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evelio rosero

el gatopájaro (es)

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Me gustaría saber qué piensa. Con otros animalitos sería distinto. Podrían hablar, es decir: gesticular un único idioma; pero este no; es todo un ruido: habla en dos idiomas a la vez. Sería un imperdonable descuido extraviarlo. Es un perfecto gatopájaro, y a veces me mortifica: gira desesperado sobre su propio cuerpo y luego se desliza, brinca, lanza un maullido como un trino, lo toco levemente en las rodillas y grita, me mira con terror inesperado, no entiende que soy amigo, ni siquiera reacciona cuando le río, cuando le hago cosquillas en mitad de dos pelos y dos plumas. Un día trató de volar. Y otro día casi se come él mismo. Un exacto suicida. Dice mamá que se parece a uno que era mitad gato y mitad cordero. Me enfado peor. Es un gatopájaro, digo; inútilmente explico a mamá lo que ella no quiere entender. Ambos lo contemplamos, como la primera vez: mitad cariño, mitad consternación. Dice mamá: «Pero si no es un gato, es gata, es una gatita». «¡Oh!» le digo, irritado. Miro hacia donde indica mamá, y el animalito une sus dos blancas rodillas, avergonzado. «No es gato, es gata» insiste mamá, y añade, solemne, limpiándose las manos en el delantal:
—Es gatapájara.
Luego mamá se queda pensando. Me mira directo a los ojos y advierte, tajante: «Es gatapájara, y si queda preñada de un gato o de un pájaro, ya tú te encargarás».
Aburrido y sorprendido al mismo tiempo los abandono. El desolado perfil de mamá queda solo en el patio, frente al pequeño animal, ambos debajo de una lámina de hojas y raíces apretadas: es el cielo. Las nubes se remueven, no tardará en llover. No encuentro más alternativa y me siento a la mesa, con el periódico desplegado. Pero no leo ninguna noticia. Al poco tiempo llega mamá con un caldo humeando en la olla. Ambos nos entendemos, ambos comemos, con tranquilidad, sin cambiar una sola palabra.
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