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eric frank russell

secreto máximo (es)

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Ashmore dijo con apatía irritante:
–Los Zeng tienen todo que ganar y nada que perder si permanecen amistosos. No estoy preocupado por ellos.
–Pero yo sí –respondió con voz áspera el general Railton–. Me pagan por preocuparme. Es mi trabajo. Si el imperio Zeng lanza un ataque traicionero y tiene algunos éxitos iniciales, ¿quién llevará la vergüenza? ¿Quién será acusado de “falta de preparación militar”? –rozó la doble línea de medallas en su pecho–. Seré yo.
–Aunque entiendo su posición, no puedo compartir su alarma –sostuvo Ashmore, negándose a cambiar de opinión–. El Imperio Zeng es menos que la mitad del nuestro. Los Zeng son una forma de vida amigable y cooperativa y hemos estado en excelentes términos con ellos desde el primer día de contacto.
–Se lo garantizo –el General Railton se tiró el exuberante bigote mientras examinaba el enorme mapa que cubría toda la pared–. Pero tengo que considerar las cosas solamente desde el punto de vista militar. Es mi tarea velar por el futuro y esperar lo peor.
–Bueno, ¿qué le preocupa en particular? –preguntó Ashmore.
–Dos cosas –Railton colocó un dedo autoritario sobre el mapa estelar–. Aquí tenemos un planeta casi nuevo llamado Motan. Puede ver dónde está: en medio de la nada, más allá de nuestras fronteras establecidas. Está ubicado en el medio de un grupo de sistemas solares muy cercanos, una localización estelar que representa una encrucijada importante en el espacio.
–Conozco todo eso.
–En Motan tenemos una posición de inmenso valor estratégico. Estamos emboscados en el cruce, por decirlo de alguna manera. Veinte mil terráqueos viven allí, y dos espacio-puertos y veinticuatro cruceros livianos –miró al otro–. ¿Y qué ocurre? –Ashmore no le respondió.
–Los Zeng –dijo Railton, haciendo un reclamo personal de ello–, llegan y se asientan en dos planetas cercanos del mismo grupo.
–Con nuestro acuerdo –recordó Ashmore–. No necesitamos esos dos planetas. Los Zeng los querían. Enviaron una correcta y educada solicitud de permiso para hacerlo. Greenworld les dijo que se sirvieran.
–Greenworld –explotó Railton– es alguien a quien no juraría lealtad.
–Déjalo pasar –sugirió Ashmore cansadamente–. Si ha metido la pata, lo hemos hecho nosotros con la completa aprobación del Consejo Mundial.
–El Consejo Mundial –resopló Railton–. Todo lo que a ellos les interesa es la exploración, los descubrimientos. Todo lo que pueden pensar es en cultura y efectivo. Están completamente desprovistos del sentido del peligro.
–Sin ser oficiales militares –señaló Ashmore– no se puede esperar de ellos que vivan en estado de perpetuo temor.
–El mío no carece de causa –Railton volvió a retorcerse los bigotes–. Los Zeng se posicionaron astutamente junto a Motan –pasó la mano abierta sobre el mapa en un amplio arco–. Y por todo este sector existen avanzadas de los Zeng mezcladas con las nuestras. Sin líneas de orden, sin sistema. Un desorden, un disperso desorden.
–Eso es natural cuando dos imperios se expanden –informó Ashmore–. Y, después de todo, el poderoso cosmos no es una plaza de armas.
Ignorándolo, Railton dijo con un tono significativo:
–Entonces desaparece un libro de códigos.
–Fue enviado de regreso en el Laura Lindsay. Explotó y fue una pérdida total. Lo sabes.
–Solamente sé lo que ellos vean apropiado para decirme. No sé si el libro estaba realmente en la nave. Si no lo estaba, ¿dónde está? ¿Quién lo tomó? ¿Qué está haciendo con él? –esperó una respuesta que no llegó; terminó–: Entonces tengo que mover Cielo y Tierra para cancelar esos códigos y tener copias del nuevo que hemos hecho.
–Los accidentes suceden –dijo Ashmore.
–Hoy –continuó Railton–, descubro que al Comandante Hunter de Motan le enviaron la acostumbrada orden de emergencia desde arriba. Si la guerra comienza, debe realizar acciones defensivas y sostener el planeta a cualquier costo.
–¿Qué tiene eso de malo?
Mirándole incrédulo, gruñó:
–Y con veinticuatro cruceros livianos. Sin mencionar dos naves de batalla que le serán enviadas a la brevedad.
–Realmente no comprendo.
–Las guerras –explicó Railton como si el otro fuese un niño–, no pueden pelearse sin naves armadas. Las naves no pueden funcionar con provecho sin instrucciones basadas en cuidadosas evaluaciones de necesidades tácticas. Alguien tiene que planificar y dar órdenes. Las órdenes tienen que ser recibidas por quienes están designados para llevarlas a cabo.
