compañía para conocerlo. Se lo contamos a Laura, quien, aunque no estaba muy convencida, se animó a acompañarnos para asegurarse que no nos engañaran, pues ella, con cinco años más y una carrera de derecho a sus espaldas, se sentía con la seguridad suficiente para batallar con la compañía para conseguirnos algo interesante y jugoso.
Llegamos al edificio, donde según nos han dicho se encuentra la oficina a la que tenemos que dirigirnos. Estoy extremadamente nerviosa, Damon lo nota y me agarra la mano para enfundarme seguridad. Lo miro y me sonríe, haciendo que expulse todo el aire que, sin darme cuenta, estaba conteniendo.
En cuanto estamos en el despacho de Carter, nos vuelve a repetir lo mismo que le había dicho a Damon por teléfono, resaltando lo importante que es la química que hay entre nosotros para que esto funcione.
—Llevábamos muchos meses siguiéndole la pista a Damon, pero tú, Nadia, has sido todo un descubrimiento. Los dos juntos sois el combo perfecto. ¿Habíais pensado alguna vez en dedicaros profesionalmente a la música?
—Llevo tiempo esperando una oportunidad como esta —comenta Damon con una sonrisa.
—Y tú, Nadia, ¿habías pensado alguna vez en dedicarte a la música?
—Yo… no, la verdad. Todo comenzó por mi manía de cantar en la ducha, mi mejor amiga me escuchó e insistió en que tenía que grabar tiktoks, pero nunca antes había pensado en hacer algo así.
—¿Pero te gusta?
—Sí, claro, es muy bonito leer lo que dice la gente después de oírme cantar, es reconfortante.
—¿Te gustaría hacer algo más profesional junto a Damon? Tenemos un contrato aquí, sobre la mesa, pero solo podremos firmarlo si lo hacéis los dos. Os queremos juntos.
Damon me mira y sé que percibe perfectamente en mi rostro lo nerviosa que estoy. Lo de subir videos a TikTok está bien, dentro de lo que cabe tengo algo de control sobre ello, pero algo así… Estoy segura de que se me irá de las manos.
—¿Puedes dejarnos un momento a solas para que hablemos?
—Sí, claro —contesta Carter, levantándose y saliendo por la puerta.
—Nos quieren a los dos, Nadia. No sé qué se les habrá pasado por la cabeza, pero solo funcionará si somos un equipo. Esto es mi sueño, o algo parecido, pero solo lo haré si también es el tuyo.
—Yo… nunca… no sé, Damon, esto puede ser un auténtico desastre.
—O todo lo contrario.
—Eres muy positivo.
—Lo seré el doble si tengo que serlo por los dos.
—¿Crees que saldrá bien?
—No tengo ni idea, pero no perdemos nada por intentarlo. —Y me da un beso en la mejilla.
Después de indicarle a Carter que estamos dispuestos a hacerlo juntos, llamamos a Laura para que le eche, junto a nosotros, un vistazo al contrato. Lo leemos los tres y, tras preguntar alguna duda a Carter, Damon y yo firmamos, sabiendo que ese es el principio de algo nuevo.
—Antes de continuar tengo que haceros una pregunta —nos indica Carter. Nosotros lo miramos atentos, sin saber por dónde va a salir—. ¿Sois pareja?
—No, solo somos amigos —me apresuro a decir. Damon me mira y después asiente mirando a Carter.
—De acuerdo, eso está bien, solo era curiosidad.
Nosotros no pensamos nada más al respecto, pero veo como Laura no está convencida con la contestación del hombre, aunque no añade nada más.
Desde ese día, nuestra vida se convierte en una auténtica locura. Tengo que dejar mi trabajo limpiando, porque no me llegan las horas para todo, y apenas paso tiempo en mi casa, porque siempre estoy con Damon y Laura, si no es en su casa, en el estudio. Ninguno de los dos sabe componer, ni ha pensado nunca en hacerlo, por lo que es Carter quien nos facilita las letras escritas por algún cantautor y nos anima a que nosotros les demos el ritmo y las cantemos como las sintamos.
Son semanas de mucho trabajo, apenas puedo ver a Corina o hablar con ella, estoy totalmente inmersa en este proyecto y cada día se me hace más duro convivir con esto que estoy sintiendo. La primera vez que cantamos juntos sentí unas ganas terribles de besarlo, y eso se ha repetido en mi mente cada vez que entonamos cualquier canción. Me gustaría tanto estar con él, pero no puedo, ¿imaginaos que sale mal? Tenemos un contrato que no puedo romper, tendría que seguir viéndolo cada día. Tengo que hacer de tripas corazón y aguantar esta situación, no puedo enamorarme de él.
He estado manteniendo la distancia, intentando ser lo más profesional posible con Damon, pero es que cada vez que cantamos juntos, mil mariposas se apoderan de mi ser. ¿Y si ya es tarde? ¿Y si ya estoy enamorada de él?
