señal (es)
Ha buscado desde hace tanto la señal en los cielos, pero todo parece indicar que lo olvidaron. De mes en mes llega la avioneta; es el único medio de transporte, y el pueblo la recibe con estrépito, con los brazos abiertos. El contempla fijamente a los viajeros, uno por uno, y después desaparece. Y sigue aguardando. No tiene un negocio estable, y muchos todavía se preguntan qué hace aquí, de pie, desde hace años, contemplando los cielos. Al principio resultaba sospechoso. Después loco. Después un tipo de peligro, que huye para que no lo maten; después cualquier fulano que ha venido a morir a este último rincón del mundo; después un habitante más, uno de todos, como cualquier otro. El no quiere comentar de la señal a nadie, ni siquiera a la mujer del carpintero, que de vez en cuando duerme a su lado, casi por misericordia. Es un solitario, en la selva. Nunca baja a beber cerveza. Vive sin ningún perro, con una olla y una hamaca y un cuaderno. Nada le falta, excepto la señal: lo más importante, lo esencial, la viva herida, la causa de que soporte todo esto. Algún error debió suceder cuando acordó el sitio de la espera: ¿era otro sitio el indicado para contemplar los cielos?
Así envejece, igual que la mujer del carpintero, igual que el carpintero, igual que el pueblo, igual que la señal, que ya murió, cansada de buscarlo, de aterrizar en otros puertos, vieja y desdentada, aterrada de haber equivocado para siempre el sitio del encuentro.