las langostas
spanish
Los cohetes incendiaron los prados ahuesados, convirtieron las piedras en lava, la madera en carbón, transformaron el agua en vapor, volvieron arena y sílice la hierba verde que se extendía como fragmentos de espejos que, por todas partes, reflejaran la invasión. Los cohetes llegaron como tambores, redoblando en la noche. Los cohetes llegaron como langostas, en enjambres que se posaron sobre brotes de humo rosado. Y de los cohetes bajaron corriendo hombres con martillos en las manos para moldear a golpes aquel mundo desconocido hasta darle una forma reconocible, para eliminar a mazazos toda extrañeza, la boca bordeada con clavos hasta tal punto que parecían carnívoros con dientes de acero, clavos que escupían en sus manos rápidas mientras levantaban a martillazos armazones de casas y correteaban por los tejados con tablillas para ocultar las estrellas sobrecogedoras e instalaban persianas verdes para repeler la noche. Y mientras los carpinteros se apresuraban, las mujeres llegaron con maceteros y cretona y sartenes y levantaron en las cocinas un fragor que disimuló el silencio en el que, al otro lado de la puerta y las ventanas encortinadas, Marte aguardaba.
En seis meses, se habían fundado en el planeta desierto una decena de pueblecitos, repletos de fluorescentes chisporroteantes y bombillas amarillas. En general, llegaron a Marte unas noventa mil personas y, en la Tierra, muchas más estaban haciendo las maletas…