ray bradbury
aquí hay tigres (es)
—Hay que saber aventajar a un planeta en su propio juego —dijo Chatterton—. Llegar y rasgarlo, matar sus serpientes, envenenar sus animales, contener sus rí
bordado (es)
En el porche oscuro, en las últimas horas de la tarde, había un relampagueo de agujas, como el movimiento de un enjambre de insectos de plata a la luz. Las
calidoscopio (es)
El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgur
canto el cuerpo eléctrico (es)
¡Abuela! Recuerdo su nacimiento. Espera, dices, ningún hombre recuerda el nacimiento de su propia abuela. Sí, pero nosotros recordamos el día en que nació.
cuento de navidad (es)
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vu
dragón (es)
La noche soplaba en el escaso pasto del páramo. No había ningún otro movimiento. Desde hacía años, en el casco del cielo, inmenso y tenebroso, no volaba nin
el cohete (es)
Fiorello Bodoni se despertaba de noche y oía los cohetes que pasaban suspirando por el cielo oscuro. Se levantaba y salía de puntillas al aire de la noche.
el desierto (es)
Oh, el día feliz al fin ha llegado… Era la hora del crepúsculo y Janice y Leonora preparaban infatigablemente el equipaje, entonando canciones, comiendo alg
el día de las tumbas (es)
Era el día de las tumbas y todo el pueblo había subido por el camino estival, incluyendo a la abuela Loblilly, y estaban ahora a la luz verde del día, bajo
el dragón (es)
La noche soplaba en el escaso pasto del páramo. No había ningún otro movimiento. Desde hacía años, en el casco del cielo, inmenso y tenebroso, no volaba nin
el emisario (es)
Supo que había llegado de nuevo el otoño, porque Torry entró retozando en la casa, trayendo con él un refrescante olor a otoño. En cada uno de sus perrunos
el funerario (es)
El señor Benedict salió de su vivienda. Se quedó de pie en el porche, tímido y sintiéndose inferior a los demás. Un perrito pasó trotando, con mirada astuta
el hombre de la camisa rorschach (es)
Brokaw. ¡Qué nombre! Escúchenlo ladrar, gruñir, gañir, escuchen la osada proclamación: ¡Immanuel Brokaw! Un buen nombre para el más grande psiquiatra que ha
el hombre del piso de arriba (es)
Recordó lo cuidadosa y eficientemente que la abuela trabajaba las tripas de pollo embutido y retiraba las maravillas que contenían; las asas relucientes y h
el hombre muerto (es)
—Aquél es el hombre —dijo Mrs. Ribmoll, señalando al otro lado de la calle—. ¿Ves aquel hombre sentado en la barrica de alquitrán, delante de la tienda de M
el invento kilimanjaro (es)
Llegué en el camión a la mañana muy temprano. Había conducido toda la noche, pues no había podido dormir en el motel, y entonces pensé que bien podía segui
el juego de octubre (es)
Volvió a guardar el arma en el cajón de la cómoda y lo cerró. No, no así. Louise no sufriría de esa manera. Estaría muerta, y todo habría terminado, y no su
el lago (es)
Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena amarilla, algunos críos gritones botando pelotas; una o dos gaviotas, una madre critico
el motel de la gallina inspirada (es)
Fue durante la Depresión, bien en lo hondo del alma vacía de la Depresión, en 1932, camino al Oeste en un Buick 1928, cuando mi madre, mi padre, mi hermano
el niño de mañana (es)
No quería ser el padre de una pequeña pirámide azul. Peter Horn no lo había planeado para nada de esa manera. Ni él ni su mujer imaginaron que podía ocurrir
el otro pie (es)
CUANDO OYERON LAS NOTICIAS salieron de los restaurantes y los cafés y los hoteles y observaron el cielo. Las manos oscuras protegieron los ojos en blanco. L
el parque de juegos (es)
El señor Charles Underhill ignoró mil veces el parque de juegos, antes y después de la muerte de su mujer. Pasaba ante él mientras iba hacia el tren suburba
el peatón (es)
Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, c
el pequeño asesino (es)
No podía decir realmente cuando tuvo la idea de que iban a asesinarla. Durante el último mes había habido algunos pocos signos sutiles, pequeñas sospechas,
el pesado (es)
La mujer dio un paso hacia la ventana de la cocina y miró. Allí en el patio crepuscular había un hombre rodeado de barras y pesas de hierro obscuro y cuerda
el pijama del gato (es)
No todas las noches, al conducir por Millpass, la Ruta 9 de California, uno espera encontrarse con un gato en el carril central. De hecho, tampoco suele enc
el que espera (es)
Vivo en un pozo. Vivo como humo en el pozo. Como vapor en una garganta de piedra. No me muevo. No hago nada más que esperar. Arriba, veo las estrellas frías
el que esquivaba las balas (es)
El trasporte estaba cargado, listo para partir a medianoche. Los pies se arrastraban sobre las largas planchadas de madera. Se oía cantar muchas canciones.