Sé que Damon ha notado que estoy distinta, pero de momento no me ha dicho nada sobre ello, y la verdad es que espero que no lo haga, porque no sabría cómo reaccionar.
—Nadia, ¿te pasa algo? Llevas unos días muy rara conmigo.
—No, ¿qué dices? Si estoy como siempre.
—No me engañas. Dime qué te pasa, por favor. —Se acerca a mí y cubre mis manos con las suyas agarrándolas delicadamente. Noto cómo la electricidad se apodera de mí y me da un escalofrío—. ¿Estás bien?
—Sí, ya te lo he dicho.
—De acuerdo, si no quieres contármelo ahora, lo acepto, pero somos amigos, ¿recuerdas?
Lo recuerdo, claro que lo hago. ¿Cómo una palabra tan bonita puede sonar tan mal? ¿Cómo llamarlo amistad cuando quiero mucho más? Os juro que no estaba en mis planes enamorarme de él, ¿pero cómo no hacerlo? Hubiera preferido mil veces que se pareciese al concepto que tenía de él antes de conocerlo, pero no, el chico ha tenido que salir perfecto.
—Nadia, hace tiempo que quiero decirte algo.
—¿El qué? —pregunto sorprendida.
Él se queda callado y pensativo durante unos momentos, y después hace el gesto de negar algo con la cabeza, como si quisiera evitar algún pensamiento.
—Nada, déjalo, son tonterías, perdona.
Se cumplen exactamente dos meses desde que comenzamos con todo el proyecto de grabación, cuando Carter nos da la fatídica noticia de que tenemos que hacer una pequeña gira para presentar nuestras canciones. Ni de coña pienso hacer algo así, es demasiado… público. ¿Cómo voy a actuar ante tantas personas? Es imposible. Pero claro, este es mi parecer, porque Damon está encantado con la idea. Tanta ilusión le hace que hasta hemos discutido por ello, y Laura… me tiene por la calle de la amargura. ¿Es que nadie entiende que solo soy una chica que canta en la ducha? He grabado cada canción con los ojos cerrados, imaginándome que estoy en el baño, así es fácil, pero imaginaos como será ante docenas, cientos de personas quizá, que hablen, griten, canten… Será imposible que me concentre en mi ducha, cuando sé que hay tantos ojos mirándome. No puedo hacerlo. No pienso hacerlo.
Sé que está mal escuchar detrás de las puertas, pero no es mi culpa que justo estuviesen hablando de mí cuando llegué esa mañana al estudio de grabación.
—Fue una tontería meterla en todo este tinglado, por su culpa no vamos a poder hacer la gira.
—No la metimos en ningún sitio, el productor nos quería a los dos.
—Pero podríamos haberlo convencido…
—No, esto es cosa de los dos, si ella no quiere hacer la gira, sacaremos solo la música.
—No, ya escuchaste a Carter, tenéis que hacer la gira.
—Pues no pasa nada, se cancela todo y listo, no pienso presionar a Nadia.
—Maldito el momento en que te enamoraste de ella —escucho que dice Laura entre dientes.
¿Pero realmente lo ha dicho? Igual he entendido mal, no es posible que Damon esté enamorado de mí, si yo soy… tan poca cosa.
Decido ir al baño antes de que salga Laura y que así no sepa que lo he escuchado todo, tengo mucho que pensar. ¿Y si por mi culpa todo se va a la mierda antes de empezar?
Cuando entro en el estudio, me encuentro a Damon ocupado mirando algo en la pantalla.
—¿Qué haces?
—Estoy ajustando unas cosas.
—Damon, yo, quería pedirte perdón, son mis tonterías las que están haciendo esta situación tan difícil. —Respiro hondo para intentar aflojar el nudo de mi garganta—. Llevas toda la vida soñando con esto, con grabar tus canciones profesionalmente, con conciertos y yo… yo solo hice caso a las tonterías de Corina, yo no quería esto y no me parece justo estropeártelo a ti. Creo que podremos encontrar una solución.
Damon se me queda mirando, está como paralizado, pero se levanta de la silla y me agarra la cara por las mejillas, apretándolas un poco, haciendo así que ponga morritos de pez, y entonces, me besa. Es un beso fugaz y, probablemente, sin importancia para él, pero para mi pequeño corazón que lleva tiempo queriendo algo así, es suficiente para que se sobresalte. Cuando se aparta, me pregunto, ¿lo habrá notado?
—Nadia, eres increíble. Gracias, no querría hacer algo así con nadie más.
—¿Y solo?
—Somos la dupla perfecta, cariño, sin ti nada funciona. ¿Cuánto tiempo he cantado en solitario? Y solo cuando tú lo has hecho conmigo es cuando alguien se ha fijado en mí. Somos un buen equipo.
Y pienso que eso es lo que tiene que ser una pareja, un equipo, da igual si hablamos de amor, amistad o a nivel profesional, pero lo importante es estar juntos para que las cosas funcionen, remar en el mismo sentido.