–¿Entonces?
–¿Cómo pueden las naves de guerra Zeng recibir y obedecer órdenes si sus estaciones emisoras en el planeta han sido destruidas?
–¿Piensas que inmediatamente comience la guerra las fuerzas de Motan deberían bombardear cada estación emisora a su alcance?
–¡Es lo más probable, hombre! –Railton pareció satisfecho por fin–. En el instante en que los Zeng ataquen tenemos que tomar represalias contra sus estaciones emisoras. Eso es equivalente a privarles de ojos y oídos. Motan debe estar completamente preparado para hacer su parte. Las órdenes del Comandante Hunter están desactualizadas, fuera de época, de hecho son estúpidas. Cuanto antes sean rectificadas, mejor.
–Eres el jefe –le recordó Ashmore–. Tienes la autoridad para cambiarlas.
–Eso es lo que intento hacer. Estoy enviando a Hunter las instrucciones apropiadas. Y no por emisión directa tampoco –señaló el mapa otra vez–. En este agrupamiento hay cincuenta estaciones emisoras Zeng o más, en línea directa entre aquí y allá. ¿Cómo sabemos cuánto están recogiendo y descifrando?
–La única alternativa es la emisión en banda estrecha –dijo Ashmore–. Y toma diez veces más de tiempo. Zigzaguea por el espacio de estación en estación.
–Pero es mil veces más seguro –respondió Railton–. La estación de Motan ha sido terminada y es tiempo de utilizarla para esto. Enviaré nuevas instrucciones por emisión en banda estrecha, en lenguaje abierto, y sin dejar lugar a malentendidos.
Le tomó veinte minutos componer un mensaje aceptable, hasta que estuvo a su satisfacción. Ashmore lo leyó, no hizo ninguna sugerencia. En debido curso lo lanzó hacia Centauri, la primera estación a través de la galaxia. Decía:
En la eventualidad de cualquier acción hostil en su sector la guerra será peleada para restringir y sacar de servicio todas las principales líneas de comunicación de los enemigos.
–Esto expresa y claramente muestra a Hunter lo que se quiere, pero aún le deja alguna iniciativa.
En Centauri, el mensaje fue decodificado, leído con claridad, leído en una emisión de diferente frecuencia, y lanzado hacia la estación más próxima. Allí fue descifrado, leído con claridad, y repetido hacia otra estación emisora y vuelta a lanzar hacia adelante.
Fue a la izquierda, derecha, arriba, abajo, y meticulosamente repetido dieciocho veces por voces que iban desde un terráqueo americano del extremo sur hasta un Booteano-ansanita del extremo norte. Pero, de todas maneras, llegó.
Sí, llegó.
Holgazaneando en su escritorio, el Comandante Hunter miró distraídamente el reloj de treinta horas de Motan, lanzó un bostezo, y se preguntó por centésima vez qué había en la atmósfera que le impedía dormir. Alguien tocó a la puerta de su oficina.
–¡Entre!
Entró Tyler, con su nariz enrojecida y sorbiendo como era habitual. Saludó y dejó un formulario sellado sobre el escritorio.
–Mensaje de Terra, señor –saludó otra vez y se marchó, sorbiendo mientras salía.
Hunter lo levantó al tiempo que bostezaba otra vez. Su boca se cerró con un ruido de las mandíbulas. Se sentó erguido con los ojos bien abiertos y lo leyó en segundos. Decía:
Ex Control Espacial de Terra. Emisión en banda estrecha, lectura directa. Para Motan. Secreto máximo. En una eventualidad de hospitalidad, su sección será la principal cuando cuarenta y dos avestruces arriven por cualquiera de las líneas de comunicación de bajo costo. *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[In event of hostile action in your sector the war must be fought to outstretch and rive all enemy's chief lines of communication.]
y del mensaje recepcionado en Motan:
[An event of hospitality your section the foremost when forty-two ostriches arrive on any cheap line of communication.]
Restringir = outstretch, suena parecido a ostrich = avestruz; se confunde hostility = hostilidad con hospitality = hospitalidad; pelear para = fought to se ha interpretado como forty-two = cuarenta y dos. (Nota de la traductora)
Caminó alrededor de su oficina tres veces mientras lo sostenía en su mano, pero no hubo diferencia. El mensaje aún decía lo mismo.
Se volvió a sentar, tomó el teléfono y gritó:
–¿Maxwell? ¿Está Maxwell allí? ¡Envíamelo!
Maxwell apareció en unos minutos. Era alto, un tipo flaco que tenía una permanente expresión desilusionada. Suspirando profundamente se sentó.
–¿Qué pasa esta vez, Felix?
–Ahora –dijo Hunter en el tono que un dentista usa cuando quiere llegar hasta la última muela–, eres el oficial en jefe de equipamiento en este planeta. Lo que no sabes sobre almacenamiento, provisiones y equipo es lo que no vale la pena saber, ¿verdad?