el regalo (es)
Mañana sería Navidad, y aún mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo por el espaci
el ruido de un trueno (es)
El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad
el viento (es)
A las seis y media de la tarde sonó el teléfono. Era el mes de diciembre, y había oscurecido ya cuando Thompson descolgó el receptor. —¿Sí? —¡Hola, Herb! —¡
el viento frío y el viento caliente (es)
–dios bendito, ¿qué es eso? –¿Eso qué? –¿Estás ciego, hombre? ¡Mira! Y Garrity, el ascensorista, se asomó junto con el camarero. En la mañana de Dublin, un
el zorro y el bosque (es)
Hubo fuegos artificiales aquella primera noche, algo inquietantes quizá, pues recordaban otras cosas horribles, pero éstas eran hermosas realmente: cohetes
encuentro nocturno (es)
Antes de subir hacia las colinas azules, Tomás Gómez se detuvo en la solitaria estación de gasolina. -Aquí se sentirá usted bastante solo -le dijo al viejo.
enrique noveno (es)
– ¡Ahí está! Los dos hombres se asomaron. El helicóptero se ladeó. Abajo serpenteaba la línea de la costa. –No. Sólo unas rocas y un poco de musgo... El pil
esqueleto (es)
Ya se le había pasado la hora de ver otra vez al doctor. El señor Harris se metió, desanimado, en el hueco de la escalera, y vio el nombre del doctor Burlei
fantasmas de lo nuevo (es)
Hacía años que no iba a Dublin. Había andado por todo el mundo, excepto Irlanda, pero ahora no había pasado una hora desde mi llegada al Royal Hibernian Hot
fénix brillante (es)
Un día de abril del año 2022, la gran puerta de la biblioteca restalló secamente. Como un trueno. Hey, pensé. En el último peldaño de las cortas escaleras q
hola y adiós (es)
Pues claro que se iba, qué otra cosa podía hacer, el tiempo se había agotado y se iba, se iba muy lejos. Tenía ya hecha la maleta, había sacado brillo a los
hora cero (es)
¡Oh, era maravilloso! ¡Qué juego! Nunca se habían divertido tanto. Los niños salían como disparados por una catapulta a través de los verdes jardines, gritá
interim (es)
El murmullo atravesó el terreno de un extremo a otro; y no era muy grande: estaba limitado al este y al oeste por álamos, sicomoros, grandes robles y arbust
juguemos a los venenos (es)
—¡Te odiamos! —Gritaron los dieciséis chicos y chicas, apretándose alrededor de Michael en el aula. Michael gritó. El recreo había terminado, pero el señor
la bruja de abril (es)
En el aire, sobre los valles, bajo las estrellas, sobre un río, un estanque, un camino, volaba Cecy. Invisible como los nuevos vientos de la primavera, frag
la caja de sorpresas (es)
MIRÓ POR LAS VENTANAS de la mañana fría, con la caja de resorte en las manos, escudriñando la tapa oxidada. Pero todos los esfuerzos eran inútiles: el polic
la carretera (es)
La lluvia fresca de la tarde había caído sobre el valle, humedeciendo el maíz en los sembrados de las laderas, golpeando suavemente el techo de paja de la c
la ciudad (es)
LA CIUDAD ESPERABA desde hacía veinte mil años. El planeta se movió en el espacio, y las flores del campo crecieron y cayeron, y la ciudad todavía esperaba.
la ciudad perdida de marte (es)
El gran ojo flotaba en el espacio. Y detrás de ese ojo, escondido en algún lugar del metal y la maquinaria, había un ojo pequeño, el ojo de un hombre que mi
la costa (es)
Marte era una costa distante y los hombres cayeron en olas sobre ella. Cada ola era distinta y cada ola más fuerte. La primera ola trajo consigo a hombres a
la guadaña (es)
DE REPENTE SE ACABÓ EL CAMINO. Recorría el valle como cualquier otro camino, entre laderas de tierra yerma y pedregosa y encinas, y después junto a un gran
la mañana verde (es)
Cuando el sol se puso, el hombre se acuclilló junto al sendero y preparó una cena frugal y escuchó el crepitar de las llamas mientras se llevaba la comida a
la multitud (es)
El señor Spallner se llevó las manos al rostro. Hubo una impresión de movimiento en el aire, un grito delicadamente torturado, el impacto y el vuelco del au
la pradera (es)
—GEORGE ME GUSTARÍA que le echaras un ojo al cuarto de jugar de los niños. —¿Qué le pasa? —No lo sé. —Pues bien, ¿y entonces? —Sólo quiero que le eches una
la sabana (es)
1 -George, me gustaría que le echaras un ojo al cuarto de jugar de los niños. -¿Qué le pasa? -No lo sé. -Pues bien, ¿y entonces? -Sólo quiero que le eches u
la sirena (es)
Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de
la sonrisa (es)
La cola se ordenó en la plaza del pueblo a las cinco de la mañana, cuando los gallos cantaban en los lejanos campos cercados y no había fuegos. En todas par
la tercera expedición (es)
La nave vino del espacio. Vino de las estrellas, y las velocidades negras, y los movimientos brillantes, y los silenciosos abismos del espacio. Era una nave