Carter se puso superfeliz con la noticia y hasta me pareció ver a Laura sonreír. Hemos decidido que yo actuaré con una máscara como si fuese Cat woman, pero sin estar buena, claro. Hice este comentario delante de Damon y la verdad es que no le gustó nada.
—Tienes una percepción muy dañina de ti.
—Es la verdad.
—No lo es, o quizá es tu verdad, pero ojalá pudieras verte desde mis ojos.
—¿Por qué?
—Porque eres increíble, Nadia. Es algo que supe desde el primer momento que te escuché cantar. Y cuando hablamos, pese a tu negativa… no sé, quizá justo por eso me pareció que tenías magia. Como dicen los españoles, tienes duende.
—Soy una chica del montón, una huérfana, alguien que no ha nacido para destacar.
—¿Es que no ves todo lo que llevas logrado? Las visualizaciones en TikTok, los comentarios, estar grabando música profesionalmente y hasta dar conciertos… Y todo en apenas unos meses. Ojalá vieras el talento que hay en ti como hacemos los demás.
Me quedo callada y me siento culpable. ¿Por qué no soy capaz de ver lo que él dice que hay en mí? No siento que sea especial, pero parece que para él lo soy, igual no de la manera que me gustaría, pero…
La pequeña gira por la ciudad comienza y empezamos a llenar pequeños garitos, haciendo que Carter vaya buscando sitios más grandes. En los primeros sitios la entrada era gratuita o incluía consumición, pero cada vez las entradas son más caras y la gente sigue viniendo. ¿Qué están viendo ellos que yo no veo? Quizá es esa química que Carter nos lleva diciendo desde el principio que tenemos, porque no es la primera vez que después de cantar una de nuestras canciones más románticas, nos piden que nos besemos, como si fuese esto una boda, vamos.
—Un día voy a hacerlo —dice Damon cuando estamos en la sala que nos han improvisado para que nos arreglemos.
—¿El qué? —pregunto mientras me quito la máscara.
—Besarte.
—¿Por el espectáculo?
—No, porque es lo que más anhelo cada vez que cantamos juntos —dice aproximándose peligrosamente a mí.
Estamos uno frente al otro, su boca queda a la altura de mi frente y sé que, con solo ponerme un poco de puntillas, estaríamos a la par, pero sería cagarla tanto... Trabajamos juntos, si esto va a más y luego no funciona, se jodería todo. No puedo hacerlo. Aparto mi cara y me voy a otra zona de la habitación, haciendo como si no hubiese escuchado lo que ha dicho, aunque mi corazón no está dispuesto a hacer lo mismo y agradezco el ruido que viene del local y hace que no se escuchen mis latidos.
Lo ha hecho. Me ha besado. No me lo esperaba. Estábamos en el escenario y, como muchas otras veces, al terminar la canción más bonita del mundo, los dos cantando en el mismo micrófono, se han puesto a gritar «Que la bese, que la bese…» y él, lo ha hecho. Me ha besado delante de todo el público, y vaya beso.
Damon
Estaba ya cansado de escucharlos gritar, de quererlo hacer y quedarme quieto, pero hoy he visto en sus ojos que ella también lo quería. Joder, no sé si he hecho bien, pero no aguantaba más. Está en el baño, no ha venido a nuestro improvisado backstage ¿Es qué evita cruzarse conmigo? La entiendo, pero juro que lo vi en sus ojos, ese brillo…
Carter entra por la puerta y me dice:
—Lo has hecho genial, esto va a hacer que las ventas aumenten.
—No lo he hecho por las ventas, lo he hecho porque la quiero, llevo enamorado de ella desde la primera vez que la escuché cantar.
—Mira, muchacho, en este mundo está bien estar enamorado de cara a la galería, pero estarlo de verdad, puede estropearlo todo.
—Me da igual, yo voy con todo por Nadia.
—Tú sabrás —dice, y al abrir la puerta para salir, ahí está ella.
Está paralizada y con los ojos llorosos, tarda en reaccionar, pero en cuanto lo hace se acerca a mí.
—¿Eso que has dicho es cierto?
—No sé hasta dónde has escuchado.
—¿Has dicho que estás enamorado de mí?
—Sí, lo estoy.
—Pues tenemos un problema.
—¿Sí?
—Sí, porque yo también lo estoy.
Se acerca a mí y me besa, y aunque ya se hayan rozado antes nuestros labios, no tiene nada que ver. Aquí hay chispas, electricidad. Una corriente que recorre cada parte de mi cuerpo. Hay magia, porque si algo me hace sentir Nadia es eso. Y me da igual que estemos al borde de un precipicio, que todo pueda salir mal, porque con que haya una minúscula oportunidad de que salga bien, para mí ya es suficiente.
—Te quiero —susurra cuando nuestros labios se separan.
—Hace tiempo que te observo, un día más del que te quiero,