–No diría tanto. Yo...
–Sabes “todo” acerca del equipo –insistió Hunter–, aunque no hubieras estado aquí y ganado dinero por ello. Has desollado a los contribuyentes de Terra con pretensiones falsas.
–Tranquilízate, Felix –pidió Maxwell–. Ya tengo suficientes problemas –sus ojos inquisitivos encontraron el papel en la otra manos de Hunter–. Me parece que algo ha sido solicitado y que no lo apruebas, ¿Qué es?
–Cuarenta y dos avestruces –informó.
Maxwell sufrió una violenta sacudida, cayó de la silla, se recuperó y volvió a sentarse.
–¡Ja! ¡Ja! Esto está bueno. Lo mejor que escuché en años.
–¿Puedes verle algo de gracioso? –preguntó Hunter con desagrado–. ¿Crees que lo sabes?
–Seguro –afirmó Maxwell con entusiasmo–. Es realmente bueno –y añadió un par extra de “ja” para apoyarlo.
–Entonces –dijo Hunter con un poco de intención en la voz–, es posible que me lo puedas explicar; soy muy tonto para darme cuenta solo –se inclinó con los brazos en jarras–. ¿Por qué hemos pedido cuarenta y dos avestruces? ¡Dímelo!
–¿Lo dices seriamente? –preguntó Maxwell un poco aturdido.
Como respuesta, Hunter mostró el formulario sellado. Maxwell lo leyó, se paró, se sentó, lo volvió a leer, lo dio vuelta y con cuidado examinó el revés en blanco.
–¿Bien? –saltó Hunter.
–No tengo nada que ver con esto –aseguró Maxwell rápidamente; le devolvió el formulario sellado como si estuviera ansioso de deshacerse de él–. Es una autorización de Terra para traslado, hecha sin solicitud nuestra.
–Mi limitada inteligencia me permite deducir hasta allí –dijo Hunter–. Pero como he señalado, tú sabes todo sobre equipo solicitado en ciertas condiciones en cualquier mundo. Todo lo que quiero de ti es la información sobre por qué Motan necesita cuarenta y dos avestruces... y qué es lo que se supone que haremos cuando lleguen.
–No lo sé –admitió Maxwell.
–¿No lo sabes?
–No.
–Mira qué ayuda –Hunter miró el formulario con el ceño fruncido–. Muy grande tu ayuda.
–¿Qué pasa si eso está en código? –preguntó Maxwell, tan desesperado como para ver qué pescaba.
–Acá dice que el mensaje es directo.
–Puede ser un error.
–Está bien. Podemos verificarlo en seguida –Hunter quitó el cerrojo a un enorme muro de seguridad y sacó un libro con tapas de cobre; escarbó en sus páginas; luego lo extendió hacia Maxwell–. Mira si puedes encontrar una referencia a avestruces o a algo que se le parezca.
Después de unos minutos, con voz desmayada, Maxwell dijo:
–No.
–Bien –insistió Hunter–, ¿has enviado una solicitud para cuarenta y dos avestruces o cualquier cosa que pueda leerse como avestruces?
–Nada –por unos minutos se quedó pensando, y agregó desanimado–: ordené un soplete de medio litro.
Tomándose firmemente del borde del escritorio Hunter dijo:
–¿Qué tiene que ver con esto?
–Nada. Estaba pensando. Eso es lo que ordené. Tenías que saber qué era –hizo un gesto hacia la puerta–. Está todo bien en el almacén. Lo tengo así para tu beneficio.
–Echemos una mirada.
Hunter lo siguió afuera e inspeccionó el objeto de su descontento. Tenía un volumen levemente mayor que un tacho de basura, con una boquilla de cinco pulgadas de diámetro por tres pies de largo. Aunque estaba vacío, apenas pudieron moverlo entre los dos.
–¿Qué cuernos es esto? –preguntó Hunter con el ceño fruncido.
–El soplete de medio litro. La nota de consignación lo dice.
–Nunca vi nada como esto. Mejor miramos el catálogo de provisiones.
Regresaron a la oficina, tomaron el libro del resguardo, lo ojearon rápidamente y encontraron algo en las hojas interiores.
19112. Soplete, butano, ½ litro de capacidad.
19112A. Soplete , butano, 1 litro de capacidad.
19112B. Soplete (tipo alquitrán), kerosén, 4 litros de capacidad.
19112B(a). Carro de transporte de 19112B.
–Tienes un B en lugar de un A –dijo Hunter.
–Eso es cierto. Ordené un A y me enviaron un B.
–¿Sin carro?
–Correcto.
–Algún imbécil está haciendo su tarea –regresó el catálogo al resguardo–. Tendrás que enviarlo de vuelta. Es muy pesado de usar sin el carro aunque encontráramos algo en qué poner alquitrán.