la última noche del mundo (es)
¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo? -¿Qué haría? ¿Lo dices en serio? -Sí, en serio. -No sé. No lo he pensado. El hombre se sirvió
las doradas manzanas del sol (es)
—Al sur —dijo el capitán. —Pero —dijo la tripulación— no hay direcciones aquí en el espacio. —Cuando uno viaja hacia el sol —replicó el capitán—, y todo se
las mujeres (es)
Era como si una luz entrara en una habitación verde. El océano ardía. Una fosforescencia blanca se agitaba como una bocanada de vapor en la mañana del mar o
llamada nocturna (es)
No sabía qué le recordaba el viejo poema, pero allí estaba: Supongamos, supongamos, y supongamos, que los cables en los postes lejanos del teléfono se empap
los amigos de nicholas nickleby (es)
Imagínense un verano inacabable. Mil novecientos veintinueve. Imagínense un niño que nunca terminaba de crecer. Yo. Imagínense un peluquero que nunca fue jo
los colonizadores (es)
Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los
los desterrados (es)
LOS OJOS DE LAS BRUJAS eran de fuego y de las bocas les salía un aliento de llamas. Inclinadas sobre el caldero probaban el líquido con palos grasientos y d
los hombres de la tierra (es)
Quienquiera que fuese el que golpeaba la puerta, no se cansaba de hacerlo. La señora Ttt abrió la puerta de par en par. -¿Y bien? -¡Habla usted inglés! -el
los largos años (es)
Cada vez que el viento se levantaba en el cielo, el señor Hathaway y su reducida familia se quedaban en la casa de piedra y se calentaban las manos al fuego
los vigilantes (es)
En esta habitación, el sonido de la máquina de escribir semeja el repicar de unos nudillos sobre madera, y mi sudor cae sobre las teclas que pulsan incesant
mañana y mañana (es)
Hasta el momento en que abrió la puerta, el día no fue diferente de los demás. Había deambulado por Los Ángeles buscando un empleo que no encontraba y se pr
muere un hombre cuidadoso (es)
Sólo duermes cuatro horas por noche. Te acuestas a las once y te levantas a las tres y todo es tan claro como el cristal. Entonces empiezas el día, tomas tu
nunca más la veo (es)
Alguien golpeó suavemente la puerta de la cocina, y cuando la señora O’Brian abrió, allí estaba su mejor inquilino, el señor Ramírez, entre dos oficiales de
remedio para melancólicos (es)
-Busquen ustedes unas sanguijuelas, sángrenla -dijo el doctor Gimp. -Si ya no le queda sangre -se quejó la señora Wilkes-. Oh, doctor ¿qué mal aqueja a nues
sí, nos reuniremos en el río (es)
A las nueve menos un minuto hubiera debido llevar rodando el indio de madera, de vuelta a la caliente obscuridad de tabaco, cerrando con llave. Pero de algú
terrible conflagración en la casa (es)
Los hombres habían estado escondidos junto al pabellón del portero durante algo así como una hora, pasándose una excelente botella, y después que hubieron
tiempo intermedio (es)
De noche, ya muy tarde, el anciano salió de la casa con una linterna en la mano y preguntó a los niños cuál era el propósito de su juego. Los niños no respo
todo el verano en un día (es)
—¿Ya? —Ya. —¿Ahora? —En seguida. —¿Sabrán los sabios, realmente? ¿Sucederá hoy? —Mira, mira y verás. Los niños se amontonaban, se apretujaban como muchas ro
un cetro final, una corona duradera (es)
—¡Allí está! Los dos hombres miraron hacia abajo. El helicóptero también se inclinó a un lado. La costa aparecía más lejos. —No. Es sólo una roca y algo de
un toque de mal humor (es)
Una tarde de mayo que, por lo demás, no tenía nada de extraordinario, Johnathen Hughes se encontró con su destino; le faltaba una semana para cumplir los ve
usher ii (es)
—«Durante todo un día de otoño, triste, oscuro y silencioso, cuando las nubes colgaban opresivas y bajas en los cielos, yo había estado cruzando, montado a
vela por los vivos (es)
Durante bastante días, en los que estuvo recibiendo partes metálicas y otros trastos, que Charles Braling llevaba con ansiedad febril a su pequeño taller, s
vendrán las lluvias suaves (es)
En el living, cantaba el reloj con voz: tic-tac, las siete, arriba, ¡las siete! como si temiera que nadie se levantara. Esa mañana la casa estaba vacía. El
vendrán lluvias suaves (es)
La voz del reloj cantó en la sala: –Tictac, las siete, hora de levantarse, hora de levantarse, las siete. Como si temiera que nadie se levantase. La casa es
viento de gettysburg (es)
Aquella noche a las ocho y media oyó desde el vestíbulo el fuerte estampido que venía del teatro. Un petardo, pensó. Uno. Un disparo. Momentos después oyó e
ylla (es)
Tenía en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta
¡te pillé! (es)
Estaban tremendamente enamorados. Lo proclamaban. Lo sabían. Lo vivían. Cuando no se miraban mutuamente, estaban el uno en brazos del otro. Si no se besaban