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Stories / Poems

Stories by ray bradbury

una noche de verano

spanish

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En las galerías de piedra, la gente se arracimaba y se agrupaba filtrándose hacia las sombras entre las colinas azules. Una suave luz nocturna caía sobre ellos desde las estrellas y las luminosas lunas duplicadas de Marte. Más allá del anfiteatro de mármol, en la oscuridad a lo lejos, se extendían las aldeas y las villas; charcos de agua plateada permanecían inmóviles y los canales centelleaban de un horizonte a otro. Era una noche de verano en el plácido y templado planeta Marte. A un lado y a otro de los canales verdes y color vino, navegaban botes delicados como flores de bronce. En las casas alargadas e infinitas que se curvaban por las colinas como serpientes tranquilas, yacían ociosos los amantes susurrando en sus frescos lechos nocturnos. Los niños rezagados corrían por calles a la luz de las antorchas, con arañas doradas en las manos que arrojaban finas capas de tela. Aquí y allá, se preparaban cenas tardías en mesas en las que burbujeaba y siseaba lava argéntea. En los anfiteatros de cientos de pueblos en la cara nocturna de Marte, los marcianos castaños con ojos como monedas de oro se congregaban sin prisas para fijar la atención en escenarios en los que músicos tocaban melodías serenas que flotaban como aroma a flores en el aire quieto.
En uno de esos escenarios, cantaba una mujer.
El público se estremeció.
Dejó de cantar. Se llevó la mano a la garganta. Hizo a los músicos un gesto con la cabeza y empezaron de nuevo.
Los músicos tocaron y ella cantó, y esta vez el público suspiró y se inclinó hacia delante, varios hombres se levantaron sorprendidos, y un frío invernal cruzó el anfiteatro. Pues la canción que aquella mujer cantaba era desconocida, aterradora y extraña. Intentó impedir que la letra brotara de sus labios, una letra que decía:
Ella camina hermosa, como la noche
De climas sin nubes y cielos estrellados; Y lo mejor de la oscuridad y la luz
Se reúne en su gesto y en sus ojos…
La cantante se tapó la boca con las manos. Se detuvo, desconcertada.
–¿Qué letra es esa? –preguntaron los músicos.
–¿Qué canción es?
–¡¿Qué idioma es ese?!
Y cuando de nuevo hicieron sonar sus metales dorados, brotó la música extraña que sobrevoló despacio el público, que había empezado a hablar en voz alta y a gritar.
–¿Qué os pasa? –se preguntaron los músicos unos a otros.
–¿Qué melodía acabas de tocar?
–¿Qué melodía has tocado tú?
La mujer empezó a llorar y huyó corriendo del escenario. Y el público abandonó el anfiteatro. En todos los pueblos nerviosos de Marte había pasado algo similar. Había sobrevenido una gelidez, como si una nieve blanca cubriera el aire.
En los callejones, bajo las antorchas, los niños cantaban:
Pero cuando llegó, la alacena vacía estaba, ¡y su pobre perro se quedó sin nada!
–¡Niños! –gritaron unas voces–. ¿Qué canción es esa? ¿Dónde la habéis aprendido?
–Se nos ha ocurrido, de repente. Son palabras que no entendemos.
Se oyeron portazos. Las calles quedaron desiertas. Por encima de las colinas azules, se elevó una estrella verde.
Por toda la cara nocturna de Marte, los amantes despertaron al oír el tarareo de sus amadas en la oscuridad.
–¿Qué canción es esa?
Y en un millar de villas, de madrugada, las mujeres despertaron entre gritos. Hubo que consolarlas mientras sus rostros se llenaban de lágrimas. Ya está, ya está. Duérmete. ¿Qué ha pasado? ¿Un sueño?
–Algo horrible va a ocurrir por la mañana.
–No va a pasar nada, va todo bien.
Un sollozo histérico.
–¡Está cada vez más cerca, más cerca, más cerca!
–No va a pasarnos nada. ¿Qué podría pasarnos? Duérmete, venga. Duérmete.
En lo profundo de la mañana quieta de Marte, quieta como un pozo frío y negro, con el brillo de las estrellas en el agua de los canales y, respirando en cada habitación, los niños se acurrucaban con sus arañas entre sus manos cerradas, los amantes abrazados, las lunas desvanecidas, las antorchas frías, los anfiteatros de piedra desiertos.
Lo único que se oía, antes del amanecer, era un centinela nocturno, muy lejos en una calle solitaria, caminando en la oscuridad, mientras tarareaba una canción muy extraña…
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