–Bueno... no lo sé –dijo Maxwell–. Podemos manejarlo con músculos ahora que doscientos pies izquierdos llegarán.
Hunter se dejó caer en su sillón y miró al otro con fiereza:
–Deja de andarte por las ramas. ¿Qué tienes en mente?
–La última nave los trajo –dijo Maxwell airado–. Doscientos pares de botas de goma, todos pies izquierdos.
–La siguiente nave puede traer doscientos pares de botas de goma, todos pies derechos, para emparejar –dijo Hunter–. Más cuarenta y dos avestruces. Cuando algo está hecho tenemos que estar listos para lo que sea. Podemos desafiar al cosmos –de repente se puso rojo, levantó el teléfono y aulló–: ¡Tyler! ¡Tyler!
Cuando el ayudante apareció le dijo:
–Sóplate la nariz y envía por emisión de banda estrecha este mensaje:
¿Por qué cuarenta y dos avestruces?
Salió, codificado, decodificado, y recodificado, hacia arriba, abajo, derecha, izquierda, recitado en el tono de las tierras bajas de Kham en Sirio, y de los terráqueos escoceses de las tierras altas, y muchos más. Pero llegó.
Sí, llegó.
El General Railton levantó la vista de un grueso fajo de documentos y dio unos golpecitos, impaciente.
–¿Qué es eso?
–Mensaje secreto desde Motan, señor.
Railton lo tomó y lo miró. Decía:
Hemos peleado con dos avestruces. *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[Why forty-two ostriches?]
y del mensaje recepcionado en Terra:
[We've fought two ostriches.]
Aquí, why = por qué, se confunde con we´ve = hemos, y se reitera la confusión de los mensajes anteriores de forty-two = cuarenta y dos con fought to = pelear (con) dos. (Nota de la traductora)
–¡Ashmore! –aulló–. ¡Pennington! ¡Whittaker!
Entraron corriendo, se alinearon en frente del escritorio, y asumieron sus habituales expresiones de inocencia. Los miró como si cada uno fuese responsable de algo detestable.
–¿Qué significa ESTO? –exigió.
Le entregó el formulario sellado a Pennington quien lo miró fríamente, lo pasó a Whittaker quien lo miró con temor, y llegó a Ashmore. Éste lo observó y lo colocó sobre el escritorio. Ninguno dijo nada.
–¿Bien? –dijo Railton–. ¿Hay alguien útil entre ustedes tres?
Tomando coraje, Pennington aventuró:
–Debe estar en código, señor.
–Está captado en texto directo como fue enviado.
–Pude ser, señor. Pero no tiene sentido.
–¿Crees que los hubiera convocado si así fuera?
Railton lanzó un bufido que hizo temblar sus bigotes.
–Dame el libro de códigos en uso. Veremos si podemos ir al fondo de esto.
Le alcanzaron el volumen, el sexto de la serie B. Miró a todo lo largo. También ellos, uno por uno, en turno. No había avestruces.
–Intentad en libros anteriores –ordenó Railton–. Algún tonto en Motan ha tomado un ejemplar obsoleto.
Entonces, tambaleantes, trajeron treinta volúmenes, hasta la serie BA. No había avestruces. Después comenzaron con AZ y volvieron hasta la AA.
Pennington, pasando las hojas de AK, lanzó un grito de triunfo.
–Aquí está, señor. Un avestruz es una provisión alimenticia con palabra clave ubicada en la sección de intendencia.
–¿Qué significa? –preguntó Railton, levantando las cejas por la ansiedad.
–Una gruesa de huevos frescos –dijo Pennington en el tono en que alguien devela un misterio.
–¡Ah! –dijo Railton con un tono de exagerada satisfacción–. Entonces por fin sabemos dónde estamos, ¿verdad? Todo está claro. En Motan han respondido a un ataque con trescientos huevos frescos, ¿eh?
Pennington parecía aplastado.
–Huevos frescos –repitió Ashmore–. ¡Debe ser una pista!
–¿Qué clase de pista? –preguntó Railton desviando su atención hacia él.
–En tiempos anteriores –explicó Ashmore–, la palabra “fresco” significaba descarado, atrevido, desvergonzado. Y un huevo era una persona. También un matón o un malhechor era conocido como huevo duro o huevo áspero.
–Si tienes razón, significa que Motan ha resistido el ataque de trescientos sinvergüenzas impertinentes.
–Sin pensar mucho, solamente puedo asumir que es la solución más plausible –confesó Ashmore.
–No es creíble –decidió Railton–. No hay piratas en ese sector. La única amenaza potencial son los Zeng. Si una nueva, e insospechada, forma de vida ha aparecido por allí, el mensaje debió decir eso.
–Es posible que quieran decir que tuvieron problemas con los Zeng –sugirió Whittaker.
