puerto de tumaco, 1938 (es)
Encontramos una botella con un mensaje dentro, pero no lo pudimos leer —porque no entendimos. Llevamos el mensaje al párroco y el párroco nos dijo que las palabras estaban tan desteñidas que resultaban imposibles de leer. Llevamos el mensaje al maestro de escuela y nos dijo que no lograba descifrar el mensaje porque estaba escrito en otro idioma, posiblemente griego, y que él solo sabía francés, inglés, alemán, portugués y algo de latín. De modo que no llevamos el mensaje a nadie, porque nadie sabe griego en Tumaco, y todo quedó así, sin que nadie supiera que fui yo, el guitarrista de la Calle del Comercio, Gerardo Moncayo, el que lanzó ese mensaje escrito al revés, una historia acuática escrita para peces; si no se es un pez no se puede entender, se puede perder la cabeza. Con un par de grandes branquias las cosas se hacen sencillas: sumergirse, para volar. Eso decía el mensaje y esas eran las bromas con que solíamos reír nosotros, los enfermos de parálisis.