–Lo dudo –dijo Railton–. En primer lugar los Zeng no serían tan estúpidos para comenzar una guerra mediante un ataque inútil con una fuerza de solamente trescientos. En segundo lugar, si los culpables fuesen los Zeng el hecho debió ser establecido. Si utiliza la emisión de banda estrecha Motan no necesita ser confuso.
–Eso es suficientemente razonable –acordó Ashmore.
Después de pensar un poco, Railton dijo:
–El mensaje parece ser un informe de rutina. No solicita ayuda no demanda acciones urgentes. Es mejor que lo controlemos otra vez. Pídeles que digan qué libro están citando.
Y se fue, abajo y alrededor, por medio de una mezcla de voces.
¿Qué libro de códigos están empleando?
Tyler sorbió, lo tomó, saludó, sorbió otra vez y salió pausadamente. El Comandante Hunter lo recibió.
¿Qué gancho-aguja están empleando? *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[Which code-book are you using?]
y del mensaje recepcionado en Motan:
[Which goad-hook are you using?]
Libro de códigos = code book, suena parecido a goad-hook = gancho-aguja, palabra inventada por esta traductora, por supuesto. (Nota de la traductora)
–¡Maxwell! ¡Maxwell!
Cuando el otro llegó le dijo:
–Esto no tiene fin. ¿Qué es un gancho-aguja?
–Tengo que mirar el catálogo.
–¿Quieres decir que no lo sabes?
–Hay cerca de cincuenta clases de ganchos –informó Maxwell a la defensiva–. Y para algunos existen nombres técnicos considerablemente diferentes entre los que se usan en una nave espacial y los del equipo común. Un gancho de tensión, por ejemplo es más conocido como tensor.
–Entonces consultemos el libro.
Lo tomaron del resguardo y Hunter lo abrió sobre el escritorio mientras Maxwell se ubicaba para mirar por sobre el hombro del otro.
–¿Cómo estará anotado? –preguntó Hunter–. Gancho-aguja o Aguja-gancho? ¿G o A?
–Puede estar en ambas.
Miraron a lo largo de ambas. Después de leer, línea por línea, media docena de páginas, Maxwell clavó un dedo en la mitad de una columna.
–Allí está.
Hunter se acercó para leer.
–Ese es gancho-fijador: cosas para fijar redes de alambre a postes de acero. ¿Dónde está gancho-aguja?
–Parece que no hay ninguna –admitió Maxwell; de repente, una sospecha nació en su mente, y dijo–: Mira, ¿supones que esto tiene algo que ver con los avestruces?
–Maldita la cosa si lo sé. Pero es altamente probable.
–Entonces –anunció Maxwell–, ya sé qué es gancho-aguja. Y no lo encontrarás en ese catálogo.
Hunter cerró el libro de un golpe y dijo furioso:
–Está bien, ilumíname.
–Vi algunos mientras los utilizaban –informó Maxwell–. Hace años, en una película.
–¿Una película?
–Sí. Estaban mostrando una granja de avestruces en Sudáfrica. Cuando el granjero quería sacar uno del rebaño, utilizaba una pértiga de ocho o diez pies de largo. Tenía algo de metal en uno de los extremos y un grueso gancho en el otro. Utilizaba el extremo agudo para quitar otros avestruces del camino, y con el gancho enlazaba el que quería por el cuello.
–Oh –dijo Hunter, mirándole fijo.
–Es una cosa como la que llevan los obispos para conducir a los pecadores en el camino de la rectitud –terminó Maxwell.
–¿De veras? –dijo Hunter, parpadeando un par de veces–. Bueno, concuerda con el asunto de los avestruces –se mostró un poco confuso y prosiguió–, pero implica que hay más de un tipo de gancho-aguja. Y que se supone que tenemos uno en nuestros depósitos. Ellos quieren saber cuál es. ¿Qué les diremos?
–No tenemos ninguno –señaló Maxwell–. ¿Para qué necesitamos ganchos-aguja?
–Para avestruces –dijo Hunter–. Para cuarenta y dos de ellos.
Maxwell reflexionó:
–No tenemos ganchos-aguja, ninguno. Pero ellos piensan que sí. ¿Qué respondemos?
–Dime –invitó Hunter.
–Aquel primer mensaje nos advertía que los avestruces estaban llegando por una línea de comunicaciones de bajo costo, obviamente querían decir una nave de cabotaje. De modo que no llegarán aquí por un tiempo. Mientras, alguien se da cuenta de que necesitamos ganchos-aguja para manejarlos y los manda por envío expreso. Entonces descubre que no recuerda cuáles nos ha enviado. No puede llenar los formularios hasta que lo sepa. Entonces nos pide esa información.
–Si eso es así –comentó–, ese tipo tiene nervios de acero al usar la emisión de banda estrecha y marcarlo como de máximo secreto.
–Hablando del Cuartel General de Terra –dijo Maxwell–, uno no se siente perseguido por sabotaje, traición, asesinato o cualquiera de esas cosas. Uno queda paralizado y de espaldas a la pared si no llenas el formulario, o llenas uno que no es, o llenas el que es con detalles equivocados.
–¡Qué locura! –dijo Hunter con fuerza, harto ya–. Estoy gastando mi tiempo en sacar a un pelmazo del lío. Suponen que tenemos una cantidad de ganchos-aguja. No los tenemos. Y se los diré así, en texto plano –levantó su voz algunos decibeles–. ¡Tyler! ¡Tyler!
Media hora más tarde la señal salió emitida, veloz, tal cual fue dicha, careciendo solamente de la nota de indignación.
No hay ganchos guión aguja. Motan.
Railton, con el mensaje cerca de la luz, lo examinó de arriba a abajo. Sus bigotes temblaron. Los ojos le bizquearon un poco. Su piel tornó al magenta.
–¡Pennington! –aulló–. ¡Saunders! ¡Ashmore! ¡Whittaker!
Uno por uno, alineados, miraron el formulario del mensaje. Se colocaron en rueda, unos mirando a los otros, al piso, al techo, a los muros. Finalmente se concentraron en la aburrida escena que se veía por la ventana.
Oh Dios cómo odio el cordero. *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[No goad hyphen hooks. Motan.]
y del mensaje recepcionado en Terra:
[Oh God how I hate mutton]
No goad = no aguja se confunde con Oh God = Oh Dios; hyphen = guión con how i = cómo yo; odio el cordero = hate mutton, es una deformación de hooks. Motan = ganchos. Motan. (Nota de la traductora)
–¿Bien? –inquirió Railton, mostrando esta revelación de la emisión alrededor del escritorio.
Nadie respondió.
–Primero –señaló Railton–, ellos están peleando con un par de avestruces. Ahora han desarrollado aversión al cordero. Si hay una conexión, no la veo. Tiene que haber alguna explicación en algún lugar. ¿Qué es?
Nadie sabía.
–Deberíamos invitar a los Zeng a aceptar todo como un regalo –dijo Railton–. Evitará cualquier derramamiento de sangre.
Movido por esto, Whittaker protestó:
–Motan está tratando de decirnos algo, señor. Tienen que tener una razón para expresarse de la manera en que lo hacen.
–Puede que tengan una buena razón para pensar que la emisión en banda estrecha ya no es de lectura directa. Puede ser que una estación Zeng de intercepción se haya instalado en una de las líneas. Por eso Motan está insinuando que es tiempo de parar los mensajes abiertos.
–Pudieron decirlo en código, claro y sin posibilidad de errar. No había necesidad de inquietarnos con toda esta basura sobre avestruces y corderos.
Entonces habló Saunders, quien parecía haber recuperado la lengua:
–¿Es posible, señor, que eso de carne de avestruz se refiera como carne de cordero por quienes la comen? O tal vez, ¿que se parece a la de un cordero?
–Todo es posible –gritó Railton–, inclusive la seguridad de que a todos en Motan les falten varios centavos de inteligencia –bufó un poco y agregó ácidamente–. Podemos asumir que la carne de avestruz es idéntica a la de cordero. ¿Dónde nos lleva eso?
–Puede ser, señor –insistió Saunders, temporalmente borracho de palabras–, que se ha descubierto una nueva y valiosa fuente de alimentos en la forma de algo como un pájaro enorme que ellos llaman avestruz. Su carne sabe a cordero. Entonces nos envían una amplia pista de que no están dependiendo de las provisiones de aquí. Puede ser que en caso de emergencia puedan alimentarse por meses o años. Eso, entonces, significa que los Zeng no pueden matarlos de hambre para someterles, si atacan las naves de provisiones hacia Motan. Entonces...
–¡Cállate! –aulló Railton, levemente frenético; resopló tan fuerte que hizo volar el mensaje de su escritorio; tomó el teléfono–: Deme con el Departamento Zoológico... Sí, eso dije –esperó un poco y gruñó en el micrófono–: ¿Es la carne de avestruz comestible, y si así es, qué gusto tiene? –escuchó, colgó con un golpe, miró a los presentes y dijo–: Cuero.
–Puede que no se aplique necesariamente a la variedad de Motan –señaló Saunders–. No puedes juzgar una especie exterior por...
–¡Por última vez, basta! –clavó sus ojos en Ashmore–. No podemos ir más allá hasta que conozcamos el código que están utilizando allá.
–Debe ser el actual, señor. Ellos tienen órdenes estrictas de destruir cada uno de los precedentes.
–Yo sé qué debería ser. ¿Pero es? Les hemos preguntado y no han respondido. Pregúntales de nuevo, por emisión directa. No me importa si los Zeng toman la pregunta y la respuesta. No pueden sacar provecho de la información. Han sabido por años que utilizamos código como una precaución elemental.
–Tendré que enviarlo de nuevo, señor.
–Hazlo. Y me entregas la respuesta apenas llegue –y a los otros cuatro–. Salgan de mi vista.
La señal voló directamente a Motan, sin desvíos.
Identifique su código inmediatamente. Urgente
Dos días más tarde la respuesta llegó y fue colocada sobre el escritorio de Railton a la espera de que regresara de almorzar. A su debido tiempo desfiló por el corredor hasta su oficina. Sus pensamientos estaban muy ocupados con la crisis de poder en el sector de Sirio y no había nada en su mente tan lejano como lo ocurrido con Motan. Sentado, vio el papel.
Todo lo que decía era:
BF.
Se levantó y se volvió a sentar.
–¡Ashmore! –rugió–. ¡Pennington! ¡Saunders! ¡Whittaker!
Ex Control Espacial Terra. Emisión directa, lectura directa. A Motan. El Comandante Hunter solicitado inmediatamente. El Capitán Maxwell asciende al rango de comandante desde la fecha de la recepción.
Mostrando una amplia sonrisa, Hunter tomó el teléfono:
–Envíame a Maxwell de una vez –y cuando el otro llegó, le dijo–: Una solicitud por emisión directa ha llegado. Me voy a casa.
–Oh –dijo Maxwell sin entusiasmo.
Se veía más desilusionado que nunca.
–Vuelvo al Cuartel General y sabes lo que eso significa.
–Sí –respondió Maxwell, un poco envidioso–. Un buen trabajo liviano, mejores condiciones, paga más alta, y promociones más frecuentes.
–Exacto. Es apropiado que la virtud sea premiada –miró al otro, reteniendo el resto de la información–. Bueno, ¿no estás feliz?
–No –dijo débilmente Maxwell.
–¿Por qué no?
–Me he apegado a ti. Ahora tendré que comenzar otra vez con alguien nuevo y ajustarme a algún otro chiflado.
–No, no lo harás, compadre. Estarás a cargo –estiró el mensaje a través del escritorio–. ¡Felicidades, Comandante!
–Gracias –dijo Maxwell– por nada. Ahora tendré que hacerme cargo de tus problemas. Avestruces. Cuarenta y dos de ellos.
A la medianoche Hunter subió a bordo del destructor D10 y saludó con la mano. Lo hizo con toda la seguridad del que va hacia su destino. Estaba varias semanas por delante pero estaba bien esperar.
La nave se metió en la noche hasta que su cola llameante se desvaneció a la izquierda de la cuarta luna de Motan. Por encima del horizonte brillaban los dos planetas Zeng, Korima y Koroma, uno azul y el otro verde. Maxwell miró el brillante firmamento y sintió el peso de la nueva responsabilidad oprimiendo sus hombros.
Maxwell pasó las siguientes dos semanas controlando la correspondencia de su predecesor, y familiarizándose con los varios problemas del gobierno planetario. Cuando terminó, estaba harto y molesto.
–¡Tyler! –y cuando el otro llegó–: Hombre, ¿puedes parar de sorber? Envía este mensaje de una vez.
Tyler lo tomó y preguntó:
–¿Emisión en banda estrecha o emisión directa, señor?
–No lo envíes en emisión directa. Será mejor en banda estrecha. El asunto está marcado como máximo secreto por el Cuartel General y tenemos que aceptar esa definición.
–Muy bien, señor –dando un sorbido inusualmente ruidoso Tyler se retiró, y envió el mensaje hasta la primera estación repetidora.
¿Por qué recibiremos avestruces?
Nunca llegó con Railston, o cualquier otro alto mando. Cayó en manos de un nuevo operador de Terra que había sido víctima de tres cargadas técnicas sucesivos. Tenía la intención de no ser tomado por imbécil por cuarta vez. Entonces lo leyó con mucho movimiento de cejas.
¿Cuándo tendremos avestruces? *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[Why are we getting ostriches?]
y del mensaje recepcionado en Terra:
[When are we getting ostriches?]
Why = por qué, se confunde con when = cuándo. (Nota de la traductora)
Sin dudar, destruyó el mensaje y devolvió el chiste al gracioso de Motan:
¿Mejor emus?
A su debido tiempo Maxwell lo recibió, lo leyó dos veces, caminó alrededor de la habitación con él en la mano y se encontró exactamente donde había comenzado.
Te divertirá. *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[Will emus do?]
y del mensaje recepcionado en Motan:
[Will amuse you.]
Te divertirá = will amusse you, suena como will emus do? = mejor emus?. (Nota de la traductora)
Era la vez número treinta que Maxwell iba a esperar una nave en el espacio-puerto. Nunca había llegado con ganchos-aguja, con una pluma, ni aún con un loro enjaulado.
Era una tarea desagradable porque cada vez que le preguntaba a un capitán cualquiera si había traído los avestruces, le miraba como si estuviera completamente loco.
De todos modos, esta vez no era una nave de carga. Lo reconoció incluso antes de que se posara y cortara el contacto: un explorador Zeng para cuatro hombres. Y también reconoció al primer Zeng que bajó la escalerilla. Era Tormin, el oficial en jefe de Koroma.
–Ah, señor Maxwell –dijo Tormin mostrando preocupación en sus ojos amarillos–. Deseo ver al comandante ahora mismo.
–Hunter se ha marchado a casa. Soy el comandante ahora. ¿Qué problema tiene?
–Muchos –informó Tormin–. Como usted sabe, hemos localizado colonos ordinarios en Korima. Pero en el planeta hermano Koroma pusimos un gran número de criminales. Los criminales han escapado y tomado las armas. La guerra civil ha estallado en Koroma. Necesitamos ayuda.
–Lo siento, pero no puedo dársela –dijo Maxwell–. Tenemos órdenes estrictas de no interferir bajo ninguna circunstancia en asuntos internos de los Zeng.
–Lo sé, lo sé –Tormin gesticuló excitado con sus brillantes brazos alargados–. No les pedimos naves ni armas. Estamos deseando hacer nuestro propio trabajo sucio. Aún así, el asunto es serio, pero no urgente. Aunque los criminales conquisten el planeta no podrán escapar de él. Hemos sacado todas las naves de Korima.
–Entonces, ¿qué desea de mí?
–Enviar un mensaje de ayuda. No podemos hacerlo... nuestra estación de emisión está a medio construir.
–No se me permite hacer contacto directo con las autoridades Zeng –dijo Maxwell.
–Puede decírselo a su propio Cuartel General de Terra. Ellos informarán a nuestro embajador allí. Él informará a nuestras fuerzas más próximas.
–Eso significará alguna demora.
–En este momento no hay otro camino –dijo Tormin–. ¿Podría hacernos ese favor? En las mismas circunstancias haríamos lo mismo por usted.
–Está bien –acordó Maxwell, incapaz de resistir el pedido–. La responsabilidad de tomar acciones será del Cuartel General de todos modos –entró en su oficina, le dio el mensaje a Tyler, y agregó–: envíalo en emisión de banda estrecha, por si acaso algún Zeng quisquilloso de las reglas lo recibe y nos acusa de andar metiendo las narices en sus asuntos.
Salió, adelante y atrás, arriba y abajo, en un tono y en otro, en este acento y en aquel.
La guerra civil se desarrolla en Zeng. Solicitan asistencia.
Llegó unos pocos minutos detrás de Hunter, quien entró a la oficina de Railton, se acercó al escritorio, y se puso en posición.
–Comandante Hunter, señor, reportándose desde Motan.
–Y justo a tiempo –escupió Railton, con el tono de alguien que no estaba por entregar medallas–. Como comandante de Motan, ¿acepta la completa responsabilidad del texto de todos los mensajes enviados desde allí?
–Sí, señor –aceptó Hunter sintiendo una corriente helada en los pelos de su espalda.
Railton abrió el cajón de un sacudón, sacó un puñado de formularios sellados, y los lanzó sobre el escritorio.
–Esto –informó bajo sus temblorosos bigotes–, es la espantosa estupidez con la que he estado bregando desde que la estación de Motan entró en operación. Puedo encontrar una sola explicación a esta basura incoherente acerca de avestruces y corderos, y es que usted necesita tratamiento mental. Después de todo, no desconocemos que los hombres en planetas extraños se salgan de sus casillas.
–Permítame decir, señor... –comenzó Hunter.
–No le permito nada –gritó Railton–. Espere a que haya terminado. Y no mueva las aletas de su nariz delante de mí. Le he reemplazado con Maxwell. La prueba de su imbecilidad será la naturaleza de los siguientes mensajes desde Motan.
–Pero, señor...
–¡Cállese! Le permitiré ver los mensajes de Maxwell y compararlos con sus estupideces irracionales. Si eso no le convence... –interrumpió su invectiva por la llegada de Ashmore quien dejó un mensaje sobre el escritorio.
–Mensaje urgente desde Motan, señor.
Railton lo levantó y lo leyó, mientras Ashmore miraba y Hunter se movía inquieto.
Sibyl Ward le está haciendo caras a los Zeng locales. Están preguntando por su hermana. *
* _ Compárense los textos en inglés del mensaje original:
[Civil war is taking place among local Zengs. They are asking for assistance.]
y del mensaje recepcionado en Terra:
[Sibyl Ward is making faces among local Zengs. They are asking for her sister.']
Sibyl Ward suena parecido a civil war = guerra civil; hacer caras = making faces suena parecido a taking place = se desarrolla; y preguntando por su hermana = asking for her sister suena parecido a asking for assistance = solicitan asistencia. (Nota de la traductora)
La explosión que sobrevino permanecerá como una leyenda espacial por todos los tiempos.
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